"111 películas que inspiraron a Hergé", de David Baker
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"111 películas que inspiraron a Hergé", de David Baker

111 películas que inspiraron a Hergé (David Baker, Ediciones Delaville, 128 págs)

Tintín se ha ganado por derecho propio un lugar de honor en el arte del siglo XX, es seguramente la mejor “bande dessinée” de todos los tiempos, una de esas obras que acreditan la justicia de que el cómic sea conocido como el Noveno Arte. Los álbumes de Hergé no sólo han hecho las delicias de generaciones de lectores de todas las edades, o han puesto en pie a una auténtica legión de fans, sino que los logros artísticos de Georges Rémy son tales que han dado lugar a todo tipo de estudios eruditos y tesis doctorales.

El libro que nos ocupa, de David Baker, nos descubre la influencia que ha tenido el cine en la obra de Hergé. A nadie se le escapa que en el mundo de la viñeta se utiliza un lenguaje con muchos puntos en común con el audiovisual, ya sea en la composición de las viñetas, semejante a la de los planos, o en lo que sería el montaje o edición, el paso de una viñeta a otra para contar una historia. El autor de Tintín reconocía sin ambages en este sentido que “he llegado a ver las cosas 'en cine', si se me permite la expresión”.

La infancia y juventud del artista belga corre paralela a la del desarrollo y madurez del cinematógrafo, con el elemento añadido de que, más allá de los juegos y excursiones, las películas eran uno de los pocos entretenimientos que un chaval, en la segunda década del siglo XX, podía disfrutar. De modo que con su madre y su hermano, disfrutó de muchas sesiones semanales, donde tenía enorme presencia el cine del gag, Harold Lloyd, Buster Keaton y Charles Chaplin, de enorme influencia posterior en su obra.

Baker ha rastreado títulos concretos de películas, hasta alcanzar los 111, que habrían dejado su huella en la concepción de la obra de Hergé. Algunas menciones son muy claras, otras podrían ser inconscientes o fruto de la casualidad, pero todas tienen su encanto. La mayor parte de las referencias no van más allá de la década de los 30 del siglo pasado, pues ya en su madurez, Hergé dejó de acudir a las salas de modo regular. El autor, citando a Germaine, la esposa del artista, comenta que “no le gustaba ir al cine, porque él creía que hacía lo mismo”.

Quizá este libro, aunque valioso sin lugar a dudas, sea ilustrativo de las limitaciones del papel para ejemplificar lo que cuenta, pues Baker se ve obligado simplemente, a señalar, en cada uno de los casos de estudio, la página del álbum y el minutaje aproximado de la película, donde se produce una coincidencia, guiño o mención. En la presentación que hizo en Madrid en el 11º Encuentro Tintinófilo el pasado 15 de febrero, en la Fundación Carlos de Amberes, podía mostrar visualmente con un powerpoint, la viñeta referenciada, y un clip de película, pero en el libro, aún más por la sensibilidad que muestran los herederos de Hergé con el uso de su obra y la propiedad intelectual, no cabe este ejercicio comparativo; a cambio, el lector puede aplicarse a buscar en internet, y hacerse a sí mismo esta esforzada ilustración, pero sin duda que sólo los más incondicionales se animarán en los 111 casos, que son más cuando las menciones son varias. En cualquier caso, resulta gozoso ver las menciones a King Kong en “La isla negra”, imaginar que Woody Allen con Bananas pudo dar ideas para “Tintín y los pícaros”, o Federico Fellini con La dolce vita para “Las joyas de la Castafiore”. O saber que el capitán Haddock es deudor del capitán Craddock de Bombas en Montecarlo. Y que maestros como Frank Capra, John Ford, Orson Welles o Jerry Lewis pudieron inspirar al maestro de la viñeta.

Y ya sólo queda una sugerencia al autor. ¿Qué tal otro libro que se titulara “111 películas que se inspiraron a Hergé”, o sea, cómo él ha influido en otros? Ahí queda lanzado el guante, para ser recogido si lo estima oportuno.

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