En "La gran superproducción", obra maestra por antonomasia del cómic español de todos los tiempos, un tipo quería que
En "La gran superproducción", obra maestra por antonomasia del cómic español de todos los tiempos, un tipo quería que protagonizara su película el gran Brut Canlaster, al que recordaba con cariño de su infancia, pero cuando llegaba el actor en cuestión se había convertido en un viejo carcamal.
Pues a mí me ha pasado lo mismo con la Filmoteca Española, que se me ha hecho viejecita, a mi pesar. Cuando tenía que empezar con Luis Miguel Carmona el libro sobre Tim Burton me supuso una grata noticia enterarme de que la 'filmo' iba a dedicarle una retrospectiva completa al realizador. Recordaba el ciclo de hace unos diez años de Orson Welles, que incluía hasta un fragmento de la maldita e inacabada El otro lado del viento, sus programas televisivos, y un montón de material curioso e inencontrable, para regocijo de los cinéfilos. O el de Jean-Luc Godard, donde ponían sus decenas de vídeos documentales de los últimos años (no, no los vi, no estoy tan 'pirao').
Pero no, resulta que ha pasado el tiempo también por la filmo como por Canlaster, y de Burton 'na de na'. O sea, han puesto todos sus largometrajes, y no digo yo que no sea agradable volver a ver en pantalla grande Ed Wood o Mars Attacks!, más si cabe cuando tienes que escribir sobre su autor, pero al fin y al cabo esas pelis ya las tenemos todos en DVD. ¿Dónde están el material raro?
Antes se lo curraban más. No digo yo que no sea culpa de la 'filmo' por completo, pues es cierto que el presupuesto del ministerio de Cultura, con la que está cayendo, cada vez se reduce más, y que tienen menos funcionarios día a día. Si el de un departamento en concreto cae enfermo, pues no puedes reproducir fotos por poner un ejemplo.
Recojo el programa de este mes y veo que la muestra acaba ya, porque pone "Tim Burton (y II)". Y no proyectan ni siquiera Vincent y Frankenweenie. Me he tenido que buscar la vida para poder ver algunas cosas. No he encontrado por desgracia, ni creo que encontraré nunca, su versión de Hansel y Gretel, rodada con actores orientales, al estilo del teatro kabuki, con combates de artes marciales. ¿Algun friqui de Disney que lea este blog tendría esa cosa? Es complicada de encontrar.
Un pequeño descubrimiento
Por lo demás, conseguí Aladino y la lámpara maravillosa, su contribución a la serie Los cuentos de las estrellas, que venía incluida en una colección de un periódico nacional. Resultó ser un tostón. Declara Burton que la rodó en poco tiempo, con un presupuesto escaso, pero no cuela como justificación porque Francis Ford Coppola dirigió Rip Van Winkle para la misma serie y era tronchante. También encuentro Conversations with Vincent (documental sobre Vincent Price) y la serie de animación flash The World of Stainboy, mientras que Vincent y Frankenweenie venían en el DVD de Pesadilla antes de Navidad.
Pero el verdadero hallazgo (por desconocido) ha sido el episodio burtoniano de la serie Alfred Hitchcock presenta, remake de la original de los 60, que tenía las presentaciones del Maestro del Suspense y los epílogos coloreados. Por lo general ningún capítulo llegaba a la altura del original. Pero el de Burton no está mal y tiene un protagonista muy en la línea de los suyos. Knoll (Griffin Dunne) resulta ser un artista bienintencionado pero tan friqui que horripila al público, se hermana claramente con el protagonista de Ed Wood así como la inolvidable Delia (Catherine O’Hara en una divertida interpretación), la pretenciosa artista de Bitelchus.
El tal Knoll ha compuesto cosas tan horribles como un pensador tallado en mármol que tiene en lugar de cabeza una pecera. No tiene ningún éxito y los críticos le ponen a caldo. Pero un día visita una chatarrería en la que encuentra un extraño y fascinante jarrón. Lo acaba exponiendo como si fuera suyo, y atrae la atención de los visitantes, que tratan de discernir qué puede haber en el interior. Total que el hombre acaba haciéndose muy famoso, lo que despierta la envidia de su mujer. El capítulo ya contaba con la colaboración de Danny Elfman, al que el realizador acababa de conocer, por lo que la música le da un toque muy burtoniano.
