Los actores Daniel Craig, Javier Bardem y Naomie Harris, el director Sam Mendes, y los productores Barbara Broccoli y Michael G. Wilson cayeron del cielo de Madrid para presentar en un céntrico hotel “Skyfall”, la última película del agente secreto más famoso del mundo.
Sam Mendes explicó que su primer contacto con James Bond fue en 1973, cuando tenía 8 años, y que curiosamente se trata de la misma película que inició a Daniel Craig en la saga, Vive y deja morir, protagonizada por Roger Moore. Luego descubriría las películas de Sean Connery, y vería el resto en televisión. El director de American Beauty asegura que viendo 007 Casino Royale con Craig, “recuperé el entusiasmo de cuando era niño”, y afirma estar “muy orgulloso de formar parte del legado de esta familia”, alusión que parecía de doble sentido, la familia bondiana, y la familia Broccoli, dueña de la franquicia cinematográfica.
En la misma línea, Daniel Craig que “es muy difícil no ser fanático de Sean Connery” aunque admitió que él conoció a Bond con las películas de Moore. A la hora de señalar un título bondiano favorito, el actor de 44 años se decantó por Goldfinger. Sobre la evolución del personaje Craig destacó “la mirada fresca” de Skyfall, que no se limita a repetir lo hecho en las anteriores películas.
Javier Bardem dijo no considerarse parte del Olimpo de Hollywood, y se mostró muy apasionado con el guión de Skyfall, dijo que “era un material extraordinario, muy bien escrito, donde los diálogos tienen matices”. A pesar de la envergadura del film destacó el buen ambiente en el set, hasta el punto de decir que “parecía que estuvieran rodando una película independiente de pequeño presupuesto”. Explicó Bardem que una película puede salir mejor o peor pero que “lo que recuerdas pasado el tiempo es la calidad humana de las personas, la experiencia si fue placentera, lo profesional y lo personal”.
Ante las alabanzas de Craig sobre lo bien que había compuesto su personaje de villano, Bardem bromeó diciendo que le había regalado un jamón. También explicó que le encanta haber hecho al malo porque cuando era niño vio Moonraker y se le quedó grabado el personaje de Tiburón, que dijo le parecía muy simpático. Sobre el aspecto extrafalario de su personaje, el actor explicó que le ayudó mucho la idea, discutida con el director, de que su personaje debía ser alguien con el que Bond se sintiera incómodo. De modo que, bromeó, “mirarse en el espejo y verse con la peluca rubia era un daño colateral”. Mendes explicó que seleccionó a Bardem como villano porque “estaba lleno de ideas, y tenía sentido lo que decía”.
A la pregunta de quiénes son los villanos en el mundo real, pareció que Bardem se pensaba bien lo que decía, tal vez mordiéndose la lengua, antes de responder “los que rescatan a los bancos y no a las personas, los que no saben cómo afecta a una persona un desahucio”.
Naomie Harris, nueva chica Bond, dijo que pudo seguir el paso de 007 gracias ”al entrenamiento con una gente fantástica, que durante dos meses le preparó para las peleas y el uso de armas tres veces a la semana”. Piensa que su personaje es el de una mujer moderna que produce respeto. “En ese sentido es original”, opina, y se aleja de otras chicas Bond. De todos modos Harris admitió que se conservan “elementos clásicos, como el glamour, el hecho de que es enigmática, el uso de sus encantos...”.
Para Mendes, hacer el film supuso volver a casa, el Reino Unido. Y le gustó fijarse en las últimas novelas de Ian Fleming, y bucear en los “lugares oscuros del ser humano”. Lo que se ve en Bond, “conflictivo, cínico y deprimido”, “un asesino”. Matizó que decir que es un “alcohólico” le parecía “reductivo”, pero admitió que “está en su momento más bajo y necesita reconstruirse”.
