Confieso que esperaba mucho más de Deadpool. El personaje más iconoclasta de Marvel tenía posibilidades de protagonizar el equivalente al mundo de los superhéroes de lo que fue Kingsman: Servicio secreto para las pelis tipo 007. Pero mucho comentario sarcástico y pocas nueces.
Sin embargo, me han encantado, más que la película, los hilarantes títulos de crédito del comienzo, que no pienso desvelar. O sea, que os toca pagar entreda. Y si cuando estáis en el cine entra el típico avispado que dice algo así como "qué bien, acaba de empezar, sólo nos hemos perdido los títulos de crédito", compadecedle porque no ha visto lo mejor (seguro que también se va antes de la secuencia post-créditos, que también tiene cierta gracia).
Se ve que los locos que llegamos a tiempo al cine, también tenemos –a veces– nuestra recompensa. Se me ocurren varias películas con títulos iniciales realmente memorables. Éstas son mis favoritas:
El bueno, el feo y el malo. Sí, amigos, el film con los mejores títulos de crédito de la historia. Si alguien quiere discutir eso... ¡podemos batirnos en duelo al amanecer! Siluetas de jinetes cabalgando, un pincel dibuja al protagonista, y a continuación... un sonoro disparo hace que surja el nombre de Clint Eastwood. Así con el resto de los protagonistas. Gran trabajo multitécnica de Eugenio Lardani, cuando todavía no existía el ordenador. Alcanzaban mayor grandiosidad si cabe con ayuda del inolvidable tema musical, de Ennio Morricone... ¡Tinoninonan... Tananaaaaa!
-Tu cara se parece a la de uno que vale 2.000 dólares.
-Sí, pero tú no te pareces al que los va a cobrar...
Psicosis. Imposible hablar de títulos de crédito sin mencionar al genial Saul Bass, el más grande entre los grandes en esta disciplina. En la mítica Psicosis aparecen unas líneas paralelas que se desplazan por la pantalla de un lado a otro o de abajo hacia arriba, que parecen arrastrar las letras. Al tiempo, suena la memorable partitura de Bernard Herrmann. Cuando Gus Van Sant tuvo la horripilante idea de rodar aquel remake en el que calcaba al milímetro a Alfred Hitchcock, los copió tal cuál, pero... ¡con las líneas en verde chillón! Así cómo no va a estar considerado el film más odiado de la historia...
Funny Games. Si alguna vez le dijeras a Michael Haneke que te ha gustado una de sus películas, se cogería una depresión el hombre. Porque lo que busca es disgustarte, y molestarte... O dejarte sin dormir por la noche, como cuando ves Amor. Los legendarios títulos de Funny Games suponían una declaración de intenciones de lo que el realizador pretendía con el film. Una familia viaja en coche mientras suena una armoniosa, lenta y relajante pieza de música clásica. De golpe y porrazo, la sintonía es sustituida por un tema estruendoso, guitarrero y heavy ("Bonehead", de Naked City), que hacía que la gente se tapara los oídos, mientras aparecían los letrerines.
Wimbledon. Peli sobre tenis un poco truñaco, para qué mentir. Pero al encargado de los créditos se le ocurrió sacar en plano al público de un partido siguiendo con los ojos la bola. Al mismo tiempo, aparecen los nombres del equipo técnico y artístico a derecha y a izquierda, sincronizados con el ruido de la raqueta golpeando la bola. Los espectadores acababan también mirando de un lado a otro como las personas que salían en la imagen.
Irreversible. El provocador Gaspar Noé dio mucho que hablar por la brutalidad de la violación y una escena con un extintor que convertía Viernes 13 en Bambi. No era gran cosa, la verdad, pero tenía un montaje inverso, copiado de Memento, y llevado a sus últimas consecuencias. La peli comenzaba... ¡con los títulos de crédito del final! Pero pasaban de arriba a abajo, al contrario de lo habitual, y con las letras al revés
Los caballeros de la mesa cuadrada. Empezaban de forma normal, pero con subtítulos... ¡en sueco! Después de unos cuantos que se limitaban a traducir, acababan promocionando los viajes a Suecia: "Wi not trei a holiday in Sweden this yer?".
Entre las numerosas virtudes del país que se citaban destacaban los alces, pero el encargado de los subtítulos advertía que uno... ¡había mordido a su hermana! Escribía un texto más largo que el que debía traducir, por lo que después... ¡se anunciaba su despido!
En suma, una verdadera locura.
