Estuvimos con el director de Duplicity, Tony Gilroy, que dio el campanazo con Michael Clayton y ahora vuelve al mundo del espionaje dentro de las grandes empresas, pero esta vez en clave de comedia. Es un tipo simpático, listo, de respuesta rápida.
¿Las empresas del film son un trasunto de las potencias de la Guerra Fría?
Es exactamente eso. Tienes toda la razón del mundo. Son dos empresas, pero podrían haber sigo igualmente dos países en la Guerra Fría. E incluso se podría haber hecho lo mismo hablando de política.
¿Cómo ha sido su aprendizaje como realizador?
He tenido el gran privilegio de estar en rodajes casi toda mi vida, pues mi padre hacía películas. Así que he estado presente en muchos filmes desde el principio hasta el final, y me encuentro muy cómodo en el plató o en las localizaciones de exteriores de una película. Mi primera película como director, Michael Clayton, la he hecho con cincuenta años, y eso tiene muchas ventajas, aunque también desventajas. Por un lado sé lo que no quiero hacer, y por otro hay que darse prisa para aprender nuevas cosas.
Casi toda su carrera ha sido guionista. ¿Cómo ve esas dos facetas de su trabajo, la de guionista y director? ¿Cree que el guionista debería de tener más poder en la película?
Al escribir un guión es tremendamente frustrante cuando ves que un realizador no está plasmando lo que tú has escrito. Pero no estoy tan de acuerdo con eso de que el guionista debería tener toda la responsabilidad. Lo debe tener el director. Pero por otra parte es un director muy poco inteligente el que no escucha los consejos o sugerencias del guionista. De hecho, desde que he empezado a dirigir películas, he vuelto a escribir, y pienso que de algún modo ahora soy mejor escritor, ya que tengo una mejor relación con los directores. Ahora entiendo mucho mejor los problemas de dirigir una película.
La música es perfecta. ¿Podría hablarnos de ella?
Me alegra mucho que me hagas esta pregunta. No me hacen muchas preguntas sobre eso. Yo me he dedicado antes a la música y he trabajo antes con John Newton Howard en Michael Clayton. Para Duplicity, la música tenía que ser como un actor más. Tenía que marcar el ritmo, ser pegadiza, definir el tono de las escenas. Y la verdad es que no podría imaginar la película sin la banda sonora.
Los créditos del principio son muy originales, con los dos empresarios peleando...
Esa escena es muy eficiente a la hora de presentar lo que está sucediendo entre ellos. Lo que no quería era estar toda la película volviendo sobre el tema del odio que se tienen las dos empresas. Y una pelea tan amplia, tan física, era muy eficaz. Y luego era muy estética, muy bonita de ver, con la lluvia, los colores grises, etc.
Parece muy arriesgado adoptar un tono de farsa, excesivamente ligero para esta película. ¿Se sabía ganador ya con el reparto o simplemente quiso dar un giro con respecto a Michael Clayton?
Este guión lo escribí hace unos seis años, cuando estaba haciendo Michael Clayton. La película ya se había ofrecido a gente como Steven Soderbergh, a Steven Spielberg (que la iba a hacer con Tom Cruise), etc. Y yo me pregunté ‘¿y ahora qué hago?’, y simplemente me apeteció hacerla, era una historia completamente distinta y me interesó. Pero no tenía seguridad ninguna del éxito. De todas formas, cuando mejor trabajas es cuando tienes miedo, cuando no hay seguridad, sino riesgo. Y además me encanta confundir a la gente.
¿Qué es lo que más le gusta de dirigir?
Tener el control. Me sorprendió mucho lo relajante que es tener el control de todo, porque cuando estás haciendo otra cosa siempre sientes como una frustración subliminal... Siendo director esto desaparece, y demás todo el mundo te quiere ayudar. Si necesitas agua, todo el mundo te sirve; en cambio, si eres escritor, a nadie le importa lo que hagas. Es fantástico.
¿Qué se siente al controlar a Clooney, a Roberts...?
Bueno, cuando decía que me gustaba el control no me refería a que me gusta manejar a gente como marionetas... La mejor forma de controlar es tener un guión sólido. Si tienes un guión sólido y un buen casting, tienes el 95% de la película. Ya está hecha. Además en el mundo del cine estás rodeado de gente a la que le encanta su trabajo y saben muy bien lo que hacen. Sucede lo mismo con estrellas como Julia Roberts, George Clooney o Clive Owen. Todos va remando en la misma dirección. Es decir, no me refería tanto a control como mando, sino en referencia a que la última decisión la tomo yo. Pero cada uno hace su trabajo y son grandes profesionales.
El film es un divertimento, pero supongo que habrá una base real en la historia. ¿Se documentó sobre esto?
Todo lo que ves en la pantalla ha ocurrido en la vida real. Hace como seis o siete años, cuando empecé a trabajar sobre la película, los espías me contaban cómo habían dejado de trabajar para los gobiernos y se habían pasado a las empresas, al espionaje corporativo. Se mueve muchísimo dinero y el espionaje muy importante para estas grandes empresas.
¿Por qué le dio a Paul Giamatti un papel tan inusual para él?
Había otro actor previsto en su lugar. Pero hubo un problema de agenda y tres semanas antes de empezar a rodar me encontré con Paul Giamatti en un bar de Nueva York. Venía de viaje y estaba hecho una facha, yme decía riéndose ‘¿y quieres que yo sea un ganador? ¿un ganador?’... Le dije que tenía que ser tan convincente como George C. Scott en Teléfono rojo volamos hacia Moscú. Entonces aceptó el papel y al día se fue a un salón donde le acicalaron como un pincel. Y se me presentó hecho un dandy y diciéndome: ‘Aquí estoy yo. Un ganador’.
¿Y Clive Owen fue su primera elección? ¿Qué tal se llevaron?
Escribí el guión hace años, sin pensar en él. Estaba en una fiesta, en medio del rodaje de Michael Clayton, y George Clooney me dijo que me iba a presentar a Clive y que tenía que hacer la película con él. Nos conocimos y tomamos un par de copas, aunque no hablamos entonces de la película. Pero vi que era una persona encantadora, relajada, divertida, y que nadie lo había plasmado así en pantalla. Es perfecto para el papel.
