Thomas McCarthy ha demostrado con sólo dos películas una increíble sensibilidad para captar las sutilezas del espíritu humano, que siempre da lo mejor de sí, cuando se mueve desinteresadamente, por amor. Tuve ocasión de hablar con él de la magnífica película The Visitor, que nadie en su sano juicio debería perderse. El director, que dice haber disfrutado últimamente en el cine con Gomorra, y que se confiesa seguidor del cine de François Truffaut, nos explica la clave de su breve -por ahora- filmografía como director.
Tanto Vías cruzadas como The Visitor abordan el tema de la soledad, muy actual en la sociedad contemporánea, donde la experimentamos a pesar de estar rodeados de gente...
No creo que sea sólo un problema de hoy en día, la soledad ha existido siempre. Pero la sociedad, el mundo, es cada vez más pequeño, y los seres humanos estamos más próximos, por lo que la soledad destaca aún más. Es algo que se puede ver en una ciudad como Nueva York, donde te cruzas con mucha gente a lo largo del día y al mismo tiempo, quizá no hables con tu vecino. Y se trata, sí, de un tema de la película, que invita a abrir los ojos, a preparar nuestros oídos, porque pueden ocurrirnos cosas buenas con las personas que tenemos alrededor.
La película es muy auténtica, te la crees...
Me gusta que digan eso... Me tomo mi tiempo en desplegar la historia. El espectador va conociendo poco a poco a los personajes, nunca intento forzar la situación.
Es el caso de la viudez del protagonista, que no conocemos de entrada.
El espectador, con mi planteamiento, puede tener la sensación de que está viviendo, en cierta forma, la experiencia de los personajes. La idea es presentar los encuentros tal y como ocurren en la vida real. Cuando te presentan a alguien, no lo sabes todo de él golpe, sino que vas conociendo cosas de él poco a poco, hasta que te haces una idea de como es.
En Vías cruzadas utilizaba como hilo conductor los trenes, y en The Visitor la música.
Ahora que dice esto, tengo que pensar cuál podría ser el hilo conductor de mi tercera película (risas). No sé, no sé. Todo el mundo tiene un interés o una afición por algo, y eso puede ser revelador de la etapa de la vida en que se encuentran. En Vías cruzadas, el protagonista es un apasionado de los trenes, le chiflan. Pero en The Visitor no es exactamente lo mismo, Walter está intentando aficionarse por la música, pero no tiene pillado aquello. Lo hace porque advierte que necesita encontrar algo con lo que llenar el vacío que preside su vida. Aunque, por cierto, en The Visitor hay un tren también (señala el cartel de la película, donde el protagonista está sentando en el andén del metro).
Ayuda a la autenticidad tomar cosas de la realidad. Me gustaría saber si ha incorporado elementos de su experiencia personal. A mí por ejemplo me ha sorprendido la minuciosidad con que pinta el ambiente académico de la universidad.
Dedico bastante tiempo a investigar. Además, vivo al lado de la Universidad de Nueva York. Y observo mucho. Por otra parte, cuando escribo algo, lo comparto con personas que se mueven en el ambiente que intento describir. Por ejemplo, el profesor que se pone a borrar una fecha del programa del curso pasado, para que valga en el que ahora empieza, es algo que me contó un amigo catedrático, que tiene un colega que hace lo mismo. Es muy revelador, no sólo de su pereza, pues en el hecho de que la corrección la haga con típex, y no con el ordenador, muestra lo anticuado que se ha quedado.
Hablando del drama de la inmigración, demuestra que no es necesario ir a rodar a Guantánamo para encontrar situaciones difíciles.
Con este historia he procurado de intento no contar una historia extrema, sino reflejar los problemas cotidianos, lo que ocurre todos los días. Lo cual supone una tragedia mayor, precisamente porque pasa a diario.
También trata el tema de la globalización, compatible con la ignorancia. Se ve en la americana del mercadillo que demuestra una ignorancia supina acerca de África, y en general, sobre lo que ocurre más allá de las fronteras de Estados Unidos. ¿Le preocupa?
Sí. No todo el mundo es de esta manera, pero mucha gente no lo tiene fácil, no todo el mundo se puede permitir un viaje para conocer otros países, lo que desde luego ayudaría mucho a abrir las mentes. Aunque no sólo es problema de dinero, no hay más que pensar que el anterior presidente de Estados Unidos, antes de ser elegido, sólo había viajado al extranjero en un par de ocasiones, y desde luego, tenía todos los medios para hacerlo, si hubiera querido. Eso revela una falta de curiosidad, que me parece que es una forma de ignorancia.
El ritmo de la película con el cine independiente americano, y también con el cine europeo. ¿Qué influencias o referencias maneja en sus películas?
Por supuesto, hay muchas cosas que me influyen. Pero déjeme decirle algo. A propósito de Pedro Almodóvar, está claro que nuestras películas son muy diferentes. Y si a alguien le cuentas la trama de una de sus películas, eso suena como una completa locura. Sin embargo, lo que este director hace perfectamente, y ves en pantalla, es que toca la humanidad y que respeta a los personajes, a los actores. Se hacen creíbles, porque los humaniza y desaparece lo que podría ser un cliché.
Antes de hacer The Visitor vi muchas películas de Ingmar Bergman, me fijé especialmente en el modo en que maneja el silencio. Desde Fresas salvajes a Los comulgantes... También me fijé en el look europeo de La conversación, de Francis Ford Coppola. Siempre intento que mis actores jóvenes vean estas películas, y le sirvan de referencia, como Open Hearts, de la danesa Susanne Bier, o el cine del francés Erick Zonca, La vida soñada de los ángeles, el cine de Michael Haneke, con Caché, las películas de Ken Loach, que sabe imbricar bien los temas sociales y políticos en las tramas. La clave es la humanidad de los personajes.
Hablando de humanizar los personajes, está claro que tal planteamiento es un regalo para los actores, y a algunos, pienso en Patricia Clarkson en Vías cruzadas, o en Richard Jenkins en The Visitor, ha contribuido bastante a “ponerlos en el mapa”, por así decir.
Usualmente trabajo con actores muy conocidos dentro de la comunidad del gremio, aunque no sean tan conocidos para el gran público. Pero vuelvo al ejemplo de Almodóvar. Cuando veo una de sus películas, los actores me parecen estupendos, pero los veo como unos completos desconocidos, no sé quiénes son, no los he visto antes en otros filmes. Son profesionales, pero el guión donde están hace que parezcan más reales. Muchas veces pienso que, para los actores famosos, la celebridad es una carga, porque pierden la capacidad de esconderse en sus personajes.
Quizá ahora muchos actores se acerquen para pedirle estar en sus películas...
Bueno, sí, ocurre, y lo tomo como un cumplido. Y hay un montón de actores con los que me gustaría trabajar, incluidos algunos amigos míos. Pero cuando estás preparando el guión y te acercas al momento de hacer la película, hay una serie de actores que encajan con los personajes que tienes, y de ahí no sales.
Me gustaría que hablara del proceso de catarsis de los personajes, que parecen redimirse de algún modo...
Creo en la redención de los personajes, pero no pienso que deba ser completamente pura, porque siempre se paga un precio. En algunas películas, las redenciones que se presentan son demasiado “limpias”. Pero sí, en el fondo soy optimista, creo en el poder de redención del espíritu humano.
Sorprende la introducción de la historia de amor, a mitad de película. Es arriesgado y sorprendente, otro director no habría aguardado tanto para presentarla...
Sí, es verdad que eso me preocupaba un poco, tenía miedo de introducir a un personaje nuevo a mitad de película. Por otro lado, era muy emocionante intentarlo, era un reto. La idea era cambiar el foco del espectador, que está prestando su atención a una cosa, y de pronto se le pide que mire a otro asunto. En el fondo, es la vida misma, que sigue, se está intentando resolver un problema, se afronta una tragedia, pero seguimos viviendo, no por eso se detienen nuestras emociones. Sentía, a pesar del riesgo, que iba a funcionar, sobre todo porque confiaba en mi actriz, Hiam Abbass, sabía que podía atrapar al público, era como mi arma secreta.
¿Escribió la película pensando en los personajes?
En los principales, sí, en los veteranos. En cambio, tuve que buscar en el caso de la pareja joven.
Me imagino que en algún momento pensó en la posibilidad de lograr la nominación al Oscar por el guión, porque siempre se cuela algún título independiente. Pero le ganó la partida Frozen River...
Sí, se me pasó por la cabeza, que no estaría mal (risas). Sí, creí que podría ocurrir, sobre todo después de lograr la nominación del WGA, el Sindicato de Guionistas. Pero es tan político. En fin, tuve buena compañía, y la gente te lo dice, no puedes evitar pensarlo. Pero honradamente, la posibilidad de ser nominado me emocionaba, y estaba con mi perro tomando un café cuando se anunciaron las nominaciones. Cuando oí la de Richard Jenkins, enseguida me llamó el productor, los dos estábamos emocionados, pero yo a la vez estaba atento a que iban a dar la relativa al guión, y... nada. En cualquier caso, la nominación al mejor actor viene muy bien para el marketing. (avisan que tiene que irse). Bueno, has metido el dedo en una llaga dolorosa (se ríe)
Lo siento (más risas)
