“Con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide...”, Alex de la Iglesia será desde el próximo 21 de junio el nuevo presidente de la Academia de Cine en España. La suya es la única candidatura presentada al cargo, y en la aventura le acompañan Icíar Bollaín (vicepresidenta primera) y Emilio Pina (vicepresidente segundo). De la Iglesia me recibe en la sede de la Academia, y me confiesa que, aunque le basta un solo voto para ser ratificado como presidente, su deseo es que el domingo vote mucha gente en la Asamblea General convocada. No en balde una de sus prioridades consiste en que la gente del cine se implique más en las actividades de la Academia, y dé una buena imagen de sí misma. Imagen que en estos momentos, admite, se encuentra algo deteriorada.
¿Por qué complicarse la vida presidiendo la Academia?
Es importante tener conciencia de grupo, trabajar juntos. Es el momento de arrimar el hombro, y hacer causa común. Si no lo hacemos nosotros, ellos mismos nos agrupan. Nos colocan en una misma estantería.
¿Quiénes son ‘ellos’?
Me refiero a los medios de comunicación. A la opinión pública. Y es bueno que nosotros mismos seamos conscientes y ofrezcamos nuestra propia imagen. No podemos dejar que sean los otros quiénes digan cómo somos, hemos de ser nosotros mismos los que expliquemos lo que hacemos y cómo trabajamos. Ésa es nuestra obligación. Nuestra obligación como Academia no es sólo ayudar, proteger, informar a los miembros de lo que ocurre afuera. Todo lo contrario. Lo más importante es dar información a la sociedad, al público, de cómo funciona el cine español, y qué están haciendo los miembros de la Academia.
Sólo ha habido una candidatura a la presidencia de la Academia, la suya. En el pasado se ha llegado a dar la circunstancia de que no había candidatos. ¿Cuál es su valoración? ¿Esto lo considera normal?
En este país, por desgracia, sí, es normal. Nunca hemos sido profetas en nuestra propia tierra, y la gente evita los problemas. El cargo de presidente no está remunerado y lo único que puede traer es mucho trabajo, muchos problemas, y a veces enemistades. Por eso es importante hacerlo, para cambiar las cosas. Que la gente se siente orgullosa de su Academia, y orgullosa de su profesión. Yo me siento orgulloso de mi profesión y de la gente que está dentro. Comparto sus problemas, porque los vivo. Y estoy harto de que un taxista, por ejemplo, me diga ‘¿qué estáis haciendo con las subvenciones?’. Estoy harto, y quiero explicarlo. Los datos que se están dando no son auténticos, y la imagen que se está dando no es auténtica. Quiero dar otra imagen. No quiero lamentos ni quejas. A nosotros nos va bien. Esa imagen de crisis del cine español es errónea. Y hemos de vernos desde fuera. Estamos haciendo grandes películas, y el cine español va mejor de lo que muchos creen, de lo que muchos desean.
¿Está la Academia en pañales, o es una institución sólida, con raigambre?
En absoluto. La Academia tiene ahora una serie de actos y presencia social muy importante. Es lo que tenemos que ganar. No es tanto fomentar. La gente tiene que enterarse de que aquí se da cine todos los días, que la Academia está abierta a la gente, que vamos a acercar el cine a la gente, que van a poder hablar con los directores y saber cómo se hacen las películas, seguir el día a día de la Academia...
Eso está bien, pero se trata más de proyectos que de realidades...
Es verdad, aunque algunas cosas como las retrospectivas las empezó a realizar Ángeles González Sinde en el último año, y yo voy a desarrollarlas. Por la mañana, por la tarde, con ciclos, la página web, foros... Queremos que los miembros de la Academia pasen más por esta sede.
¿El modelo es la Academia de Hollywood, salvando las distancias?
No, la Academia francesa y la inglesa funcionan muy bien, y las tengo como referencia. Yo querría acostumbrar a los miembros de la Academia a que se pasaran por aquí, por ejemplo a encontrar ofertas de trabajo. No estamos hablando de un hobby. Es la manera de vivir de un montón de gente, muchas familias. Yo tengo que defenderlas. A veces parece que algunos creen que los demás trabajan y nosotros hacemos cine. No. Nuestro trabajo es el cine. Y el suyo hacer entrevistas, o el taxista llevar gente. Esto es un trabajo, y un trabajo muy duro. No son sólo canapés y reuniones en galas. Eso es lo que se ve desde fuera, y es lo que se debe ver, porque tampoco debemos dar una visión pesimista o triste, sino optimista y alegre. Porque al fin y al cabo somos entretenimiento, somos una alternativa para el fin de semana. Pero que sepan que la Academia es más que eso. No hay sindicatos para defendernos, y la Academia es nuestra casa.
Ha salido el tema de la imagen del cine español. Gran parte del público tiene la impresión de que se ha dado una excesiva politización, y eso les ha apartado de ver películas españolas.
No es cierto. Entre la opinión de la gente y lo que verdaderamente ocurre hay un espacio intermedio, y creo que tenemos que aclararlo. Es cierto que hay gente que tiene opiniones individuales muy claras, y nosotros no sólo estamos en contra, sino que lo favorecemos. Todo el mundo tiene todo el derecho a opinar lo que quiera y en el lugar que quiera. Otra cosa es lo que opina la Academia como institución. La Academia como institución no tiene ideología, representa a todo el mundo por igual. Y no es cierto que los miembros tengan una dirección ideológica determinada, los hay con puntos de vista totalmente contrapuestos. Mi labor como presidente es aclararlo e intentar representar a todos. Apoyo, promuevo y me congratulo de que cada uno tenga su opinión sobre las cosas, pero la Academia no tiene una opinión política. Quiero que lo sepa todo el mundo, y que la gente que en algún momento se haya podido sentir ofendida por ello, lo tenga claro.
¿Y cómo se deshace esa imagen, no ha habido razones para hacérsela?
No se puede cuando a un determinado tipo de gente les interesa que se mantenga esa imagen, e incluso fomentarla. Quieren dar una opinión concreta y encasillarnos.
¿Y quién es esa gente?
Las personas que creen que nos hemos beneficiado por nuestras ideas, por una determinada tendencia. Esa gente quiere dar una sensación, colocarnos en un lugar determinado. Hay intereses políticos, todos lo sabemos. Yo por eso quiero que quede claro que no hay una opinión de la Academia. Existen las ideas individuales, yo por ejemplo tengo una ideología muy clara, muy personal, muy radical, que me pertenece a mí y a nadie más. Como presidente soy apolítico.
¿Pero no sería necesario hacer algo de autocrítica acerca de esa imagen que se ha creado?
Por supuesto que hay que hacer autocrítica. Hay que estar dispuesto a discutir y hacer un reconocimiento de nuestros errores, quizá no hemos sido suficientemente claros. Y quizá hemos hecho mal en no responder.
Y es que, aunque suene mal, nosotros nos dedicamos al mundo del arte. Somos artistas, aparte de trabajar en una industria que mueve mucho dinero. Hacemos películas. Es una labor muy creativa. Nos aburre y nos cuesta explicarnos. Es como cuando te piden que expliques tu película. Yo siempre respondo a eso que la película se explica por sí misma, o que debería ser así. No tengo que explicar la película, si fuera así me dedicaría a otra cosa. Pero hay que hacer un esfuerzo por explicarse. Por plantar cara a las cosas que se dicen. Y normalmente no lo hacemos, te dices ‘no voy a entrar en ese juego de descalificaciones’. Y hay que entrar. Porque si no, la gente piensa que tienen razón los que dicen lo que dicen. Hay que aclarar cosas cómo eso de que el cine vive de las subvenciones. No es cierto. Es mentira, mentira. Es así, y se lo demuestro. Una película sólo puede estar subvencionada hasta el 33% de la inversión del productor. La subvención no llega hasta pasado año y medio, dos años, de la finalización de la película. Por lo cual hay que pedir créditos al banco, que además generan unos intereses, y un gasto adicional. Es muy complicado conseguir que la película salga adelante. E incluso hay posibilidades de que esa subvención no llegue al productor, aunque se haya gastado. Porque la película tiene que hacer una determinada cifra en taquilla.
¿Ha ocurrido alguna vez que una subvención concedida haya sido retirada?
Algunas veces sí. Desgraciadamente, sí. Generalmente se rentabiliza la subvención, no sólo por la taquilla, sino por las ventas internacionales, que son superiores a las nacionales, según Pedro Pérez de la Federación de Productores, por los pases en televisión. La vida de una película es larga, viaja mucho, tiene diferentes formatos.
Además las películas son la forma de presentarnos ante el mundo. España es conocida en el mundo por una película que se llama El orfanato. O por un tipo que se llama Javier Bardem, que triunfa. O por una chica que se llama Penélope Cruz. Es muy importante, tanto como el fútbol. Es la imagen que genera un país. Cuando preguntan a los turistas por qué vienen a Barcelona, a España, dicen que por la cultura, no por la agricultura, por las naranjas, o por cómo se come. Por cómo es la gente.
Está claro que la cultura es importante.
Hemos de creernos a nosotros mismos. Cuando alguien de fuera dice que una película española es buena, entonces todos decimos que es buena. Porque lo han dicho los de fuera. Así de tontos somos. El orfanato es extraordinaria, el cine de Pedro Almodóvar es importante. Y mucha gente, maquilladores, transportistas, etcétera, vive del cine, cada película genera muchos puestos de trabajo, directos e indirectos. Y la gente lo olvida.
Ha declarado que, al contrario de lo que opinan algunos productores, no se hace demasiado cine en España.
A mí eso me parece aberrante.
Parece lógico pensar que cada uno haga lo que quiera, mientras pueda...
¿Imagina que alguien dijera que se dejaran de hacer tantos coches, que son todos iguales? Molestaría mucho a la industria automovilística. O el vino. Que sólo se haga Rioja y Ribera de Duero. ¿Quién decide que una película se puede hacer, y otra no? ¿Quién tiene la máquina que diga que esta película va a ser buena y esta otra no? Es de niños. Es absurdo. De acuerdo que se pueden establecer unos baremos, pero no deberíamos. Estaríamos creando una técnica muy tendenciosa, donde el mercado decide qué se hace o qué no. Puedo asegurar que el que hace una película que no funciona tiene problemas para hacer la siguiente.
Que el mercado mande puede sonar duro, pero al final se trata del público, lo que parece que funciona en otros países.
Y aquí también. ¿Qué pasa, que sólo hacen cine los que tienen una subvención? No.
Usted se formó en el corto...
Pero por poco tiempo, sólo hice uno, gracias a Pedro [Almodóvar] pasé enseguida al largo.
El año pasado la categoría del mejor corto estuvo a punto de quedar arrinconada en los Goya...
Eso fue un error. Ése es un tema para hacer autocrítica. Fue un error, pero lo corrigieron los mismos que lo cometieron y fueron muy rápidos. La cosa provino de la idea de siempre de agilizar la gala de entrega de los premios. Pero reconocieron que se habían equivocado, actuando muy rápido.
¿Qué opina del falso directo en la retransmisión de la gala de los Goya?
Mi intención es profesionalizar la retransmisión. Intentar que sea menos cómplice con el público. Que sea un producto que funcione. Debe ser un programa de televisión, con un realizador televisivo detrás lo más competente posible. No hacer muchas bromas. Tener alguna actuación interesante. Un buen producto, y punto. Con los medios que se tienen.
¿Y se cargaría el falso directo?
No. Es fundamental para poder corregir cosas, y hacerlo con más ritmo. Así puedes cortar cosas. También lo hacen los Oscar.
Bueno, los Oscar tienen un retardo de unos segundos, no es lo mismo...
Sí, pero llevan mucho tiempo, y en la última ceremonia habrán tenido el presupuesto de nuestra gala de los últimos 15 años. (risas). Y tienen una gran experiencia, mientras que nosotros todavía, desgraciadamente, estamos como si fuera la primera vez.
A la hora de dar los premios, ¿se anima mucho la gente a votar?
En la Academia somos algo más de 1.700 miembros, y pueden llegar a votar un tercio, aunque no lo sé con exactitud, el recuento lo hace el notario. Más en la segunda vuelta que en la primera.
Ha habido muchas series televisivas españolas que enganchan al público, y esto luego se traslada a las películas en que aparecen sus actores. Pienso en El internado y Sin tetas no hay paraíso, donde Ana de Armas y Amaia Salamanca han logrado atraer luego al público con Mentiras y gordas y Fuga de cerebros. Muchas productoras creen que es más rentable invertir en tele, y en todo caso aprovechar el tirón tele para el cine...
Ocurre como en Estados Unidos, aunque allí cuentan con un presupuesto infinitamente superior para las series. Y los cachés de cine y tele son totalmente diferentes. Normalmente, por suerte, los actores tienen a bien cobrar menos en cine. Lo que Antonio Resines cobraba por hacer Los Serrano no tiene nada que ver con lo que recibe por una película normal. No podemos pagar lo que se paga en televisión. Y sí, puedes aprovecharte del enganche que produce una serie, cara a usar a los actores. Pero está claro que la forma de ver una serie es muy diferente a cómo se ve una película. La retención en una sala oscura es muy distinta. La atracción de los actores televisivos ha ocurrido siempre. Groucho Marx se hizo famoso por un programa de televisión.
Curiosamente hay un acercamiento del público a las series televisivas españolas, y un alejamiento del cine español.
No creo que haya un alejamiento del público del cine español. El que se entera, va a verlo. El problema es la cantidad de gente que no se entera. El problema no es el público o las películas. Es el modo de comunicarla, de promocionarla de hacerla llegar. Por supuesto, se pueden hacer mejores películas. Pero no tenemos el dinero para hacer X-Men Orígenes: Lobezno. Hemos de encontrar la fórmula para hacer una película rentable con el dinero que podemos manejar. No tenemos la capacidad de llegar al público en campañas, anuncios televisivos. Necesitamos de vuestra complicidad, la de los medios de comunicación. Yo hago una película, y no tengo dinero para promocionarla, puedo poner como mucho unos mupis durante una semana, y me gasto un ‘pastón’. Y un anuncio en la tele cuesta 20 ‘kilos’, sólo puedes poner uno al día, durante menos de 5 días. Y has de buscar presencia en programas, al estilo de lo que hace Santiago [Segura], que se promociona de modo muy inteligente. Por eso necesitamos vuestra ayuda.
¿Pero no hay muchas películas alejadas de la sociedad española, de sus inquietudes, de sus gustos?
Posiblemente. ¿Pero por qué has de reflejar como es la sociedad? Haces la película que tienes en la cabeza, para que funcione. Pero hay que ser generoso, y pensar en el público, así lo veo yo. Como si pintas un cuadro, o haces un zapato. Desde luego, si nadie puede ponerse el zapato es absurdo.
Las películas se hacen a veces para el propio director.
Todo el mundo quiere hacer la película que tiene en la cabeza. Y a la vez quiere atraer al mayor número posible de espectadores. Y hay que buscar una afinidad entre una cosa y otra. Y según te inclines más a un lado o a otro dirán que te has vendido al público, o que no consigues conectar con él. Ambas posturas tienen consecuencias negativas, como se puede ver. Triunfas cuando de algún modo logras parecerte a lo que desean millones de personas, que es lo que consigue Steven Spielberg con E.T., el extraterrestre. Es algo intimista, y coincide con el público.
En 2008 se produjo un fenómeno de películas “españolas” como Vicky Cristina Barcelona, Che, Transsiberian. Y hay cineastas como usted (Los crímenes de Oxford, La marca amarilla), Isabel Coixet (Elegy, Mapa de los sonidos de Tokio), Alejandro Amenábar (Ágora), que ruedan en otros idiomas. ¿Cómo lo valora?
Todo eso es cine español, igual que el Real Madrid y el Barcelona son equipos de fútbol españoles. Ellos quieren que sus clubes funcionen, y con las películas pasa igual. Hay que conseguir que el espectáculo funcione y triunfe internacionalmente, hay que ser más ambiciosos. Y hay que trabajar en inglés, como si trabajamos en turco. A mí eso me da igual, porque la producción es española.
Estoy de acuerdo, pero me parece que muchos en el cine español no tienen ese esquema.
Ese esquema deberíamos tenerlo todos. Ése es el camino.
¿Y La marca amarilla, ya está en marcha? ¿Su presidencia va a dificultar el trabajo de dirigir?
Es un ejemplo de película pensada para funcionar en el mercado internacional. Cine de aventuras que llevo tratando poner en marcha desde hace ocho años, y que empezaré a rodar el año que viene.
Soy un gran admirador del cómic de línea clara, Tintin, sobre todo, pero Blake y Mortimer siempre me han parecido un poco sositos...
¿Sí? Bueno, a mí es que me gusta lo sosito (risas). Mi referente en esta película es el cine de las aventuras de Quatermass, producido por la Hammer.
