Nótese el uso del verbo “deben” en el título de mi post. Por supuesto, ¡viva la libertad de expresión!, todos podemos opinar sobre lo divino y lo humano, lo lógico es que tengamos criterios e ideas sobre mil temas. Mi interrogante se refiere a la oportunidad de utilizar el propio pedestal para echar leña al fuego de un mundo polarizado, de pronto todos queremos ser tertulianos.
Quizá nadie ha sabido señalar con su humor ácido mejor el ridículo que hacen tantos artistas al lanzar frívolamente consignas en los escenarios o en las redes sociales que el gran Ricky Gervais, cuando dijo aquello de “si ganas un premio esta noche, no lo uses como plataforma para dar un discurso político. No estás en posición de dar lecciones al público sobre nada. No sabes nada.” Los que le escuchaban, que quizá tenían ya preparadas una palabritas para protestar por el cambio climático o la guerra de Ucrania, por si tocaba subir al estrado a recoger una estatuilla, vieron cómo su rostro se congelaba en una indescifrable mueca.
Sí, la verdad es que resulta bastante pueril lanzar consignas con eslóganes baratos que no comprometen demasiado, pero que son buenistas, “no a la guerra”, “chapapote no, gracias”, “que cese la masacre de Gaza” (¿o había que decir “genocidio”, ay, que me he equivocado...), “basta de homofobia, o transfobia, o lo que toque hoy...”. Ojo con adoptar la actitud de Alexander Payne en el Festival de Venecia y decir que no quieres posicionarte políticamente sobre Israel y el conflicto de Oriente Medio, porque te dirán que eres un maldito cobarde. No se acepta que alguien considere que no tiene un juicio lo suficientemente sólido y fundamentado para hablar de una cuestión compleja, o que piense que un festival no es el marco para protestar por esto o aquello. Ah, y si no premias la película correcta, que es la que denuncia el conflicto, agárrate fuerte, porque dirán que lo tuyo es un vergüenza, y que a quien se le ocurre premiar a Jim Jarmusch, cuando está ahí, para ser “leonada” en oro, La voz de Hind.
Confieso que no se me ocurre utilizar Decine21 para pontificar sobre temas que me interesan mucho, y de los que tengo mi propia opinión, porque no me parece el lugar. Lo que puedo hacer es, a propósito de una película que plantea un tema peliagudo, considerar si enfoca el tema con hondura, si hay sesgo, si logra captar lo complicado del asunto y sabe ofrecer una visión poliédrica. Pero no, no hay banderas palestinas o ucranianas al lado de nuestro logo, y considero que un artista no debería enarbolar de modo simplista el símbolo de una causa. Prefiero que hable de un tema quien sabe y ha reflexionado, o que un artista aproveche su arte, una película, una serie, para tratar determinadas cuestiones, más que decir una simpleza al recibir un reconocimiento, publicando un post en redes sociales, o soltando cualquier cosa ante un micrófono. Por supuesto, respeto al que se expresa del segundo modo, pero no me va a persuadir, y si encima lo que dice lo lanza con malos modos o insultando al que no opina como él, entonces, simplemente, me produce indignación y una profunda pena. Hay que saber dialogar, aprender del otro, no decir tonterías sin ton ni son.
Ahora que acaba de dejarnos Robert Redford, me parece que el legendario cineasta es ejemplar a este respecto. Sus películas hablan más que mil discursos, de modo que incluso cuando expresaba su opinión en entrevistas, le escuchaba con atención, porque veía a alguien sólido y con criterio, no a un cantamañanas. En El candidato hablaba de los políticos huecos, Todos los hombres del presidente ponía en valor el auténtico periodismo de investigación frente a la corrupción del poder, Brubaker cuestionaba el sistema penitenciario, Quiz Show denunciaba la degradación de la televisión... La defensa de la naturaleza formaba parte de Las aventuras de Jeremiah Johnson, El río de la vida o El hombre que susurraba a los caballos, la salud mental y las relaciones familiares tóxicas integraban Gente corriente, la soledad de la gente pudiente estaba en El gran Gatsby o en esa descarada jugada comercial llamada Una proposición indecente...
A veces nos encontramos ante el abismo y una lluvia de balas, y toca afrontar aquello, como en Dos hombres y un destino, aunque ningún título resume mejor la existencia humana, nuestra personal trayectoria, que la fábula realista Cuando todo está perdido, con ese anciano navegando solo por el mundo, en lo que casi es un purgatorio antes de emprender el último viaje. No pretendo ser exhaustivo acerca de su cine, lo que deseo subrayar es el talante de un artista auténticamente comprometido, al que no mueve el postureo de ponerse un pañuelo o de desgañitarse vociferando sin argumentos, que selecciona sus películas y arriesga, y que además respaldó a tantos cineastas que trataban de abrirse camino desde su iniciativa de Sundance. A mí me parece sencillamente ejemplar.
