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Hollywood saca músculo varonil: los poderosos pectorales de Lobezno y compañía

Me he reído un rato –pero también me ha hecho pensar– el artículo “Hollywood's New Arms Race”, firmado

Hollywood saca músculo varonil: los poderosos pectorales de Lobezno y compañía

Me he reído un rato –pero también me ha hecho pensar– el artículo “Hollywood's New Arms Race”, firmado por Rob Lazebnik el pasado sábado en el Wall Street Journal. Lazebnik es guionista de Los Simpson, y sabe por tanto lo que es ironizar acerca del comportamiento ridículo del hombre contemporáneo, que se cree tan listo, tan preparado, que navega, ¡increíble!, por las procelosas aguas de internet, y puede estar hipnotizado ante una pantallita minúscula horas y horas, mientras cuida su dieta igual que los demás, viste la misma ropa, y frecuenta los mismo gimnasios para fabricarse un cuerpo 10.

Y de esto, de los cuerpos danone masculinos que propicia en los últimos tiempos Hollywood, va el tronchante ensayo de Lazebnik, que empieza recordando el comentario de Emma Stone al ver los pectorales de un descamisado Ryan Gosling en Crazy, Stupid, Love, “¿Son de verdad? Es como si los hubieras pasado por Photoshop.” Todos sabemos que la saga Crepúsculo no sería la misma sin Taylor Lautner descamisado, y claro ahora mismo se diría que si un actor que no puede exhibir poderosa musculatura en pantalla, ha perdido valor de mercado (porque sí, de mercancía se diría que estamos hablando con estos planteamientos).

Yo, cuando he visto las fotos de Hugh Jackman de Lobezno inmortal, que se estrena el próximo mes de julio, me he quedado impactado. Pero bueno, este tipo, aparte de hacer gimnasia a todas horas, ¿tendrá tiempo para algo más? Yo que me las veo y me las deseo para nadar un rato todas las semanas, y en fin, creo que me encuentro bastante lejos de semejante chasis. Antes, los “bodybuilders” eran un pequeño grupo bien localizado, Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y compañía. Ahora actores como el antaño enclenque Jamie Bell de Billy Elliot (Quiero bailar) son como torres en Resistencia y La legión del águila, ojo con enfurecerles, que si te atizan puedes salir con alguna costilla rota.

Como sugiere Lazebnik, esto de algún modo equilibra las cosas, es la venganza de las mujeres, a las que siempre exigimos los espectadores varones aparecer jóvenes y esbeltas, ya lo advertía Magic Mike. Ya no basta el modelo Kirk Douglas de Espartaco, que uno podría considerar al alcance de la mano en 3 semanas con un poco de entrenamiento. Ahora hay que sufrir para alcanzar la fama, que dirían en cierta academia de baile; y si no, animo a seguir a Russell Crowe en Twitter, que cada dos por tres tuitea que ha hecho un montón de ejercicios que quizá los iniciados consideren muy normales, pero que a mí me suenan a chino mandarín, y que sólo con sólo leerlos me encuentro agotado.

Tiene razón el autor del artículo cuando dice que ahora un comediante lo tiene fácil para provocar risas, si no hace ejercicio; basta que se quite la camisa y aparezca fofo y con michelines para tener garantizado el efecto cómico, que sería el “Método” seguido por Will Ferrell.

El problema es que los actores marcan tendencia, y para Lazebnik se están imponiendo en la sociedad entre los varones dos modelos deformados del Gordo y el Flaco; o sea, el que da por imposible mantenerse en forma y se pone como un tonel –el Gordo con 50 kilos de más–, y el que hace ejercicio hasta la extenuación convirtiéndose –el Flaco con el “body” de Taylor Lautner–; esperemos que vuelva el sentido común, a las películas y a la sociedad, y haya espacio para la diversidad, estar cómodos con el propio cuerpo, sin lamentables obsesiones.

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