Confieso que el cotilleo me trae al fresco, y que no sigo mucho La "cosa rosa" , una de las secciones más visitadas (sino la que más) de
Confieso que el cotilleo me trae al fresco, y que no sigo mucho La "cosa rosa", una de las secciones más visitadas (sino la que más) de decine21.com. ¿Será por envidia de que se lea más que mi blog? Quién sabe. El caso es que como en Hollywood prima el 'despiporre' sentimental, me pierdo bastante y por norma general voy con bastante retraso, hasta el punto de que si me toca entrevistar a Brad Pitt, soy bastante capaz de darle recuerdos para Jennifer Aniston.
Pero sí me gustaría señalarle a las gentes de Hollywood que en fin, si el romanticismo no les va, o sí les va hoy con una y mañana con otra (te amaré para siempre hoy a ti y mañana a la siguiente), que al menos se lo piensen dos veces ante tal desparrame sencillamente porque puede afectar a su profesión. Me parece importante tener en cuenta esto sobre todo en el caso de los directores, pues está demostrado que son más o menos creativos dependiendo de con quién estén. Así, cuando David Lynch andaba liado con su montadora, Mary Sweeney, rodaba Carretera perdida y Mulholland Drive, pero desde que la ha sustituido por Emily Stofle, que participa como actriz en la aburrida Inland Empire, se dedica a los vídeos experimentales extraños y no ha rodado ni un sólo largometraje.
Pero el caso más extremo es sin duda el de Tim Burton. Ando estos días enfrascado en la escritura de un libro sobre el realizador con el gran Luis Miguel Carmona y me he dado cuenta de que su intensidad creativa está directamente relacionada con sus parejas.
Cuando el cineasta andaba con la artista alemana Lena Gieseke rodó Eduardo Manostijeras, el film por el que me convertí en seguidor suyo. La cambió por la guapísima Lisa Marie, de la que se enamoró porque ambos habían sido testigos de avistamientos de ovnis, lo que por lo visto une mucho, y que fue una musa estupenda. Mientras se mantuvo encendida la llama del amor, Burton firmó Ed Wood –posiblemente su mejor obra, donde ella realizaba un trabajo memorable como Vampira, estrambótica integrante de la cohorte del bizarro protagonista–, la genial Mars Attacks! –donde ella misma componía a una marciana memorable– y la impagable Sleepy Hollow –en la que la muchacha hacía de madre bruja de Johnny Depp–.
Lo malo fue cuando apareció Helena Bonham Carter. Vaya por delante que yo no tengo nada en contra de la actriz británica, que hizo un trabajo memorable en El club de la lucha. Pero se cruzó en la carrera de Burton con El planeta de los simios (2001) (ya vamos mal). Desde entonces mantienen una relación muy rara, pues viven en casas separadas comunicadas entre ellas según la rumorología por un túnel subterráneo (en una tercera habitan sus hijos), y ni siquiera pasan la noche juntos porque ella dice que ronca, y que tiene insomnio y ve la tele en la cama hasta muy tarde.
En cine, desde que está con ella, todo ha sido un desastre. Se salva Big Fish, que no está mal, pero desde que se estrenó Tim Burton va de mal en peor; ha dirigido cintas como la sosa Charlie y la fábrica de chocolate, la interminable y aburrida Sweeney Todd, el diabólico barbero de la calle Fleet, la sobrevalorada Alicia en el país de las maravillas, o la mortal de necesidad Sombras tenebrosas, que le quedó tan mal que hasta él mismo se ha convencido de la necesidad de no volver a rodar nunca jamás con Johnny Depp y con su señora.
Así las cosas, yo le diría a este hombre, si es que por casualidad me lee: Tim, colega, ¡sepárate ahora mismo de la Helena Bonham Carter! Sí, ya sé que eso supondría un trauma para vuestros hijos, pero que entiendan que esto no puede seguir así. Tus seguidores te lo agradeceremos, porque podremos ir al cine a ver tus películas.
