Pedro Almodóvar ha vuelto a Cannes. “Amarga Navidad (Bitter Christmas)”, el nuevo melodrama del cineasta manchego, ha tenido una cálida acogida en su estreno en competición, pues ha recibido una ovación de seis minutos y medio en el Grand Théâtre Lumière.
Después de experimentar con el inglés en La habitación de al lado —la película protagonizada por Julianne Moore y Tilda Swinton que le dio el León de Oro en Venecia—, Pedro Almodóvar regresa ahora a su lengua materna y a los códigos emocionales de su cine más reconocible: pasiones desbordadas, heridas sentimentales, colores imposibles y personajes que sufren con tanta intensidad que uno casi espera que les receten ibuprofeno emocional.
La ovación fue más contenida que la de La habitación de al lado, que alcanzó los 17 minutos, pero el ambiente estuvo lejos de ser frío. De hecho, la proyección reunió a uno de los públicos más estelares del festival. Juliette Binoche esperaba al director en primera fila lista para abrazarle, mientras que el veterano Ken Loach, de 89 años, apareció en la alfombra roja entre aplausos casi reverenciales. También dejaron caer su admiración nombres como Darren Aronofsky, Dita Von Teese o la inseparable musa almodovariana Rossy de Palma.
Visiblemente emocionado, Pedro Almodóvar tomó el micrófono durante la ovación para agradecer el cariño del festival. “Esto es tan conmovedor que no tengo palabras”, confesó el director, recordando su larga relación con Cannes y asegurando que nunca ha encontrado un público tan cálido como el francés. Una declaración que, viniendo del hombre que convirtió el sufrimiento sentimental en una forma de arte pop, sonó casi como una escena eliminada de una de sus películas.
Amarga Navidad parece mirar también hacia el propio estado emocional del director. La película habla de artistas perdidos que intentan reencontrarse consigo mismos, un tema que muchos han interpretado como una reflexión sobre la etapa final de la carrera de Pedro Almodóvar. Todo ello envuelto en su habitual festival cromático, decorados imposiblemente elegantes y la música de Alberto Iglesias, colaborador histórico del cineasta.
El humor tampoco falta. Uno de los momentos más celebrados llega cuando Elsa, interpretada por Bárbara Lennie, explica que la llaman directora “de culto” porque casi nadie ve sus películas, aunque quienes las ven las aman. Más adelante, otro personaje lanza un insulto devastador para cualquier guionista según la lógica almodovariana: “Netflix te ha estado esperando toda tu vida”. Cannes estalló en carcajadas. Porque en el universo de Pedro Almodóvar hay dramas, lágrimas y madres sufridoras… pero también puñaladas cinéfilas con denominación de autor.
