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Entrevistas

"El cuidado del sentido del humor abre las puertas al drama"

Louis Garrel nos da las claves de su película "Un hombre fiel"

El actor Louis Garrel, coprotagoniza, coescribe y dirige “Un hombre fiel”, película con la que ganó el premio al mejor guión en el Festival de San Sebastián, compartido con Jean-Claude Carrière. Es un inmenso placer charlar con él, porque se nota que es un apasionado de su profesión de cineasta.

 

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con una leyenda del guión como Jean-Claude Carrière? ¿Escribieron juntos Un hombre fiel? ¿Cómo ha sido el proceso creativo?

Escribí una pequeña sinopsis y se la envié. Y él, como deconstructor genial lo trabajó y lo mezcló todo. Trabajamos sin productor. Éramos muy libres. Nadie nos miraba. Trabajamos paso a paso, y nos divertimos muchos. Teníamos una casa en París, y estábamos sentados en el sofá, la imaginábamos y escribíamos poco a poco. Logramos una combinación de estilos. Yo soy muy novelesco, y en cambio Jean-Claude es muy seco, odia el cine nostálgico, sentimental y psicológico, de modo que tuvimos que lograr un equilibrio. Él, como ha escrito muchos guiones, busca siempre algo nuevo. Yo he escrito mucho menos que él, y por eso él de vez en cuando me lanzaba unas miradas que venían a significar algo así como “Pero qué me estás diciendo, de qué vas, qué banalidad”. Y tachaba lo que escribía. Asomaba así su experiencia sobre mi gran ingenuidad.

Él quiere sorprender siempre al espectador. Aportarle algo que no espera. El reto es que esas sorpresas sigan siendo humanas, y no sean escenas como de ciencia ficción. Quiere que sean hombres y mujeres con los pies en el suelo.

En el guión final no hay indicaciones psicológicas. Cuando Laetitia [Casta] lo leyó, comentaba, “esta mujer es muy fría, ¿no?”. Pero no, lo que ocurría es que no daba todo el trabajo masticado, sino que la aportación de los actores tenía que ser insuflar humanidad a los personajes. A veces los actores se equivocan cuando piensan que el espectador no va a identificarse con sus personajes. Porque muchas veces el espectador no busca identificarse, sino quedarse fascinado por los personajes. Queremos que nos atraigan. Leticia logró hacer de esta mujer alguien muy misteriosa, deseamos entenderla, saber lo que piensa, entenderla. En esta película los personajes son muy misteriosos, pero es lo que pasa en el mundo real. Los personajes intentan entender lo que les pasa a los otros, lo que sienten.

Mi primera película [como director, Los dos amigos] era muy sentimental. La planteaba como una fiebre, y mi referente era Patrice Chéreau, que hizo muchas películas en los 80. Aquí aleteaba el misterio en las relaciones, de planteamientos cambiantes, era como estar en una placa tectónica, nunca sabes cuándo se va a producir una ruptura. Y la idea era abordar esto con ligereza. Jean-Claude y yo dábamos mucha importancia al sentido del humor, porque pensamos que abre puertas al drama.

fieldirectorEn esta película parece detectarse la influencia del cine de François Truffaut. ¿Es así?

Cuando tenía 13 años vi Fahrenheit 451. Nos la puso el profesor de literatura. Y fue como un encuentro amoroso, un flechazo. Entendí que Truffaut nunca oculta la violencia, la crueldad y la tragedia que aparecen en la vida, pero las aborda de modo lúdico. Nunca te aburres con él, es un narrador nato y un gran cineasta. Tiene sentido del ritmo, y busca divertirte.

Era alguien fascinado por el cine de Alfred Hitchcock y Jean Renoir. Le gustaba una frase de Hitchcock, que aseguraba que una escena sexual hay que filmarla como un crimen, y viceversa, y lo entiendo. En las escenas corrientes hay que introducir desajustes para volverlas cinematográficas.

Un hombre fiel es una historia de amor, en la que tiene mucha importancia el azar. ¿Es más importante el azar que el amor en esta película, como piensa Marianne?

Me ha pasado algo extraño con esta película, y es que las mujeres que la ven entienden algo que los hombres no ven. Existe un misterio femenino. La madre es la que dice al padre, te presento a tu hija, ella lleva la iniciativa. Y entonces, con Marianne y su hijo nos parecía interesante jugar con esto. Realmente, si lo pensamos, en muchas decisiones que tomamos en la vida nos dejamos llevar por la suerte. Hay decisiones en las que no tienes toda la información, y actúa la suerte como ayuda suprema. Es como una forma atea de misticismo.

¿El equivalente a cómo un creyente considera la actuación de la providencia?

Justo.

La película tiene una estructura circular. Tras la primera escena, la trama empieza y termina en el cementerio, con todos los personajes reunidos. ¿Lo pensó así desde el principio?

Hay un dramaturgo francés, Pierre de Marivaux, cuyas obras contienen muchos conflictos sociales y violencia. Y al final, todos los personajes se reúnen. Me gustó un final feliz inquietante en esa línea.

Hay quien me ha dicho que mi personaje, Abel, es muy pasivo, no hace nada. Pero es alguien que sabe esperar para conseguir lo que pretende. Es como la fábula de la tortuga y la liebre de La Fontaine. No tiene un orgullo hosco, y esto al final le compensa. Es como la caña que se doblega, pero no se rompe.

Los personaje hablan poco entre sí, sólo la voz en off permite que conozcamos lo que piensan y son incapaces de expresar. Curiosamente, tienen profesiones que les suponen contar lo que pasa en el mundo en el caso de Abel, periodista, y las relaciones públicas de un ministro, el trabajo de Marianne...

Dos cosas. La voz en off es muy cinematográfica. Puedes jugar con el sentido contradictorio de voz en off y lo ves, y provocar un sentido humorístico. También se puede acelerar la narración.

Y sí, las profesiones de los personajes no son casuales. Marianne trata de aplicar las técnicas de estrategia de su profesión a su relación amorosa. Yo no podría ser político, porque los problemas tienes que abordarlos como una partida de ajedrez. Ella trata de afrontar las cosas como si fuera algo de su trabajo, con la cabeza fría.

fiel5Sobre Abel, puedo decir que tengo amigos periodistas, como usted, que deben enfrentarse todos los días a terribles tragedias. Hoy con los dispositivos móviles, estamos recibiendo todo el día información en directo, pienso en cómo seguí el incendio de la catedral de Notre Dame, o los atentados de Sri Lanka. Es una sensación de impotencia, una locura, porque no puedes tener conciencia de todas las tragedias que ocurren en el mundo. Se diría que el mundo está en ruina permanente. Entonces pensé en cómo Abel convive con esas tragedias y su relación amorosa, al final tenemos ante nosotros esas cuestiones y otras como la de “ay, me he olvidado de comprar el pan”. Me interesaba mostrar esto.

No es pasivo o frío, pero se deja llevar. Y lo entiendo. Yo, soy sensible, y si te dejas afectar por todo, sufres más, entonces te dejas llevar.

Abel podía ser un alter ego de Antoine Doinel, el personaje emblemático de Truffaut...

Sí, y también está construido sobre la matriz del personaje del “payaso”, gente con un desajuste, que tienen buenas intenciones, y son muy amables e ingenuos. Resulta un placer verles en la pantalla. El payaso siempre tiene buenas intenciones, y se mueve dentro de la agresividad del mundo, pero actúa como un niño... No, no como un niño, porque los niños son buenos. Actúa con ingenuidad.

¿Qué le suponer dirigirse a sí mismo, que a Louis Garrel le toque ser director y actor a la vez?

Como conozco muy bien la película, porque también la he escrito, tengo un sentido más acentuado del ritmo, y esto lo sé también a la hora de actuar. Quizá para los otros actores puede ser algo pesado, porque se ven juzgados por otro actor, que resulta que es también el director, y les mira de modo distinto. Pero no me planteo tanto si estoy bien o no en la escena, me fijo más en el ritmo. Puedo ser más directo. Sueño en hacer una composición. Por eso admiro tanto a Orson Welles, que logra verdaderas composiciones en Ciudadano Kane o Sed de mal, son trabajos inmensos. Yo no llevo una máscara excesiva. Abel no es mi doble, pero tampoco me exige una transformación real o física. Admiro a los actores directores que hacen una verdadera composición.

Su película transpira una sutileza muy diferente a las comedias que se suelen hacer en Europa...

A mí me gustan las comedias que no se presentan a sí mismas como una comedia. Me gusta que el espectador pueda creerse que él es el único que entiende que la película es divertida. Prefiero un humor contenido. Por eso Green Book me ha parecido una comedia genial.

Me alegró mucho mostrar la película en San Sebastián y Toronto, y ver que la gente se reía. Ves que conectan, y que es algo universal y que se puede exportar. Por eso estoy muy satisfecho.

Aunque hay risas que dejan mal sabor de boca, suenan igual pero después de reír te encuentras incómodo y te avergüenzas. Porque hay risas y risas, prefiero un humor elegante. Es más agradable.

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