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Entrevistas "Le debo todo a Gene Kelly"

Entrevista con Stanley Donen, director de “Cantando bajo la lluvia”

15 de noviembre de 1998. Yo era un joven periodista, invitado a la III Muestra de Cine de Marbella, donde se homenajeaba a Stanley Donen. En la inauguración le presentó José Luis Garci, que había preferido ir a la localidad malagueña para arropar al director de "Cantando bajo la lluvia" que al estreno en Asturias de su última película, "El abuelo". “Yo al revés que todo el mundo, primero la devoción y luego la profesión”, declaró el español. 

Entrevista con Stanley Donen, director de “Cantando bajo la lluvia”

stanley donen marbellaAl día siguiente, la jefa de prensa, Ana Cámara, me comenta que si quiero entrevistar a Stanley Donen. Yo tuve que realizar un gran esfuerzo para no dar un salto de alegría y gritar: “¡Bieeeeen!”. Me contuve y fingí que era algo normal para mí entrevistar a realizadores míticos. Me encuentro con el cineasta en una soleada terraza de un hotel, donde me deja atónito su buen aspecto, pese a que ya tenía 74 años de edad. Por desgracia, sólo me concedieron una charla de unos veinte minutos, cuando habría estado repasando con este cineasta toda su carrera durante la mañana entera. Por ejemplo, no me dio tiempo para consultarle sobre Un día en Nueva York, Indiscreta, o Siete novias para siete hermanos. Recuperamos el texto en Decine21 cuando se cumplen 97 años del nacimiento de Stanley Donen.

¿Qué le ha parecido el homenaje presentado por Garci? ¿Conocía su cine?

Me he emocionado mucho, me ha parecido muy bonito lo que ha dicho. Por desgracia tengo que confesar que no conozco nada de su cine, ni del cine español. No soy de los que piensan que sólo merece la pena el cine americano, pero vivo habitualmente en Nueva York, y allí no se proyectan casi vuestras películas, así que soy un absoluto ignorante.

Usted trabajaba como bailarín en espectáculos de Broadway, pero lo dejó todo para irse a Hollywood. ¿Por qué tomo esa decisión?

Tenía 17 años. Estaba hechizado por el Séptimo Arte. Así que me compré un billete solo de ida de Nueva York a Los Ángeles. Para mí era un sueño trabajar allí, porque Hollywood significaba para mí Fred Astaire, y Ciudadano Kane. Era la fábrica de sueños, y se vivía un buen momento, después del paso del mudo al sonoro.

Por suerte, había hecho amistad con Gene Kelly, que me reclutó como asistente. A él le debo todo, me veía como un chico con talento, con muchas ganas de trabajar.

No resultó ser tan fácil como yo pensaba, porque los rodajes no se parecían a la creación de un musical para el teatro. Al principio me parecían un auténtico infierno. Pero a la vez, me sentía muy motivado, porque todo estaba por inventar. Pienso que tiene que ser peor rodar una película hoy en día, porque tendrás la sensación de que ya está todo inventado.


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 Cantando bajo la lluvia¿Cómo acabó codirigiendo con Gene Kelly Cantando bajo la lluvia?

Yo había dirigido con él Un día en Nueva York, que había tenido un éxito tremendo, así que MGM nos consideraba una unidad, es decir que nos ofrecían proyectos dando por hecho que los íbamos a hacer juntos.

Arthur Freed, de MGM, me dijo que la productora tenía los derechos de varias canciones para las que él había escrito la letra a finales de los años 20 y principios de los 30. Entre ellas estaba ‘Singin in the Rain’, de la película The Hollywood Revue of 1929. Era común en el género que el argumento fuera secundario, una mera excusa para enlazar esas canciones, pero Fred tuvo el acierto de encomendar el guión a dos personas muy imaginativas, los autores de Un día en Nueva York (Adolph Green y Betty Comden), y ellos aprovecharon que las canciones eran de la época de la llegada del cine mudo para escribir una crónica satírica y divertida de la época, con diálogos realmente brillantes. Creo que a diferencia de otros de mis musicales, ese guión habría funcionado por sí mismo sin las canciones, Después me reuní con Gene Kelly, y él me dijo que tenía bastantes ideas. Quería cambiar el guión para incluir como secundario a Donald O’Connor.

Se supone que un director tiene que ser un “dictador amoroso”. Pero creo que el punto de vista tiene que provenir de una sola persona. Si tienes a dos personas dirigiendo una película, es un infierno porque a menudo no compartes el mismo punto de vista, así que no resulta sencillo llegar a un entendimiento. No me gustaba la idea de codirigir, pero esa película suponía una gran oportunidad.

Lo hicimos todo juntos. No habíamos previsto ningún método, así que improvisábamos. Por lo general, ensayábamos en dos salas separadas: él trabajaba en un número, yo en otro. Casi todos los días, después del almuerzo, iba a mi sala de ensayo y yo entraba en la suya, y luego discutíamos mucho, porque era muy combativo. Siempre quería imponer cosas, pero por suerte, cuando rodábamos, él tenía que actuar, y yo estaba detrás de la cámara, así que hacía lo que me daba la gana [risas].

No quise volver a codirigir con nadie, después de rodar de nuevo con Gene Kelly Siempre hace buen tiempo. Pese a todo, filmé después dos títulos, Juego de Pijamas y Malditos Yanquis, con George Abbot, porque los había hecho en Broadway.

Pues yo siempre había leído que mantuvo una gran amistad con Gene Kelly.

La verdad es que peleábamos durante horas por cualquier detalle nimio, resultaba agotador. De todas formas, las broncas nunca estropearon nuestra amistad, que fue profunda y sincera. Llegamos a tener en común una mujer, porque él se casó con mi ex, la bailarina Jeanne Coyne. Y hasta tuvo dos hijos con ella. ¡Vaya amigo! [risas].

¿Tenían la sensación entonces de que estaban rodando algo grande y que Cantando bajo la lluvia se iba a convertir en un gran clásico?

Todo el mundo me dice eso, y estoy orgulloso de ello. Me parece una película maravillosa, porque se reunieron un montón de personas con mucho talento. Pero ni de lejos pensábamos que iba a pasar esto. Cuando la rodábamos, éramos jóvenes, llenos de vitalidad, y no teníamos ningún miedo a experimentar lo que fuera. Nos conformábamos con que la compañía no perdiera dinero y nos mantuvieran bajo contrato. Lo que ocurrió es que conseguimos buenos bailes y situaciones divertidas, y que por arte de magia, todo encajó en su lugar. Creo también que cuenta una realidad interesante, cómo se pasó del cine mudo al sonoro.

En Bodas reales trabajó con el otro gran bailarín del cine, Fred Astaire. Siempre me ha sorprendido la famosa escena en la que baila por las paredes y el techo. Ahora los efectos especiales están muy desarrollados, pero, ¿cómo se pudo filmar algo así entonces?

Si mal no recuerdo, fui a mí a quien se le ocurrió la idea. Construimos una habitación entera, una habitación sencilla, con el suelo, el techo, las paredes laterales y del fondo, pero no la del frente. La cámara se fijó al suelo y la habitación se colocó dentro de una rueda gigante. Fred empezaba a bailar, y después de un rato, la rueda giraba lentamente, hasta que el suelo se convertía en una pared. Al estar fija en el suelo, la cámara también giraba y daba la impresión de que la estrella subía por la pared. Y luego el suelo pasaba a ser el techo. Por supuesto, las sillas estaban atornilladas, así como la mesa y las cosas que había encima, y las cortinas también estaban bien sujetas, para que no se movieran.

Parece sencillo, aunque resultó un poco complicada la iluminación. Nos dimos cuenta de que si poníamos los focos fuera, cambiaban las sombras y se estropeaba la magia. Así que hubo que ponerlas dentro de la habitación oscilante. Pero eso causaba un problema, porque se liaban los cables, y se hacían nudos. Lo ensayamos mucho antes del rodaje, así que luego nos tomó poco tiempo, un par de horas. La escena se compone de sólo dos tomas, porque eso acentúa la sensación de realidad.                                                                                        

audrey hepburn fred astaireDespués volvió a trabajar con él en Una cara con ángel, y le emparejó nada menos que… ¡con Audrey Hepburn!

Cuando estábamos preparando el film, el productor, Roger Edens, y yo imaginamos quiénes serían los actores más indicados para interpretar a los protagonistas. Soñar no cuesta nada, así que pensamos en Audrey Hepburn y Fred Astaire. Le mandamos el guión a la primera, para probar suerte, y para nuestro asombro nos contesta que le ha encantado el guión y que le gustaría hacer la película. Pero estábamos al servicio de MGM, y ella tenía contrato con Paramount. Los ejecutivos de la primera intentaron que la segunda nos prestara a Audrey Hepburn, pero no fue posible.

Se nos ocurrió una idea loca. ¿Y si Paramount compraba la película? Ellos tenían a Audrey. Consultamos a nuestros jefes de MGM, que nos dijeron que estaban dispuestos a que Paramount adquiriera el proyecto, si les pagaban suficiente dinero. Pues bien, Paramount les pagó, y nos pidió prestados a MGM a Edens y a mí para rodar esta cinta. Una vez allí, llamé a Astaire, con el que había trabajado en Bodas reales, como hemos comentado, y al que conocía bien. ¡Me dijo que le encantaría rodar el film!

Cuenta Audrey Hepburn –en la introducción de su biografía– que estaba muy nerviosa cuando iba a filmar con él por primera vez.

Lo entiendo. Audrey Hepburn había sido bailarina. Todas ellas consideran a Fred Astaire el gran mito. Que de repente te digan que vas a trabajar con él resulta aterrador. Por lo visto, el primer día de rodaje por la mañana vomitó. Por suerte, Fred Astaire era un tipo muy amable, había pasado por la misma situación en otras ocasiones, pues muchas otras personas estaban muertas de miedo cuando iban a trabajar con él. Se mostró muy comprensivo con ella, y además estaba encantado con Audrey Hepburn, como todo el mundo entonces.

Inevitable preguntarle cómo era ella en persona.

Tenía cara de ángel como decía el título. Era increíble, guapa, femenina, generosa, y sobre todo muy dulce.

Pese a todo, también tuve una discusión con ella durante el rodaje de Una cara con ángel. Sólo una. En una escena baila vestida con pantalones y jersey negros, pero tenía que ponerse calcetines blancos. Empezó a quejarse: “¡No puedo, porque no pegan con el conjunto negro”. Yo le expliqué que se los tenía que poner, porque sin ellos no se iban a distinguir sus movimientos. Se puso a llorar. Pero después accedió a bailar con calcetines blancos. Recuerdo que al ver la toma admitió que yo estaba en lo cierto. “Querido, tenías razón”, me dijo.

Volvió a tenerla a sus órdenes en otros dos títulos legendarios, Charada y Dos en la carretera.

De Charada sobre todo recuerdo que Cary Grant se negaba a rodar el film. Se veía mucho más mayor que Audrey Hepburn, así que pensaba que emparejarse con ella en pantalla resultaría ridículo. Al final accedió, siempre y cuando cambiáramos el guión, para que el personaje de ella llevara la iniciativa de la relación. Nunca he ocultado que me fascinaba Alfred Hitchcock. Era un gran maestro. Siento una absoluta fascinación por su cine, sobre todo por Atrapa un ladrón y Con la muerte en los talones, ambas con Cary Grant. Llevaba años acariciando la idea de rodar una película que homenajeara a Hitchcock, protagonizada por él.

Estoy muy orgulloso de haberla tenido también en Dos en la carretera, porque supuso un reto para ella. De repente, tenía que dejar de ser esa cara amable y sonriente, y demostrar su valía para un drama duro. Siento que gracias a esa película, dejó de ser un icono vacío que salía en los posters de los dormitorios, y el público llegó a apreciarla como actriz. Para mí lo peor de ese film es que… ¡fue la última vez que trabajé con Audrey Hepburn!

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