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Lista de cine

Las 100 mejores películas musicales

Hemos querido incluir en esta lista los clásicos indiscutibles del género y una buena muestra de los desenfadados musicales de los años 30.

Pero también las famosas operas rock de los 70, películas recientes que han vuelto a poner de moda el género, biografías de célebres cantantes con actuaciones musicales, unos pocos musicales de Bollywood que han trascendido las fronteras de La India, y algún documental.

Por supuesto, esta selección se ha elaborado utilizando premeditadamente criterios bastante subjetivos. Y es que como todas las listas ésta también es lógicamente imperfecta.

Las 100 mejores películas musicales
(2018) | 132 min. | Aventuras | Fantástico | Musical Tráiler
Memorable continuación del musical disneyano de 1964 Mary Poppins, basado en los cuentos clásicos de P.L. Travers, y cuya gestación y permiso de su traslación al cine a Walt Disney narró el film Al encuentro de Mr. Banks. La trama se sitúa años después, en la época de la Depresión en Londres, con Jane y Michael Banks ya adultos. Ella sigue soltera y es activista de los derechos civiles, ayudando a los más desfavorecidos, mientras que él es viudo y padre de tres hijos, Anabel, John y Georgie, su esposa murió hace un año. La familia Banks corre peligro de quedarse sin su maravillosa casa en la Calle de los Cerezos, las deudas apremian, y el documento que podría salvarles, un certificado de acciones del banco donde Michael trabaja, está en paradero desconocido. Por suerte, sopla viento del este, y se presenta en el hogar de los Banks la entrañable niñera Mary Poppins, dispuesta a traer un poco de orden y fe en la afligida familia. Le ayuda en la tarea Jack, un farolero. Resultaba complicado salir airosos de la empresa de retomar las aventuras de Mary Poppins, pero Rob Marshall, que ya firmó el musical Chicago, lo logra de sobras, con un inspirado guión de David Magee, en el que han intervenido él mismo y el productor John DeLuca. Gran parte del acierto estriba en ceñirse a las claves maestras del original, con numerosos guiños y jugando la carta de la nostalgia, un poco al estilo de lo que hizo J.J. Abrams con La guerra de las galaxias, de modo que estamos como en casa, en un universo reconocible y cercano. Emily Blunt toma el relevo de Julie Andrews, y su Mary Poppins es fantástica, conservando su aire coqueto y vanidoso de quien se mira al espejo, a la vez que sus típicas respuestas tajantes, su aire travieso, y su sincera preocupación por ayudar a los Banks. La trama está bien vertebrada con la excusa argumental de procurar la salvación de la casa de los Banks, lo que sirve para abordar temas con enjundia, que propician inspiradas canciones, que de nuevo tratan de alinearse con las conocidas del film previo: la añoranza de la esposa y madre ausente, que sigue con ellos, una luz en la oscuridad, la imaginación y la fe capaces de sobreponerse a lógica racionalista, y que pueden lograr lo imposible, no hay que guiarse por las apariencias, los libros no son sólo su cubierta, hay que ver desde diversas perspectivas, tener la mente abierta, etc, etc. Tanto en su versión original, como dobladas al español, las canciones suenan estupendamente. Son magníficas la partitura musical y las canciones de Marc Shaiman y Scott Wittman, y destacan las imaginativas coreografías, por ejemplo con los faroleros tomando el relevo de los deshonilladores, y ya sea en el mar o en aire, la magia está ahí en todo momento, incluidos los trepidantes pasajes que combinan actores reales y animación. El conjunto del reparto está sensacional, incluido Lin-Manuel Miranda, que triunfó en el musical "Hamilton", y que puede decirse que ha llegado al cine para quedarse, o así debería ser. Resulta además una gozada descubrir a algún actor del original, y ver que todos los personajes están mimados, incluido el villano de Colin Firth.
8/10
(2018) | 114 min. | Romántico | Drama | Musical Tráiler
Diez años después de la película Mamma mia! y veinte después del musical creado para los escenarios por Catherine Johnson, inspirada en las canciones del grupo sueco Abba, llega esta secuela-precuela –que ambas condiciones presenta la cinta–, a través de una trama sencilla, simple excusa para el divertimento, las canciones y las coreografías, y el empeño, conseguido, por hacer que el espectador se sienta bien, porque triunfa el amor. Tras la muerte de su madre Donna, Sophie ha planificado la reapertura de su hotel, situado en Kalokairi, una idílica y perdida isla griega. Pero su amado Sky, arquitecto, está en Nueva York, y seguramente no se presentará en la inauguración, además de que le ha salido trabajo en la Gran Manzana; tampoco es previsible que se presenten dos de su tres padres –nunca supo cuál de los tres hombres a los que amó Donna es su padre biológico–, ni su abuela americana, excéntrica, una bruja. Pese a todo no ceja en los preparativos, a los que ayudan las otras dos componentes de Dynamo y amigas de Donna, Tanya y Rosie, y que están coordinados por Fernando, un gerente que es una joyita. El relato de esa puesta a punto se entrelaza con la narración de cómo una jovencita Donna recién graduada que viaja por Europa conoció a Harry, Sam y Bill, y llegó a la preciosa isla helénica. Ambas líneas acaban confluyendo en el clímax, pensado con inteligencia, un canto, nunca mejor dicho, a la maternidad. En esta ocasión el guión corre a cargo del también director Ol Parker, conocido sobre todo por los libretos de El exótico hotel Marigold y su secuela, y por Ahora y siempre, cinta romántica con enferma terminal. Aunque también figura acreditada Johnson, la autora del musical, y Richard Curtis, especialista en tramas ligeras que tocan el “cuore”, como Love Actually. Y captan la idea ligera, que es celebrar la “joie de vivre”, la “alegría de vivir”, algo a lo que contribuye poderosamente la selección de las canciones y su inserción en la narración de modo que no aparezcan postizas; ahí la intervención de Benny Andersson y Björn Ulvaeus se muestra también de enorme importancia. Todos los temas funcionan muy bien, aunque brilla especialmente la escena correspondiente a “Waterloo”, que transcurre en París, con Lily James y Hugh Skinner, de fantástica coreografía. También destaca el arranque de “When I Kissed the Teacher”, que transforma una formal ceremonia de final de curso en la universidad, en una auténtica fiesta. Parker sabe además ser visualmente elegante en algunas transiciones entre presente y pasado, o salvar distancias entre personajes, como las que separan a Amanda Seyfried y Dominic Cooper cuando cantan “One of Us”. Otro de los pasajes que eleva el corazón, es el de la llegada de una muchedumbre en barco, que se dirige a la inauguración del hotel, mientras escuchamos “Dancing Queen”. Con reparto de lujo, donde repiten muchos de los actores del film original, unos tienen mayor presencia que otros, pero todos da la impresión de que se lo han pasado en grande con sus apariciones; hasta Meryl Streep se ha apuntado a la fiesta, mientras que la presencia novedosa de Cher casi a los postres, sirve para que escuchemos su potente chorro de voz. De todos modos, si alguien brilla con especial intensidad en el film, ésa es Lily James, la versión juvenil de personaje de Streep: la actriz tiene la pasta de una auténtica estrella, canta y baila muy bien, y encarna a la perfección el idealismo ingenuo que se deja llevar por los sentimientos y por su afán de disfrutar de lo que le ofrece la vida, una óptica algo superficial, pero coherente con la idea de entretenimiento en que consiste el film. También están bien Jeremy Irvine, Josh Dylan y Hugh Skinner, Jessica Keenan Wynn y Alexa Davies, que ofrecen las composiciones jóvenes de los personajes de Pierce Brosnan, Stellan Skarsgård y Colin Firth, Christine Baranski y Julie Walters. Y Andy García sabe conceder empaque a su latino personaje.
6/10
(2016) | 127 min. | Romántico | Comedia | Drama | Musical Tráiler
Nostalgia. Añoranza del musical clásico de Hollywood. Cinemascope. Colores primarios vivos, crepusculos. Amores descubiertos y contrariados en la actualidad, a lo largo de las 4 estaciones, invierno, primavera, verano, otoño y, nuevamente, invierno. En la ciudad de las estrellas, la ciudad de Los Ángeles, en La La Land. Mia es una aspirante a actriz, que mientras llega su momento, trabaja como camarera en la cafetería de un gran estudio. Apasionado del jazz, Seb toca el teclado, y su sueño pasa por convertirse en propietario de un local donde haya sesiones en vivo, aunque a los jóvenes ahora parece que les va otra música. Coinciden casualmente en atascos, en una cafetería, en una fiesta, donde poco falta para que se tiren los trastos a la cabeza. Pero surge el amor, el inevitable flechazo, un entusiasmo que les lleva mutuamente a apoyar los respectivos sueños, aunque las cosas no son tan sencillas… Tras arrasar en los Globos de Oro, llevándose los 7 premios a que aspiraba, todo un récord, La la land, traducida absurdamente por La ciudad de las estrellas, por una vez que estaba más que justificado mantener el título original, tiene todas las papeletas para triunfar en los Oscar. Porque es un musical como los de antes –a diferencia de títulos como Los miserables o Chicago–, con coreografías y planteamientos que hacen pensar en Vincente Minnelli, Stanley Donen, Gene Kelly, Jerome Robbins y Jacques Demy, pero con personalidad propia. Lo que se nota sobre todo en la inclusión, con gran naturalidad, del jazz, y del uso de ruidos cotidianos que enlazan con los temas musicales, como en el memorable arranque, un largo plano secuencia en una autopista de Los Ángeles, que hace pensar en filmes como West Side Story. Damien Chazelle, director y guionista, confirma la magnifica impresión causada con Whiplash, donde también estaba presente la música, concretamente el jazz. Sorprende su sentido del ritmo, una puesta en escena majestuosa, con algunos momentos mágicos, maravillosamente coreografiados por Mandy Moore, el pasaje del planetario, y el del clímax que tiene lugar por la noche en un café, sobresalen especialmente. La música de Justin Hurwitz es fantástica, con maravillosas canciones, algunas interpretadas por la pareja protagonista, Emma Stone y Ryan Gosling encantadores, en verdadero estado de gracia, difícil decantarse por un tema, aunque además de la muy presente “City of Stars”, está muy bien esa incursión jazzística cantada por John Legend “Start a Fire”. En el casting de Stone, uno no puede dejar de pensar que ha influido su papel en Magia a la luz de la luna de Woody Allen, que tenía una escena importante justamente en un planetario. Llama la atención como se manejan los sentimientos agridulces y decididamente románticos, en una trama sencilla, donde hay espacio para el drama y el humor evitando las estridencias y salidas de tono, en que se habla de la importancia de tener sueños y poner medios para hacerlos realidad arriesgando, pero aceptando, también, la realidad de la vida, las sendas que acabamos escogiendo con sus consecuencias. Y el recurso a la cinefilia, ese Rebelde sin causa, esos cines de antaño que cierran, la pasión por la creatividad y el hacer aquello en que crees, en contraposición a las conversaciones triviales y vacías, en que se llena la existencia de una fantástica nada.
9/10
(2014) | 94 min. | Romántico | Comedia | Drama | Musical Tráiler
Richard LaGravenese (Diarios de la calle, Posdata: Te quiero) escribe y dirige un film musical a partir de la obra teatral de Jason Robert Brown, estrenada en el Nortlight Theatre de Chicago. Habla del amor y la posterior crisis conyugal de Cathy –aspirante a actriz– y de Jamie –joven novelista– en un lapso de tiempo de cinco años. Los peligros y tiranteces emocionales provocados por el deseo de triunfar artísticamente y las dificultades de gestionar el éxito son los temas planteados. La osadía de tratarse de una película exclusivamente cantada le sale cara al director neoyorquino, que no logra atrapar del todo al espectador, ni por los temas musicales ni por la historia. Porque además no hay trama propiamente dicha, ni acción de ningún tipo, tan sólo diálogos entre los protagonistas, o monólogos cantados por ambos alternativamente. Y aunque es audaz el juego temporal –las imágenes de ella van de adelante a atrás y las de él de atrás a adelante–, en general no funciona el montaje abrupto y desordenado, con tantas idas y venidas entre los años 2008 y 2013, por el sencillo hecho de que cuesta situarse en el momento anímico y vital de los personajes. El resultado desconcierta al principio y termina siendo simplemente aburrido. Sin embargo, técnicamente Los últimos cinco años sí destaca la elegancia de la narración, apoyada en un sutil uso de la cámara, siempre en movimiento, con profusión de lentos planos grúa y delicados y trabajados travellings que evitan con maestría la discontinuidad del corte, lo cual además resulta meritorio al tratarse de secuencias musicales rodadas en una o muy pocas tomas. En este sentido, hay escenas magníficamente concebidas, como la de la sorpresa navideña, con el tema “The Schmuel Song”, o la que ilustra la notable canción final, “Goodbye Until Tomorrow”. Y por encima de todo, hay que hacer mención a las impresionantes cualidades vocales de los actores: la más familiar en esta faceta, Anna Kendrick (Dando la nota, Into the Woods); y el más desconocido Jeremy Jordan (Smash).
5/10
(2005) | 76 min. | Animación
Casi a renglón seguido de Charlie y la fábrica de chocolate, Tim Burton nos regaló un nuevo film, animado prodigiosamente con la técnica de ‘stop-motion’ –muñecos movidos fotograma a fotograma, fotografiados digitalmente en decorados preparados al efecto, material luego tratado con el ordenador–, con la que ya trabajó en su corto Vincent (1982), homenaje al actor Vincent Price, y en Pesadilla antes de Navidad (1993), traviesa transgresión de los tópicos navideños. La novia cadáver es un film plenamente coherente con el ‘corpus’ burtoniano. En el aspecto argumental, vuelve a describir a criaturas tristes y desvalidas, solas contra el mundo, inmersas en una romántica e infatigable búsqueda de la felicidad. Tomando pie de viejas leyendas populares rusas, la trama pergeñada por Caroline Thompson, John August y Pamela Pettler arranca con los preparativos del matrimonio concertado entre Victor y Victoria. Él es el vástago de unos ‘nuevos ricos’, mientras que ella es hija de unos ricos venidos a menos, que apenas disimulan su disgusto por la boda, consentida sólo por razones pecuniarias. Contra todo pronóstico, los dos jóvenes se enamoran, pero el tímido Victor recita torpemente sus votos en el ensayo de la ceremonia. De modo que practica en solitario en un bosque, con la mala fortuna de que pronuncia su promesa de amor ante el cadáver de una novia difunta, que a partir de entonces se considera la esposa de Victor. No será fácil deshacer el entuerto. El diseño de los personajes de La novia cadáver, en el que ha intervenido el español Carlos Grangel, presenta un aspecto parecido al de los filmes animados citados, atractivo e inquietante a partes iguales. Y nuevamente tenemos un ritmo agilísimo, un humor de magnífica ley, música y canciones inspiradas. Estupendo resulta al respecto el dueto al piano de Victor con la novia cadáver, o la danza de los esqueletos, homenaje evidente a la clásica sinfonía tonta de Disney.
7/10
(1939) | 119 min. | Aventuras | Musical
Warner relanza en DVD, en edición supersuperespecial, uno de los grandes clásicos de todos los tiempos. 4 horas de contenido extra y una copia de calidad impoluta son razón más que suficiente para revisitar este inolvidable musical, que nos recuerda que no hay lugar mejor que el propio hogar, Kansas en el caso de la pequeña Dorothy ‘Judy Garland’. Adaptación de la novela infantil, también clásica, de L. Frank Baum, escrita en 1899, el film describe las andanzas de Dorothy, una niña que vive en una granja en un triste mundo en blanco y negro, donde el único que parece entenderle es su perro Totó. Un increíble tornado (ingeniosamente recreado con efectos especiales sencillos pero eficaces) la lleva a Oz, un mundo de relucientes colores, ‘más allá del arco iris’, pero que, pronto tendrá ocasión Dorothy de comprobarlo, de ningún modo puede reemplazar a su casa. En su estancia en Oz, Dorothy hace buenos amigos, el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león cobarde, y gracias a la amistad con la pequeña cada uno obtendrá lo que le falta para ser mejor persona. No faltan los villanos –la malvada bruja del oeste– o el descubrimiento de que las apariciencias, con demasiada frecuencia, engañan –el mago de Oz no es quien aparenta ser–. En el film trabajó un batallón de guionistas –además de los tres acreditados, Noel Langley, Florence Ryerson y E.A. Woolf, echaron una mano Arthur Freed, Herman Mankiewicz, Sid Silvers, y Ogden Nash– y fue Langley quien sugirió que los personajes de Oz tuvieran una contrapartida en el mundo real, lo que hacía más plausible que la aventura hubiera sido un sueño. También en el capítulo de la dirección hubo varios nombres implicados. Victor Fleming fue el director oficial, pero también rodaron varias escenas Richard Thorpe, George Cukor y King Vidor. El delicioso technicolor, la ingenuidad en la que colabora decisivamente una inspiradísima Judy Garland, y las inolvidables canciones ("Over the Rainbow", "Follow the Yellow Brick Road", "Youre Off to See the Wizard"… con música de Harold Arlen, letras de E.Y. Harburg y la gran voz de Garland) convierten el film en una gozosa fantasía, que resiste impertérrita el paso del tiempo, y nos invita a recorrer el camino fantástico de ladrillos amarillos.
8/10
(2005) | 115 min. | Comedia
Hay historias que parecen existir para ser llevadas a la gran pantalla por Tim Burton, y eso ocurre con las aventuras de Charlie Bucket, un chaval cuya vida gris se convierte de un día para otro en algo muy, muy dulce… Y es que la familia de Charlie es tan pobre que ni siquiera tiene algo para comer. Viven en una casucha que se cae materialmente a trozos (la habitación de Charlie no tiene techo), aunque eso no quita que todos los miembros de la familia –el abuelo Joe y la abuela Josephine, el abuelo George y la abuela Giorgina, y el señor y la señora Bucket– estén muy unidos y vivan una existencia feliz. Pero todos sufren por el pequeño Charlie, y es que un chico de su edad necesita un lugar de recreo, amigos con quienes pasarlo bien y sobre todo comida abundante. Se entiende, por tanto, que la gran atracción de Charlie sea la enorme fábrica de chocolate que domina la ciudad. Para él ese lugar es como el cielo, todo lleno de caramelo, azúcar glass, chocolate con miles de sabores... Y quizá el sueño de visitar la fábrica –cerrada al público desde hace mucho tiempo– se haga realidad si le toca una de las cinco invitaciones que el extraño dueño de la fábrica, Willy Wonka, ha escondido en forma de billetes dorados entre las chocolatinas repartidas por todo el mundo. La historia de Charlie tiene el aire de cuento fantástico y algo siniestro que le gusta a Tim Burton, y eso por no hablar de Willy Wonka, uno de los personajes más genuinamente burtonianos que ha dado el cine. La fidelidad al texto hace que el film sea un alarde de imaginación, pleno de colorido y con brillantes efectos especiales en la reproducción de las estancias de la fábrica, los ríos de chocolate y los diferentes destinos de los compañeros de Charlie. Burton ha contado con dos de sus actores fetiche: Johnny Depp es el solitario y travieso Willy Wonka, y Helena Bonham Carter la Señora Bucket. Aunque quien se lleva la palma es el chico Freddie Highmore, cuya natural expresividad ya nos dejo pasmados en Descubriendo Nunca Jamás.
6/10
(2004) | 110 min. | Comedia | Musical
Ésta es una película para arrellanarse en el sillón y disfrutar durante dos horas con una perpetua sonrisa colgada de los labios. Eso sí, aderezada con unos cuantos mohines, un mucho de romance, algún toque cómico explosivo y unos números musicales de una candidez, ritmo y alegría maravillosas. Y todo este cóctel al servicio de una historia clásica a más no poder, adaptación libre de la novela decimonónica "Orgullo y prejuicio", de Jane Austen, una de las más grandes novelistas inglesas. Aquí los Bennett de la historia original son los Bakshi, una familia de Nueva Delhi, pudiente y numerosa, formada por un matrimonio con cuatro bellas hijas. La señora Bakshi está obsesionada con encontrar al marido ideal para ellas, sobre todo para la excesivamente díscola y librepensadora Lalitha, que además de ser la más hermosa hace gala de una actitud vital demasiada moderna para sus padres. En esas estamos cuando a raíz de una boda celebrada por todo lo alto, Lalitha conoce a dos jóvenes caballeros ingleses que parecen no caerse muy bien, Darcy y Wickham. Tras algunos encuentros y desencuentros, ella comienza a tontear con uno, a pesar de las serias advertencias del otro. Y entretanto la madre de Lalitha ya ha concertado una cita en su casa con un joven y divertido pretendiente, Mr. Kholi. La directora Gurinder Chadha, que encandiló al público con Quiero ser como Beckham, vuelve a dar el campanazo, pero ahora adentrándose hasta las cachas en el genuino modo de hacer cine de su país de origen, India, donde el colorido, las fiestas, los bailes y los vínculos familiares son fiel reflejo de tradiciones ancestrales y acaban por ser elementos esenciales del propio argumento. Aquí hay que aplaudir especialmente las expresivas coreografías y las preciosas canciones (algunas realmente inolvidables, como la divertida “No Life Without Wife” y la romántica “Take Me to Love”), y el encanto natural de los intérpretes, en especial de la gran estrella Aishwarya Rai.
7/10
(2004) | 152 min. | Biográfico | Drama
Si hay un género capaz de evidenciar las debilidades del cine a la hora de ahondar en las interioridades del ser humano, ése es el llamado biopic, historias que pretenden abarcar y hacer balance de lo que ha sido la vida de una persona real. El mayor elogio que cabe hacer de Ray es que nos lleva extraordinariamente cerca de Ray Charles Robinson (1930-2004), leyenda musical que aunó estilos tan variados como el jazz, el rythhm & blues, el gospel, el rock & roll e incluso el country. Taylor Hackford (director de Noches de sol y Prueba de vida, y productor de Cuando éramos reyes) evita entregar una serie de retazos biográficos, cosidos con más o menos esmero, gracias al sólido guión de James L. White. La historia arranca con el viaje en autobús que lleva al joven ciego negro Ray desde Florida al ambiente jazzístico de Seattle. Trama líneal ascendente de corte clásico, ayuda a conocer la limitación física del protagonista, su incipiente genio musical, las gentes de su entorno, los primeros éxitos, y la relación con la discográfica Atlantic Records, sorprendentemente humana. Los logros en su carrera artística vienen entreverados con una agitada vida personal, donde la presencia de una esposa que le quiere, Della Bea, no impide las relaciones amorosas con otras mujeres, algunas prolongadas en el tiempo, o la caída en la drogadicción. Pero lo que imprime hondura emocional a la narración de la lucha profesional y familiar de Ray son los flash-backs, que retrotraen a su infancia, Arcadia feliz pero también época de traumas: importancia esencial, en estas escenas y en otras oníricas, reviste la maravillosa figura materna de Aretha Robinson. Antes de su muerte, el propio Ray Charles dio luz verde al film. Lo que no significa que se caiga en la pura hagiografía, pues se aborda su descenso a los infiernos con sinceridad, no reñida con la elegancia. Pero sobre todo se intenta contar una historia de superación, gracias a los apoyos adecuados; la realización, una vez más, del sueño americano, con actos que redimen, como el significarse en la lucha por la igualdad racial. Jamie Foxx hace una gran caracterización del genial músico, a lo largo de todo el metraje. Y los demás actores, sin duda secundarios, están a su altura, con mención especial para la desconocida Sharon Warren, que compone una madre inolvidable.
7/10
(2004) | 143 min. | Romántico | Musical
Brillante adaptación del célebre musical de Andrew Lloyd Webber, basado a su vez en la romántica historia del escritor Gaston Leroux. El film arranca con un magnífico prólogo en blanco y negro, donde un viejo visitante, Raoul, recorre los pasillos del abandonado patio de butacas de la ‘Ópera Popular’, donde no hace mucho tiempo brillaban las mejores representaciones musicales de la noche parisina. Al hilo de sus recuerdos retrocedemos en el tiempo para asistir a una trama bien conocida y colorista: la del hombre con el rostro desfigurado que se oculta tras una máscara, y que habita en los laberínticos sótanos del teatro; un ‘fantasma’ que, atormentado por sus penas, desea estrenar una nueva obra, que debería interpretar su protegida Christine, en detrimento de la diva titular, la insoportable Carlotta. Christine es pretendida amorosamente por el joven Raoul, lo que provoca los inevitables celos del Fantasma. Romanticismo a raudales. El rostro inocente de Christine –perfecta la elección de una Emily Rossum de 16 años para el papel–, que echa de menos sobremanera a su padre, y reza en su capilla pidiendo la asistencia del ‘Ángel de la música’. La presencia del misterioso fantasma, con su semimáscara de diseño. Las preciosas canciones de Webber, que recomendamos encarecidamente escuchar en su versión original, a las que se añade un tema inédito, “Learn To Be Lonely”, que fue candidato al Oscar. Todo contribuye al resultado final de una gran película, repleta de emociones, vibrante. El film era un viejo proyecto de Webber, que tan encariñado estaba con él que firma el guión y escogió personalmente al director, Joel Schumacher. Arrancar en un realista blanco y negro, para pasar al color de los recuerdos, es una argucia fantástica, que justifica además que los personajes se pongan a cantar. En 1990 la idea era que los intérpretes originales de versión teatral, Michael Crawford y Sarah Brightman, hicieran la película. El divorcio de Webber y Brightman lo impidió, y la cosa se fue retrasando, mientras sonaban para el papel del Fantasma nombres como los de John Travolta y Antonio Banderas. Al final sería el desconocido Gerard Butler quien se llevaría la máscara al rostro, por así decir. Para Christine sonaron los nombres de Katie Holmes y Keira Knightley, pero al fin el papel sería para Rossum. Una condición puesta por Webber fue que los actores fueran capaces de cantar sus canciones, y así ocurre en todos los casas menos en el de Minnie Driver, que no tiene formación operística, aunque para compensar canta la canción de los títulos de crédito.
6/10
(2002) | 113 min. | Musical
Ambientada en los años de la Depresión, Chicago (2003) cuenta la estancia en prisión de Roxie Hart, una chica que desea triunfar en el mundo del cabaret y las candilejas. Un crimen pasional la ha conducido a compartir cárcel con otras mujeres asesinas; una de ellas es Velma Kelly, la estrella favorita de Roxie, su idolatrada modelo, a la que acude en busca de consejo. Pero su actitud de diva inaccesible –ni en lo musical ni en lo carcelario acepta ayudarla–, supone una decepción. Informada por Mamá Morton, guardián de la cárcel, de las rutinas del lugar, advierte que la única forma de salir bien librada es ganarse el favor de Billy Flynn, un astuto abogado que gusta del dinero y la fama. Bill Condon (Dioses y monstruos), autor del guión, parte de una buena idea para insertar en la trama los números musicales que jalonan el film: es Roxie, anhelosa de triunfar como cantante, quien imagina sus evoluciones como un espectáculo del que ella es protagonista absoluta; un poco al modo de Björk en Bailar en la oscuridad. De este modo, momentos como el interrogatorio de la policía, las explicaciones de las presas sobre los hechos que les llevaron a la cárcel, el manejo de la prensa o la actuación ante los tribunales, se convierten en escenas brillantísimas, donde las canciones no hacen sino apuntalar el buscado y muy conseguido tono de vodevil. A la hora de dirigir los números musicales, Rob Marshall ha optado por dar predominio a los fondos minimalistas absolutamente oscuros y los focos apenas recogen otra cosa que las figuras de las sensuales cantantes y bailarinas. Los actores principales, a excepción de Queen Latifah, apenas tenían experiencia musical: pero Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones (que se llevó el Oscar a la mejor actriz de reparto), Richard Gere, John C. Reilly y compañía han trabajado duro y superan con nota alta el envite de cantar y bailar.
8/10
(1933) | 86 min. | Drama | Musical
Cuando la estrella de un musical de Broadway cae enferma, una de las chicas del coro es elegida sustituta (Ruby Keeler). Los números extraordinarios musicales ideados por el director y genial coreógrafo Busby Berkeley, como los de “Shuffle off to Buffalo” o "Forty-Second Street", de gran complejidad escénica, convierten la pantalla en una especie de caleidoscopio de figuras humanas, lo que hizo de este film uno de los clásicos del musical estadounidense.
6/10
(1945) | 143 min. | Comedia | Musical
Durante la guerra, dos marineros disfrutan de un permiso en la ciudad de Los Ángeles. Gran musical de George Sidney, incluye el famoso baile de Gene Kelly con el ratón Jerry, aunque inicialmente debía haber sido Mickey el roedor bailarín. Oscar a la mejor banda sonora.
7/10
(1949) | 98 min. | Musical
Tres marineros pasan el día en Nueva York. En tan poco tiempo cantarán, bailarán y por supuesto, se enamorarán de tres chicas tan simpáticas como ellos. Gene Kelly y Stanley Donen crean inolvidables coreografías rodadas en auténticas localizaciones neoyorquinas, con una alegre partitura. Les acompañan Frank Sinatra, Betty Garrett y Ann Miller. Inolvidables canciones e increíbles actuaciones en los números musicales salpican esta magnífica película cuya vitalidad y optimismo termina por contagiar al espectador que, a pesar de los años transcurridos, no ha perdido un ápice de frescura. Un día en Nueva York obtuvo un Oscar en la categoría de mejor Adaptación musical. Se trata de uno de los primeros musicales cuyos exteriores se rodaron en las calles y no en los Estudios
6/10
(1980) | 142 min. | Comedia | Musical
Clásico de los años 80 con mayúsculas. Cuando Jake Blues (John Belushi) sale de la cárcel, él y su hermano Elwood (Dan Aykroyd) van a hacer una visita al orfanato de monjas donde pasaron su infancia. Allí se enteran de que, de no conseguir una gran suma de dinero, el orfanato tendrá que cerrar. Los dos hermanos deciden ayudar a las monjas y para ello organizan un conjunto de blues. Aunque ellos dicen que están en una "misión divina", no hacen más que ganrse enemigos por todas partes. Desternillante película de John Landis, con un guión magistral y unas actuaciones memorables, sobre todo la del desparecido John Belushi. La música, una de las bazas del film, cuenta con maravillosas actuaciones de Aretha Franklin, James Brown o Cab Calloway. Además incluye un divertido cameo del mismísimo Steven Spielberg. Un clásico de la comedia difícil de olvidar y que ha dado lugar a una segunda parte.
7/10
(1983) | 132 min. | Romántico | Musical
A la muerte de su padre, Yentl, una chica judía, se siente discriminada. El hecho de ser mujer le impide acudir a una escuela rabínica para estudiar el Talmud. Así que decide disfrazarse de hombre. Se enamorará de Avigdor, compañero de clase que se ha convertido en su mejor amigo, y que ignora su sexo. La mítica Barbra Streisand debuta como directora, además de ser protagonista. Ganó el Globo de Oro por su dirección y un Oscar a la música. Destaca el tema ‘Papa, Can You Hear Me?’.
6/10
(1956) | 112 min. | Romántico | Musical
Tras dejar embarazada a su mujer, Billy muere en una pelea. Pero le permiten regresar un día a la Tierra para ayudar a su hijo a graduarse. El eficiente Henry King dirige la versión musical de 'Liliom', obra de Ferenc Molnár, con canciones de Oscar Hammerstein II.
6/10
(1958) | 151 min. | Musical
Joshua Logan adapta un musical de Hammerstein, con canciones tan inolvidables como ‘Bloody Mary’. La película relata la vida cotidiana de los soldados estadounidenses de una isla del Pacífico, durante la II Guerra Mundial.
6/10
(1961) | 146 min. | Musical
Uno de los musicales más recordados de todos los tiempos. Capaz de atraer al público juvenil, mucho antes de que surgiera, por ejemplo, Grease. Esta puesta al día de la inmortal historia de amor de Romeo y Julieta se llevó a casa 10 Oscar, incluidos los de mejor película y dirección (el tándem Robert Wise-Jerome Robbins). Se los merecía. Fox editó una edicón especial de la película, acompañada de numerosos extras (entrevistas con los actores y Robert Wise, muchos años después, una magnífica comparativa entre el storyboard y los planos finalmente filmados…), además de un libreto con el guión original (eso sí, en inglés puro y duro). En los años cincuenta, dos bandas de jóvenes, los Jets, de origen irlandés, y los Sharks, portorriqueños, se disputan el dominio de las calles del West Side neoyorquino. Su rivalidad es completa, e imposible la reconciliación. Por eso, cuando Tony (Richard Beymer), un Jet, se enamora de María (Natalie Wood), hermana del jefe de los Sharks, el romance se revela enseguida muy, muy complicado. Con esta sencilla historia universal, Arthur Laurents (letrista), Leonard Bernstein (música) y Jerome Robbins (coreografía) habían dado el golpe en los escenarios de Broadway. Era inevitable su traslación a la pantalla, pero gracias a la pericia del gran Robert Wise, cada fotograma transpiraba ritmo cinematográfico. El prólogo y parte de la pelea se rodaron en auténticas calles de Nueva York, hoy derruidas. Para el resto se construyeron fabulosos escenarios, supervisados por el director artístico Boris Leven, que reproducían, por ejemplo, los tejados. Los supercomplicados números de baile, con sus enrevesados compases, llevaron de cabeza a los actores, pero el resultado mereció la pena. Por cierto, para el papel de Tony, Robert Wise intentó conseguir al Elvis Presley, el rey. Entre los muchos temas musicales, perdura en la memoria del cinéfilo “America” y “María”.
8/10
(1997) | 120 min. | Comedia | Musical
Simon está enamorado de una atractiva mujer. Pero ella, a su vez, se fija en el jefe de Simon. Alain Resnais mezcla las peripecias de variopintos personajes, con canciones populares francesas.
6/10