“Su trayectoria define como ninguna otra la historia del último medio siglo”. Con estas palabras presentaba Enrique Cerezo, presidente de Egeda, al ganador de la Medalla de Oro de los Premios José María Forqué en su 30ª edición, José Luis Garci. El galardón se le entregará al director de la trilogía de “El crack” el próximo 14 de diciembre, en la gala de los Premios Forqué.
El madrileño salón de actos de la Fundación Ortega Marañón ha sido el lugar escogido para el encuentro con los medios de José Luis Garci por la concesión de la Medalla de Oro del los Premios José María Forqué. En su presentación del premiado, el presidente de Egeda Enrique Cerezo recordó hitos de la carrera del cineasta como La cabina o su incursión en el cine negro en las tres películas de El crack. Resaltó además como Garci ha puesto en valor “la figura del director productor”, y la combinación de “calidad e innovación” de su cine. Subrayó además de que era su amigo personal, al que le une un gran cariño y afecto, además de la afición compartida por el deporte. Entre sus virtudes subrayó “una humildad y autenticidad únicas”.
La rueda de prensa estuvo conducida por la periodista radiofónica Yolanda Flores, conductora del programa de RNE “De película”, quien evocó una escena biográfica de Garci muy cinematográfica, cuando acompañó a su padre Manuel a recuperar el olvidado bolso de su madre Mercedes, y contempló en la pantalla de cine del Palacio de la Música las imágenes de Lo que el viento se llevó.
Garci hizo, como no podía ser de otra manera, un ejercicio de memoria, donde sinceramente consideró que el suyo era un premio compartido, una película que se le atribuye a él como director debe gran parte de su valor, por ejemplo, a que Miguel Salcedo en el montaje le indique que sobra algunos fotogramas en una escena, y que proceda a recortarlos. También tuvo un recuerdo emocionado para Antonio Mercero, que dirigió su guión de La cabina, y para tantos colaboradores "que ya no están". De Alfredo Landa recordó los Dry Martinis que preparaba, "los mejores que he probado", y aplaudió las conversaciones con sus amigos alrededor de esa bebida, y es que cree Garci que el arte de charlar en animada tertulia se ha perdido en la actualidad.
El cineasta recordó a José María Forqué con la cámara BL4 compartida cuando hizo para televisión Las historias del otro lado, además de que atribuyó la nominación al Oscar de Sesión continua a los esfuerzos del director y productor que da nombre a los premios. Sobre sus ideas, Garci dijo sentirse “muy poquito de derechas, muy poquito de izquierdas, muy poquito de centro, y muy independiente”. Y recordó que gracias a una de sus películas se ha hecho común aludir a una "asignatura pendiente" cuando aún te falta algo por hacer.
Expresó su admiración por Clint Eastwood, que precisamente hoy, con 94 años, estrena Jurado Nº2, y a quien describió como “el último clásico vivo”, aunque dijo que él no tenía ninguna película pendiente que dirigir, algo que de verdad sintiera que le faltaba por contar, y que no se pondría detrás de la cámara a no ser que alguien le viniera con algún proyecto que le interesara. De todos modos admitió estar trabajando en un proyecto indefinible, que no describiría como un documental autobiográfico, aunque sí vendría a ser “una especie de autorretrato”. Y explicó que si algo le había quedado pendiente de rodar, era un western. También, entre sus proyectos malogrados, está la adaptación de "El hereje" de Miguel Delibes, para la que habría querido contar con Carlos Hipólito. Y de grandes historias actuales que contar, piensa que está pendiente una gran película sobre los atentados de Atocha el 11M, "alrededor hay tantas historias de amor y separación, además de que se produjo en los días subsiguientes un cambio de gobierno de enormes consecuencias".
Sobre su forma de trabajar comentó que “nunca me he sentado en un rodaje”, y “nunca he hecho un casting, me parece un poco humillante para el actor, siempre he acudido al actor que me parecía que podía hacerlo”. También destacó que “lo primero es el guión”, y que en sus inicios eran pocos los directores que además escribían.
Uno de los momentos más divertidos del encuentro fue el obsequio de uno de los asistentes a Garci y Cerezo, para que la compartan, de una antiguo insignia del Atlético de Madrid que perteneció a su abuelo, en los tiempos del entonces llamado Atlético de Aviación.
