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Zona friki

Fui a ver a “Godzilla” y me encontré con Lassie

Fui a ver a “Godzilla” y me encontré con Lassie

(Atención, se desvelan importantes elementos de la trama; el que avisa no es ‘spoileador’).

El temible Godzilla me trae grandes recuerdos nostálgicos de las viejas películas japonesas de Toho. Me identifico especialmente con Tim Burton cuando afirmó que siempre había soñado con ser el tipo que se disfrazaba de Godzilla, al que dejaban destruir a su antojo un decorado gigante de la ciudad de Tokio. El mejor trabajo del mundo junto con el de testeador de jamones de pata negra. Adoro especialmente King Kong contra Godzilla, aunque sólo pude ver la versión occidental en la que ganaba el gorila gigante, mientras que la japonesa se saldaba con victoria local del dinosaurio.

Así que el anuncio de una revisión de las andanzas de Godzilla, a cargo del director de Monstruoso, y con un reparto encabezado por Bryan Cranston, el prota de Breaking Bad, fue para mí un notición superior a que Belén Esteban hubiera tenido un hijo con el conde Lequio. Además, Cranston iba a estar bien acompañado por actorazos como Juliette Binoche, Sally Hawkins y hasta el gran David Strathairn.

Y bien, creo que Cranston se gana el sueldo expresando a la perfección la tragedia de su personaje, científico al que las autoridades le arruinan la vida. Pero muere enseguida, y a partir de ahí la película se convierte en una exhibición de efectos especiales supuestamente apabullantes pero que te hacen añorar al tipo disfrazado de Godzilla de antaño, que tenía mucho más encanto. Por su parte, Binoche también la palma, en el minuto 2, y Hawkins y Strathairn apenas tienen presencia en pantalla.

No es culpa del director, Gareth Edwards, al que le han dicho que la versión anterior, de Roland Emmerich, recibió muchas críticas y fracasó porque –es cierto– se centraba demasiado en las peripecias absurdas de unos personajes que no le interesaban a nadie. Pero, digo yo, ¿no es posible un equilibrio? Aquí (salvo Cranston) apenas tienen importancia los humanos. Para colmo de males, el marine heroico de videojuego interpretado por Aaron Taylor-Johnson (el recibeguantazoss de Kick-Ass), que es el que más presencia tiene en la trama, jamás atrae la atención. Y su mujer y su hijo aparecen episódicamente aunque daría igual que les hubieran eliminado del montaje.

GodzillaPero lo peor es el monstruo en sí, que aspira a empatizar con el público. Como gran aficionado al cine de terror siempre me he sentido identificado con King Kong, Frankenstein o  con el Jack Skeleton de Pesadilla antes de Navidad, grandes incomprendidos. Pero aquí es imposible conectar con un Godzilla que acude al rescate de la humanidad y a diferencia de las otras criaturas del film, hasta tiene cuidado cuando camina entre edificios, no vaya a romper nada. ¡Si parece la perra Lassie de las narices! Sólo le falta dar educadamente las buenas tardes. Para colmo de males, lo convierten en una metáfora de que no es el hombre el que domina la naturaleza sino al revés, porque resulta que el film tiene un mensaje ecologista de manual tipo Noé. Apañados vamos.

Con quienes cualquier espectador vibra es con los otros dos monstruos. ¡Los supuestamente malvados! En realidad el largometrajees una bonita historia de amor. Revisemos el argumento. Dos criaturas latentes enamoradas se comunican de un extremo al otro del mundo para poder reunirse cuanto antes. Pero el perverso Godzilla escucha su mensaje y despierta para aniquilarles porque no tiene nada mejor que hacer. De camino, uno de los tortolitos tiene el detalle de destruir la ciudad que fomenta la ludopatía, Las Vegas, mientras que los jugadores de los casinos prefieren seguir echando dinero en las máquinas antes que salir corriendo. El momento más emotivo es el encuentro entre los dos bichos, que se dan un beso en pantalla que ni Vivien Leigh y Clark Gable. Luego llega el que da nombre a la película y les asesina sin piedad, pero aunque se suponía que lo iba a hacer porque es un depredador, ni siquiera se los come. Parece que les da matarile por puro placer y crueldad, algo que pensaba que sólo hacíamos los seres humanos.

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