Llega a los cines Guardianes de la galaxia, una peli que nos hacía bastante ilusión a los más friquis seguidores de Marvel, porque sus personajes no son ni mucho menos populares (todo el mundo sabe quién es Spider-Man, pero al pobre Star-Lord no le conocen ni en su casa a la hora de comer), y también porque los que no tenemos vida y sólo leemos comics nos sentimos identificados de alguna manera con esta panda de segundones, que en la famosa editorial son los equivalentes a Ringo Starr, Art Garfunkel, Federico Engels, Alaska en Alaska y Mario o Felipe cuando va con Letizia.
Muchos colegas de la información y crítica cinematográfica se temían lo peor, hartos del aluvión de superhéroes. Y no me extraña, ha habido tantas pelis últimamente en plan identidad secreta y tipo que por accidente se convierte en supervillano y destroza Nueva York, que el otro día vi una comedia romántica y me pareció fresca y original. Pero lo cierto es que a pesar de la etiqueta marveliana, Guardianes de la galaxia no es otro film de superhéroes. Se parece más a La guerra de las galaxias, con un Star-lord que bebe de Han Solo y el arbóreo Groot, que trae a la memoria a Chewbacca.
Sí, cierto, no se tiene la sensación de estar viendo algo demasiado original. Se anuncian a bombo y platillo estrellas ilustres, pero luego o salen poco (Glenn Close), se limitan a prestar su voz a personajes digitales (Vin Diesel y Bradley Cooper) o están tan maquilladas que ni se las conoce (Zoe Saldana, Benicio del Toro). Sí que acapara plano el televisivo Chris Pratt, resultón aunque muy alejado del carisma de los héroes interpretados por Harrison Ford o Errol Flynn que le sirven de modelo. Y encima el film se alarga demasiado, pues supera las dos horas, por lo que parece que Hollywood sigue bajo la influencia de Peter Jackson, que últimamente está el hombre tan desatado que si adapta “cuando despertó el dinosaurio aún estaba allí” (el gran microcuento en una frase de Augusto Monterroso) se monta una pentalogía, y luego rueda las precuelas.
Pero insisto, en el fondo Guardianes de la galaxia entretiene, sobre todo porque sus golpes de humor son bastante eficaces. Impagable la broma que hace referencia a Footloose.
¿Footloose? Sí, bueno, porque el film tiene una destacable particularidad. Aunque se puede calificar como futurista en realidad mira al pasado, pues abundan las referencias a los 70 y 80, sobre todo musicales; desata la nostalgia cual tele en blanco y negro con botón de UHF. Por si esto fuera poco, la secuencia de propina de después de los créditos trae a la memoria una de las peores experiencias fílmicas de nuestra infancia. Quedaros a ver minutos y minutos interminables de títulos de crédito para horrorizaros.
