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Entrevistas

“Al ser un chico de barrio, creo que hacer cine es un privilegio, así que hay que darlo todo”

Entrevista con Paco Cabezas, director de “Adiós”

Un tipo de una barriada que sale en libertad condicional pierde a su hija en un accidente de coche el día de su primera comunión y busca a los responsables. Cuando uno acude a una entrevista con el director de una película tan trágica, y con tanta tensión dramática como “Adiós”, espera encontrarse con una persona sombría y melancólica. Pero Paco Cabezas resulta ser un tipo muy alegre, con mucho sentido del humor. Al sevillano no se le ha subido nada a la cabeza que se lo rifen Netflix y Amazon, es más, nunca había hablado con él pero me ha hecho sentir como un amiguete de toda la vida.  

¿Qué le ha llevado a dejar por un momento las series de Estados Unidos –bien pagadas– para volver a España a rodar?

Acababa de terminar el rodaje de capítulos de American Gods. Me llamaron para rodar la adaptación del videojuego Halo, y hasta me reuní con los productores, entre ellos Steven Spielberg. Los que conozcan el juego saben que va sobre extraterrestres rarísimos en planetas variopintos. Por un lado suponía un reto, pero por otro necesitaba filmar algo más cercano a mí. Así que al final dejé tirados a Amblin y a Microsoft y vine a rodar Adiós.

Quizás haya perdido dinero, pero según mi experiencia cuando me he dejado guiar por mi corazón y por mis entrañas he acertado.

Por ejemplo, el productor de Carne de neón quería un tono más cómico, pero yo me empeñé en que fuera más oscura y dura. Como resultado, no funcionó en taquilla, pero fue seleccionada para Tribeca, y le encantó a John Logan, que me seleccionó para trabajar en Penny Dreadful.

adios 39635 g6Con Adiós, también he acertado. Creo que he rodado mi mejor trabajo, porque se acerca a quien soy y de donde yo soy; debería haberla hecho hace tiempo. Primero pensaba que me tenía que negar a mí mismo para hacer cine. Quería ser Martin Scorsese, y quería ser Quentin Tarantino, pero al final me he encontrado conmigo. Supongo que soy… Paco Cabezas.

Esta historia tan sevillana no la podría contar Quentin Tarantino.

No, porque lo local es lo que le da autenticidad y universalidad. También creo que he encontrado un estilo propio, muy visceral, me gusta emocionar al público. Por ejemplo, Alberto Rodríguez rueda un cine excelente, quizás más frío que el mío, pero yo pongo toda la carne en el asador. Esta película para mí es como una obra de Lorca, o de Shakespeare, muy intensa. Respeto que algunos espectadores no entren, y no logren emocionarse, pero yo siempre he creído que la vida es muy corta, así que pongo todo lo que pienso, y todo aquello en lo que creo en mis películas. La he rodado como si fuera la última. Quizás no lo sea, pero por si acaso, no quiero dejar sin decir nada. Al ser un chico de barrio, creo que hacer cine es un privilegio, así que hay que darlo todo.

Cita a Shakespeare y a Lorca, ¿cree que su película conecta con ellos porque habla de sus temas más recurrentes, como la familia y la muerte?

Son los grandes temas que tocan ShakespeareLorca, sí, pero también el flamenco. Así que Adiós tiene mucho que ver con la Andalucía en la que yo he crecido. Mi padre fue a ver Carne de neón y dijo que muy bien, muy bonita, pero que era un poco rara, que yo tenía que hacer algo más cercano, más nuestro, más andaluz, que por ejemplo recuerde a esas canciones y soleás que he oído en mi vida, que siempre van sobre el dolor tras una tragedia. Como su título indica, Adiós habla de cómo encontrar la manera de despedirse de los seres queridos que se van.

¿Ha reescrito un guión que ya existía previamente?

La versión inicial está escrita por José Rodríguez. Me encantó, y resulta que el autor repartía pasteles por las calles de Sevilla, es un debutante. Fue muy gracioso porque en la portada había puesto su teléfono por si a alguien le interesaba lo que había escrito. Así que le llamé y le dije “soy Paco Cabezas, no sé si tienes idea de quién soy”. Contestó “ya, eres Pepe, a mí no me la das, te conozco la voz. ¡Mira que eres bromista!” [Risas].

Me resulta curioso, porque me había pasado algo parecido a mí. Cuando yo empezaba, le mandaron el guión de Carne de neón a Victoria Abril. Me telefoneó pero yo pensaba que era un amigo mío que estaba bromeando.

Al final le convencí de que era yo. Le dije “José, tienes que venir conmigo a Madrid. Trabajemos juntos en limar este guión, yo creo que aquí tenemos una gran película”. Resultó que trabajaba muy bien. De hecho le metí en el equipo de guionistas de Diablero, una serie que yo estaba desarrollando para Netflix. Al final no la pude hacer. Pero me ha resultado muy bonito darle a un chico joven su primera oportunidad. Es bonito ver lo que ha ocurrido a través de sus ojos.

La gente se sorprende de que pese a estar rodando en Hollywood sea usted tan cercano.

Le escuché hace poco a alguien, creo que a John Logan, guionista con el que he trabajado mucho, que la clave para la felicidad consistía en no tomarse demasiado en serio a sí mismo, pero tomarte muy a pecho tu trabajo. Sin saberlo, me he aplicado siempre esa máxima. Creo que no soy una persona prepotente, ni me considero uno de los grandes genios del celuloide, ni un gran autor. Pero me tomo con mucho rigor mi trabajo. El problema viene (sin citar nombres) cuando ocurre lo contrario, en directores que se dan mucha importancia pero luego no cuidan su faceta profesional.

adios 39635 g3Se trata de un thriller, técnicamente impecable, por ejemplo tiene una redada impresionante en una zona desolada, filmada al estilo de Hollywood. Pero, ¿también era importante para usted la vertiente social? Muestra cómo viven los desfavorecidos en el barrio de las Tres Mil Viviendas.

Se trataba de hablar de las cosas terribles que ocurren en estos lugares, pero también mostrar al espectador que allí viven personas con dignidad y corazón. Yo me he criado en Rochelambert, al lado de Los Pajaritos, cerca de las Tres Mil Viviendas. Tengo la impresión de que se trata de una zona olvidada, de que nadie se acuerda de la gente de allí, y de que se puede reparar en cierta forma ese error a través de la ficción. Me dicen que recuerda al cine quinqui, que ha quedado relegado al olvido, pero en su momento marcó a una generación, porque estaba hecho de carne y emoción callejera.

Sin embargo, rodar allí no es tarea fácil cuando ni la policía se atreve a entrar en según qué sitios.

Me acordé de que cuando era pequeño el ayuntamiento había puesto unas canastas de baloncesto, pero los chavales las destrozaron todas. Sin embargo, existía una que seguía en perfecto estado… ¡porque la protegían los gitanos! Allí iba a jugar al baloncesto. ¿Se podría conseguir lo mismo?

Cada zona tiene su patriarca. Fuimos al barrio a hablar con ellos. Creo que me los gané porque soy un chaval de allí… ¡que ha rodado con Nicolas Cage! Cuando filmamos junto al grafiti de Camarón, que nunca había salido en una película, medio barrio se acercó a ver a Mario Casas. Les convenció lo que filmábamos, cuando terminamos nos aplaudieron y se acercó gente a abrazarnos, que nos decía que había vivido situaciones parecidas, tan trágicas como las que recrea la cinta.

Ha optado por Mario Casas como protagonista, muchos años después de que protagonizara a sus órdenes Carne de neón. ¿Por qué le ha vuelto a elegir?

Creo que se entrega a corazón abierto, al igual que Natalia de Molina. No tenía acento andaluz, pero suponía un reto, y pienso que Casas se crece con los desafíos. Además, ha adelgazado y se ha convertido en Juan Santos físicamente. Le consideran un ídolo adolescente, pero pienso que está entre los mejores actores de este país, y cuando trabaja conmigo le saco un aire callejero.

¿Ahora regresará a las series americanas?

Haber sacado un hueco para Adiós, y que no se olviden de mí en la industria televisiva, ha costado un enorme esfuerzo. Ahora voy a rodar el capítulo piloto de Penny Dreadful: City of Angels, secuela con otros personajes, pero que mantiene el espíritu del original. Me parece un encargo importante, porque rodar el primer episodio supone marcar el tono de todo lo que vendrá después.

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