No hay nada nuevo bajo el sol, dijo el sabio. Es cierto, ahora más que nunca. La experiencia cinéfila languidece. La capacidad de arriesgar y crear es casi inexistente o se reduce a experimentos y excentricidades transgresoras que no ve nadie. Y ya no se confía en las historias de siempre, donde la clave es el elemento humano. Cualquiera diría que, consciente o inconscientemente, se está aplicando la eutanasia al cine y las series, una muerte dulce con el narcótico del streaming y la parafernalia de las nuevas tecnologías. Eso sí, lentamente, estirando historias ya conocidas.
No me gusta ser ave agorera, ni nostálgico de tiempos pasados, pero lo que comento es la pura realidad. Resulta absolutamente deprimente constatar que las diez películas más taquilleras en Estados Unidos en lo que llevamos de 2024 son todas, absolutamente todas, secuelas, precuelas, remakes o parte de una franquicia. Del revés 2, Deadpool y Lobezno, Gru 4. Mi villano favorito, Dune: Parte Dos, Twisters, Godzilla y Kong: El nuevo imperio, Kung Fu Panda 4, Bad Boys: Ride or Die, El reino del Planeta de los Simios y Un lugar tranquilo: Día 1. No entro aquí a analizar sus méritos o deméritos, y por supuesto, hay muchos más títulos franquiciados que no han alcanzado tanto éxito como los diez mencionados, o que aún pelean para abrirse paso, Alien: Romulus y Bitelchús Bitelchús, o las por venir Joker: Folie à Deux y Gladiator II, además del caso hispánico Padre no hay más que uno 4, pero el hecho es sintomático de que algo se muere en el alma del amante del cine cuando constata que esto es lo que se produce, y esto es lo que el público va a ver.
Me resulta difícil ofrecer una radiografía certera de los motivos de todo esto. La experiencia de acudir a una sala de cine está tremendamente devaluada. Ver las películas en una gran pantalla demanda amplio lienzo, espectacularidad, sensaciones adrenalíticas de parque de atracciones. Hay que gastar mucho en producción, decorados y efectos visuales. Conviene contar con un público fan, de ahí el recurrir a lo ya existente, sagas que han probado su rentabilidad. No importa tanto el guión o las emociones genuinas rebosantes de humanidad, o en todo caso se pueden relegar a su explotación en streaming, ya sean películas o series.
El fenómeno del año pasado Barbieheimer fue un espejismo, en lo relativo a la originalidad del feminismo de Barbie o la potencia del biopic del creador de la bomba atómica Oppenheimer, y ya uno duda si todo fue producto del marketing, de la idea feliz de invitar al espectador a hacer el programa doble. Los títulos un pelín novedosos, tampoco tanto, de este verano, Longlegs y La trampa, han tenido una acogida como mucho correcta, y a veces ni eso. Detecto que películas buenísimas y nominadas a los Oscar como Los que se quedan o Vidas pasadas, o de las de toda la vida, como la emotiva Los niños de Winton, tienen una buena acogida relativa y difícil de valorar, se supone que cobran vida luego en el streaming, aunque no hay forma humana de saber si el público las ve entonces o no, encerradas en contenedores que perpetuamente renuevan su oferta con producciones mediocres de puro relleno.
Llama mi atención también el derrotero que ha tomado el cine de autor, los experimentos vanguardistas, los festivales, en que domina la frivolidad, qué ridículo se ha vuelto eso de las ovaciones interminables, con el aplausómetro contando los minutos que dura cada uno, como si eso no significara otra cosa que el apoyo de los palmeros de turno.
Me habría encantado disfrutar con Los Anillos de Poder, una serie del universo Tolkien, pero es difícil saber qué metas mueven a Prime y a sus creadores, el envoltorio visual no impide advertir que los guiones y las emociones dejan bastante que desear, y desde luego dedicar al asunto 5 temporadas carece de sentido, ni siquiera comercial; ello por no mencionar otras mediocridades como The Acolyte, que imagino habrá producido sonrojo a George Lucas, parece como si tiraran de la cadena del retrete para que se vaya por ahí su Star Wars.
Ha habido bastante choteo y hasta parodias en redes sociales a propósito de la presentación de las nuevas producciones Disney en el D23, un evento para fans celebrado en agosto, pues todo era grandes “sorpresas” como Frozen 3, Tron 3, Toy Story 5, Zootrópolis 2, Los increíbles 3, además de otros proyectos ya conocidos como Vaiana 2, muchos superhéroes fantásticos, Mandalorian y Gru...
Miras el patio, y te dices, ¿qué estrenos me ilusionan que puedan llegar pronto? Llamadme anticuado y carca si queréis, pero puedo mencionar lo último de Mel Gibson y Clint Eastwood, Amenaza en el aire y El jurado número 2, y poco más la verdad. En fin, confiemos en la sorpresa, que no haya sabido vislumbrar las joyas que están por llegar.
