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Blog de Hildy

A propósito del húngaro László Krasznahorkai, guionista y amigo de Béla Tarr

Tiene Nobeles la cosa: la estrecha relación del Premio sueco con el cine

Esta semana se han fallado los Premios Nobel. Sí, para algunos se han fallado, porque no lo ha ganado, el de la Paz, ni Pedro Sánchez ni la flotilla. Tampoco Donald Trump. Ha sido María Corino Machado la galardonada. El de literatura, en cambio ha sido para un húngaro, László Krasznahorkai.

Tiene Nobeles la cosa: la estrecha relación del Premio sueco con el cine

Ignoro si László Krasznahorkai estaba en las quinielas de 2025, no estoy tanto en la pomada del Premio Nobel de Literatura para saberlo, pero el autor de “Tango satánico” y “Melancolía de la resistencia” parece un autor suficientemente consagrado, de prosa difícil, qué duda cabe, pero subyugante, y que resulta que fascinó antes que a los suecos del comité a un compatriota suyo, Béla Tarr, que hizo primero sin la base previa de un libro pero en estrecha colaboración, La condena, para venir después la adaptación que anhelaba, Sátántangó.

El cine tiene una relación con el Premio Nobel más estrecha de la muchos se creen. Para empezar, muchos de los ganadores del Nobel de Literatura antes que Krasznahorkai han sido escritores que sirvieron con sus plumas al Séptimo Arte, a veces a regañadientes, otras veces convencidos del poder del celuloide. De farragoso estilo literario comparable al ganador de este año es William Faulkner, amigo y colaborador habitual de Howard Hawks, que se veía como mercenario necesitado de hacer efectivos los suculentos cheques que le daba Hollywood, pero que veía lo de los guiones como trabajo menor; ganó el Nobel en 1949. Antes lo ganó George Bernard Shaw, en 1925, que hasta se llevaría un Oscar por su guión de Pigmalión, que adaptaba su obra de teatro.

Otros autores con Nobel y guiones de cine son John Steinbeck, que lo obtuvo en 1962, Harold Pinter, algo tardíamente, en 2005, Kazuo Ishiguro, en 2017, y el colaborador de Wim Wenders en sus años tempranos Peter Handke, también director, en 2019. Por supuesto, muchos autores han visto sus obras adaptadas a la gran pantalla, con mejor o peor fortuna, pero no quisiera hacer este post interminable, aparte de que podríamos acabar enzarzados en el viejo debate de qué es mejor, la novela o la película.

Un caso pintoresco es el de Bob Dylan, cuyas canciones, evidentemente, no se han convertido en película, pero que fue actor en Pat Garrett y Billy the Kid, compuso bandas sonoras, y ganó el Oscar a la mejor canción por “Things Have Changed”, de la película Jóvenes prodigiosos.

Pero en fin, si nos ponemos en plan lúdico, era una entretenidísima película de tintes hitchcockianos El premio, donde Paul Newman era un ganador del Nobel, mientras que La buena esposa hablaba de la mujer que se quedaba sin su mérito en el Nobel que conceden a su marido escritor, con unos grandes Glenn Close y Jonathan Pryce. Por supuesto, hay biopics sobre auténticos ganadores del Nobel, ahí están Madame Curie, Martin Luther King, por ejemplo, pero lo dejo aquí, pues desborda las intenciones de este comentario sobre los lazos de cine y Nobel, tiene nobeles la cosa.

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