Hay actores que pese a tener cierta edad, siguen en activo, y escogiendo con buen tino sus películas, aunque por desgracia no es la tónica general. El viernes pasado llegó a los cines El juez, con un Robert Duvall soberbio a sus 83 años. Pocas películas, bien escogidas, es la tónica de los últimos años, y en su haber destacan The Road (La carretera) y El último gran día, ambas de 2009. Y puede que no apasione lo último de Emilio Aragón, Una noche en el viejo México, pero se entiende que el actor apueste por ese film.
Por el contrario, dan un poco de pena ver al Robert De Niro de los últimos años. Desafío al internauta a que me digan un film reciente memorable del actor de 71 años. No existe. Y el caso es que no para de trabajar, pero se embarca en títulos patéticos como El encargo, La gran revancha o Plan en Las Vegas. Sólo acierta con algún cameo en La gran estafa americana y El lado bueno de las cosas. De Niro –que en la idea de dirigir y crear su propio festival, Tribeca, parece querer seguir los pasos de un Robert Redford de 78 años que atina mucho más en sus filmes como actor, véase Cuando todo está perdido o Capitán América: Soldado de invierno– debería pisar el freno y seleccionar un poquito, menos es más, e imagino que a estas alturas no debe trabajar a destajo para pagar las facturas.
Al Pacino es un caso parecido al de De Niro, aunque él opta por hacer muchas menos películas, y sigue probando a dirigir películas como Salomé, algo que su colega ha dejado desde El buen pastor, que entregó en 2006.
Otro actor talludito, cuyas creaciones legendarias quedan atrás, lo que me apena, es Anthony Hopkins. Se arriesgó con Hitchcock, dando vida al mago del suspense, pero por supuesto me quedo dentro de ese fallido film con su compañera de reparto de 69 años Helen Mirren. Aunque quizá sea emblemático de sus papeles recientes poco atinados el de Matusalén en Noé, anciano de gran edad por antonomasia, y en el film de Aronofsky un personaje algo patético que parece un poco pallá con sus frambuesas y esperando el diluvio en una cueva. Al pobre Hopkins le caen papeles como el de padre de Thor, muy poco estimulantes a mi entender, indignos de su talento.
Entiendo por eso a un Clint Eastwood que se prodiga lo justo como actor, mientras sigue en la brecha como director, esforzándose en cada película, guste más o menos.
