Ya está todo el pescado vendido. Vista la película de clausura Intouchables (Intocable), una comedia francesa que no entra en la competición, ideal para desengrasar y echar unas risas, sólo queda esperar el veredicto del jurado presidido por Frances McDormand, y confiar en que lo dictaminado entre dentro de lo razonable.
Cuando hay que hacer cábalas sobre unos premios, caben diversos enfoques. El que parece más lógico consiste en considerar cuáles han sido las mejores películas del certamen, en qué apartado ha destacado cada una, y punto. Pero, claro, hay más. Uno puede pensar en el politiqueo, que si hay que premiar a una película española, que ya que se han portado tan bien los Fulánez no se les puede dejar sin recompensa, que si una condición para venir aquí era figurar en el palmarés... Y también cabe analizar a los miembros del jurado, y pensar que a Mengano le puede apetecer premiar a tal compatriota, o que apoye a alguien que ha hecho un cine del estilo del suyo, o al revés, que nadie sabe más de thriller o comedia que él, y Zutana ha hecho una película pedante, no ha entendido nada de las esencias del género. Aunque parafraseando a Pascal y a la película de Ripstein, también podríamos decir que el Jurado tiene razones que la razón no entiende.
En fin, voy a dejarme de prolegómenos, y allá voy, a mojarme un poco. Empezando por lo gordo, creo que Kiseki (Milagro) de Hirokazu Koreeda debería ganar la Concha de Oro, o al menos uno de los premios grandes. Su historia de dos hermanos separados por la ruptura de sus padres resulta conmovedora, es bastante redonda, y encima eleva el ánimo en tiempos de crisis, algo que se agredece. La verdad, no veo otra opción clara para el premio áureo, aunque Mundo injusto podría tener opciones; y otra película de Oriente como 11 Flowers, podría dar la sorpresa, al fin y al cabo los chinos se están haciendo los amos del mundo; y quién sabe si Arturo Ripstein podría cautivar a Guillermo Arriaga y compañía con Las razones del corazón, y repetir el premio que ganó hace once años con La perdición de los hombres. Pero no lo veo probable.
¿Opciones del cine español? La mejor apuesta es Enrique Urbizu, que podría ganar por la dirección de No habrá paz para los malvados; también se habla de José Coronado como actor, pero no acabo de verlo, antes me quedaría con Mathieu Demy por Americano, o Simon Russell Beale por The Deep Blue Sea, e incluso con los niños de las películas orientales. La maniquea visión de la guerra civil española de Benito Zambrano en La voz dormida sólo debería tener chances para la mejor actriz, María León, cualquier otra cosa sería un disparate, pero claro, el buen rollito ideológico podría decidir otra cosa. En cuanto a Los pasos dobles, no, no debería ser reconocida, Isaki Lacuesta no acierta con esta muestra de cine experimental, mejor es sin duda El cuaderno de barro, presentado en Zabaltegi.
Pienso que tampoco tienen demasiadas opciones para figurar en el cuadro de vencedores el Amen de Kim Ki Duk, la estadounidense Rampart, El Skylab de Julie Delpy y el Take This Waltz de Sarah Polley. En cambio podrían colarse de algún modo en los premios Ann Petrén como mejor actriz por Happy End, la fotografía de The Deep Blue Sea, o algún premio del jurado o a la actriz Rita Blanco para la “heavy” Sangre de mi sangre.
Pues nada, ahí queda eso, esperemos que el jurado a la hora de dar sus premios en el día del santo de las Mercedes, conceda justas mercedes a los concursantes. Y ahora, a coger olas en la Zurriola, si el sirimiri lo permite, tomar unos pintxos en el barrio viejo, o lo que sea.
