Viggo Mortensen es un actor que ha dado pruebas de su capacidad camaleónica, también en lo que se refiere a expresarse en idiomas diferentes, el español en Alatriste, y en Promesas del Este el ruso. Tuve ocasión de charlar con él a propósito de este segundo film.
Es su segundo trabajo con David Cronenberg tras Una historia de violencia. ¿Supone este film una vuelta a sus orígenes de personajes oscuros, anteriores a Aragorn y El Señor de los Anillos?
No lo sé, no lo había pensado. Yo en cualquier personaje que hago intento encontrar todos los matices, las facetas que puedo. No creo que sea posible conocer a una persona totalmente, ni siquiera a uno mismo. Siempre hay cambios. En el momento en que parece que conoces a alguien, te sorprende con otra cosa. Yo creo que Cronenberg es uno de los mejores observadores de la condición humana del mundo. Es un científico artístico.
¿Qué le aportaste a tu personaje de mafioso ruso?
Bueno, siempre estás usando tu cuerpo, tu voz, tu mente, tu punto de vista. Lo divertido es intentarlo, aunque uno nunca puede ser otra persona, adaptarte al punto de vista de otro. Aprendo cosas que por pereza, o por no tener la oportunidad, no aprendería. Prestas atención a cosas que no son habituales para ti. De todos los detalles que observé cuando fui a Rusia, vas sacando conclusiones. Antes de llegar ya había aprendido lo que tenía que decir en la película, tanto en ruso como en inglés con un acento concreto. Pero al llegar vi muchas cosas que me sirvieron, pude encontrar mejor el tono del personaje. Me ayudó a mí, y creo que a los demás. A mí me gusta prepararme a fondo, al igual que hace David, y después tirarlo todo por la ventana. Algo se te queda dentro, pero luego es básico el trabajo de los otros actores, y por supuesto, el del director. Cuentas con lo que has hecho, está ahí, pero es importante lo que te dan los otros.
¿Es difícil librarse de un personaje así, una vez acabado el rodaje?
A mí me gusta, no me importa. Me gusta que me digan que soy un psicópata (risas). Entiendo que hay gente que trabaja muy a fondo los personajes, y que después les cuesta dejarlo, que llega a tener un efecto sobre su vida. A mí no me ha molestado nunca eso. Si llegamos a viejos, vamos a olvidar muchas cosas y, ¿por qué tener prisa por olvidar algo que te ha servido de aprendizaje?
¿Era consciente de que la escena del desnudo va a dar que hablar?
Si me preocupara, es un poco tarde ahora para agobiarme. Es lo que requería la secuencia. David y yo lo hablamos. Preparamos la coreografía juntos, vestidos, claro (risas). Era algo difícil de rodar, no es muy bonito. Él se toma muy en serio la violencia y sus consecuencias. Había que hacerla así. Aunque, lo que no quiero es que esa escena llame la atención por motivos que son incorrectos. Sería una lástima. Yo sabía que, por razones obvias, no me podía cubrir los codos, ni las rodillas, la espalda, etc. Iba a doler un poco, así que dije “con que la puedan rodar más o menos rápido”... Y David es un muy eficaz. Parece que sea una escena rodada durante varios días, desde todos los ángulos. Si lo analizas, te preguntas cómo se hizo tan rápido. Pero él lo hizo rápido y bien, yo no estaba preocupado. Me sentía vulnerable e incómodo, pero no más de lo que el personaje tenía que sentir. Fueron dos días algo dolorosos, pero tenía que ser así. Y me parece que lo ha hecho bien. Pero la película no trata sólo de eso, de la violencia. Destaca, porque es diferente de lo que se suele ver. Es una escena dura, pero necesaria, y se aprende algo. Tanto el personaje como el público.
¿Cómo se documentó sobre la mafia rusa? ¿Habló con alguien del crimen organizado?
Hablé con gente que estaba en prisión, en un lugar parecido a aquel en que estuvo Nikolai. Por ejemplo, la cruz que lleva el personaje tatuada en uno de sus dedos, tiene que ver con una cárcel de San Petersburgo que es muy dura y famosa. Aunque hablé con esas personas no sólo por sus tatuajes, ni por su forma de ser. Me fijaba en detalles sobre cómo hablaban, si me miraban a la cara o no, en su sentido del humor, etc. También me ayudaron mucho con el argot. Estaba todo traducido al ruso, y cuando empecé a tener confianza con uno de esos tipos, le dije que no iba a juzgar al personaje ni a los rusos –cosa que no suelo hacer porque no me sirve, hay que permanecer abierto–. Le dije que le preguntaba no para burlarme, sino para hacerlo mejor. Entonces me dijo que uno de mis tatuajes no debería estar allí, porque un personaje así no lo tendría. “Es interesante, pero tú no lo llevarías, y de hacerlo no sería en el brazo”, me dijo. Fue fundamental también la ayuda con el idioma, con la traducción que yo traía. Me decían que por lo que decía, mi modo de hablar, parecía un doctor, un maestro. Y teniendo en cuenta al personaje, tendría que decir otras cosas. Eso me ayudó, aunque Nikolai se da mucho a conocer también por las pausas que hace cuando habla, sus gestos, las reacciones, además de por lo que dice. Y todas estas cosas son las que aprendí cuando fui a Rusia y observé a la gente.
¿Tiene idea de volver a trabajar en España o Hispanoamérica tras su experiencia con Alatriste?
He tenido algunas oferteas, sobre todo fuera de España. Pero o eran cosas que yo pensaba que no podía hacer bien, o ya tenía otro trabajo. En los últimos dos años he estado trabajando continuamente. Pero tengo que decir que en España lo pasé muy bien rodando, me gustó mucho la forma de trabajar. Me gustó cómo se disfruta cuando se está trabajando, fue muy divertido. Aunque tengo que decir que a pesar de que Cronenberg no es latino, su forma de trabajar es muy relajada. El ambiente de rodaje que crea no es muy diferente al de Agustín Díaz Yanes. Relajado, con muchas bromas, aunque tomándose muy en serio el trabajo. Se trabaja y se vive. Con Cronenberg lo pasas bien, de ahí que el equipo siempre repita.
Eduardo Noriega forma parte del Jurado en San Sebastián. ¿Ha tenido ocasión de departir con él, ya que coincidieron en Alatriste?
Sí, le vi. Vino a ver la película. Nos saludamos, aunque no pudimos estar juntos mucho tiempo. Yo creo que será honesto a la hora de apoyar o no nuestra película.
¿Los premios forman parte del juego o los ve como un reconocimiento?
La idea es que se trata de un reconocimiento hacia un trabajo en concreto que tú haces. Bueno, y en ocasiones, a algo que has hecho en el pasado, como puede ser el caso de Martin Scorsese este año. No es que me parezca mala Infiltrados, sino que creo que en su filmografía hay trabajos mejores, aunque este año parecía que ya tocaba que por fin se llevara el Oscar. Pero, en principio, supongo que los premios son cosas positivas. Pero si no pasa, tampoco ocurre nada. Y en un festival es especialmente complicado, porque depende de un jurado, y éste de quiénes lo compongan. Nunca se sabe. Sin embargo, lo de Toronto fue muy emotivo, porque fue el público quien eligió la película. Es un festival muy interesante por eso. El público allí se lo toma muy en serio y elige en base a las películas, y no pensando en quién es famoso o quién ha ganado en otras ocasiones. Cronenberg, por ejemplo, es de Toronto, y nunca había ganado el premio de su festival. Fue algo muy bonito para toda la película.
¿Pensó en alguna película de gangsters a la hora de componer su personaje? Viendo la relación filial de su personaje y el de Vincent Cassel con Armin Mueller-Stahl, uno podría pensar en El padrino, en Michael que se va introduciendo en los negocios de la familia, y en Sonny, el hijo violento…
No, no lo pensé. Al hacer la película no pienso en eso, porque no me ayuda a construir el personaje. No tiene nada que ver con Nikolai ni con el trabajo diario de hacer la película. Son ideas abstractas. Pero si lo pienso ahora, es interesante la traición, el valor familiar. Son elementos que puedes encontrar en otras muchas películas como La vida criminal, Padre e hijo.
Lo bueno es que cuando se hace una película bien, da para pensar y hablar mucho. La gente me ha dicho muchas cosas sobre esta película, y todo aquel que habla es porque le interesa de alguna forma. Lo bueno de Una historia de violencia y de Promesas del Este, es que cuando acaba la película tienes muchas ideas, muchas preguntas. Y yo no te puedo dar las respuestas, y Cronenberg, como artista, respeta al público, y no las da. Te deja con preguntas y con ganas de ver la cinta otra vez para intentar resolverlas. En mi opinión, eso quiere decir, que es una buena película, que está bien hecha.
Ha comentado que Cronenberg es receptivo a la hora de discutir creativamente las escenas. ¿En algún momento le planteó que la violencia era excesiva, que podía ser bueno rebajarla?
No, estoy totalmente de acuerdo con Cronenberg con la forma que tiene de hacer ese tipo de secuencias. Para muchos, las escenas de violencia son como un juego, una broma. Una oportunidad para mostrar lo que se puede hacer con una cámara. Los directores en general, cuando muestran la violencia explícita, protegen al espectador. Hay un velo que tiene que ver con la forma de usar la cámara y con el montaje. Él en cambio, la muestra como es, porque se lo toma en serio. Habla sobre la violencia y las terribles consecuencias físicas y psicológicas que tiene. Por eso es, en mi opinión, el director más responsable, más honesto. Realmente hay pocos minutos violentos en la película, aunque son muy impactantes. Y eso es por la forma en la que los ha rodado, sin proteger al espectador. Lo ha mostrado como es. Por eso uno se queda con ello. Pero la verdad es que en términos de violencia, la película trata más de la posibilidad, de la amenaza.
Para mí, la escena en el burdel es mucho más violenta que las otras. A mí me afecta más que las explícitamente violentas. Me sentía más incómodo viendo eso que lo otro.
Vincent Cassel compone muy bien su personaje
Está genial. Y eso sólo puede funcionar si tienes un director muy listo que presta atención hasta al más mínimo detalle de la actuación. Cuando vemos al principio al personaje, pensamos que es un loco descontrolado. Y después te das cuenta de que tiene otro lado, que es como un niño. A pesar de portarse de una forma terrible, con una actitud muy mala ante las mujeres y la vida, es una persona que llegamos a entender, hacia la que sentimos cierta compasión.
Realmente es un actor buenísimo, me divertí mucho. Yo lo llamaba “el pulpo”. Me gusta mucho como actor. Ha hecho muchas cosas buenas, pero creo que con este papel destaca bastante. Está muy bien, tiene una presencia muy interesante, al igual que le pasa a Naomi Watts, que da muchos matices a su personaje.
