“No hablo español, aunque lo entiendo...”, comenta Aki Kaurismäki, que en San Sebastián presenta en Zabaltegi su fantástica película El Havre. Entrevistarle es como estar en una tertulia, la conversación es divertida, y su sentido del humor tan sutil, que nunca estás seguro de si bromea o habla en serio, pues su tono de voz es serio, y de algún modo es rápido y lacónico en sus respuestas, aunque de vez en cuando se explaya.
Se nota a Aki Kaurismäki bastante optimista en su última película, El Havre...
Siempre he sido optimista en realidad, pero lo he tenido escondido durante los últimos diez años... Me gusta la gente, pero tengo problemas con la humanidad. El hombre sin pasado también era una película optimista. Pero entre medias hice una historia muy triste, Luces al atardecer. Así que ahora vuelvo al optimismo. No me han matado por ello, pero todavía hay tiempo... (risas)
¿Es más fácil ser pesimista u optimista?
Es más triste ser pesimista. Como este mundo es tan terrible, ya no tengo ganas de hacer películas tristes.
¿Se podría considerar al protagonista de El Havre como una especie de continuación del héroe de La vida de Bohemia?
Tiene el mismo nombre porque entiendo que nadie ha visto La vida Bohemia y así puedo volver a utilizarlo.
¿Por qué ha situado la película en Francia?
Originalmente había escogido Cádiz, pero era demasiado pequeña, habría bloqueado toda la ciudad con el rodaje. El productor dijo que no se podía, que las calles eran demasiado estrechas, habría sido un caos. Había pensado también en Marsella, pero como no conozco bien la cultura de ahí, me habría sentido como un turista, no habría estado cómodo... Es una pesadilla logística pensar en rodar en Marsella.
En vez de El Havre, podía haber sido cualquier ciudad costera de Europa, Londres, Valencia... Pero nos decantamos por Francia y le dimos un toque francés al asunto.
¿Los africanos son como la nueva Bohemia de nuestro tiempo?
Responder a eso sería analizar la película, y no me gusta hacerlo. Pero es verdad.
Seleccionar un reparto francés tuvo que ser una ocasión muy especial.
No me encargué sólo yo. Quería una actriz principal francesa y me mandaron un montón de DVDs. Precisamente de allí salió el actor vietnamita por casualidad, que ni siquiera era actor, sino que era electricista, y del que me encantó su sonrisa, que podría iluminar un pueblo. Al final pensé que Kati Outinen habla francés, así que no me compliqué la vida y acudí a ella. Soy un artista que me encuentro a la merced de Dios: siempre tengo buen tiempo, la gente está feliz, yo también soy feliz.
Hablando de Dios, en la película hay una especie de milagro.
¡Dos milagros!
¿Cuáles?
Para asegurarme puse dos milagros, para que la película fuera doblemente feliz. ¡Y en la próxima pondré tres!
Entonces, ¿cree en los milagros?
Sólo ocurren en Milán. Como dice Vittorio De Sica en su película de 1951.
Sus personajes son muy poéticos y muy reales. De dónde salen, ¿de la cabeza o del corazón?
Como no tengo corazón ni cerebro, no estoy muy seguro... Quizá del codo. Yo quería hacer una película como Marcel Carné, yo no soy Melville, cerré los ojos y esto fue lo que me salió.
También cuida los personajes secundarios...
No todos los actores aparecieron en los créditos, porque no todos tenían los papeles en regla... Aceptaban salir en la película, pero sin nombre.
¿Es una coincidencia que el final de la película me recordara a Casablanca?
¿Se dio cuenta? Está claro, por supuesto, es el comienzo de una gran amistad.
Hay muchos homenajes al realismo poético, René Clair, la nouvelle vague... ¿Son deliberados?
Como torturo al público con mis historias, hago cosas así, para entretenerle, es lo que he aprendido de Godard. Nunca robo de otras películas. Un detalle que nunca nadie me ha comentado. Con el chico negro hay un guiño a Los cuatrocientos golpes de Truffaut, con ese chico que luego es empujado a convertirse en un informador.
En esta película usa un tango. ¿Qué importancia da a la música en sus películas?
Tengo dinero para pagar la música. Siempre llevo una cesta llena de discos. Por la mañana escojo unos cuantos en el estudio. Los técnicos nunca saben lo que voy a usar. Yo hago la mezcla. Es la parte más importante de la película, el montaje con ese mezcla, con tango o rock, puedes cambiarla completamente. Para mí es un momento apasionante porque el resto de la película ya me lo sé perfectamente. Por desgracia.
Me encanta Carlos Gardel, y por eso incluí el tango “Cuesta abajo”. Es el único baile que sé bailar. Soy honrado, y es un hecho que el tango nació en Finlandia.
¿Tiene la sensación de estar creando escuela, que hay un estilo Aki Kaurismäki al que algunos directores se apuntan, como el griego Filippos Tsitos en Un mundo injusto?
Quien haga eso debería haber buscado un profesor mejor. Mi estilo lo sigo porque es el único que tengo. Si pierdes tu estilo, yerras, es lo que aprendí de Melville. El estilo propio no se refiere sólo al cine, sino al modo en que enfocas la vida, si no encaras personalmente las cosas a tu manera, estás perdido.
No soy consciente de mi propio estilo, cuando hago una película no estoy pensando en ángulos, planos, cámaras, sólo tengo ojos. Ojos y ritmo.
La iluminación y los colores en su cine son sin embargo muy característicos...
Yo me ocupo del marco, cerrar el plano; el director de fotografía se encarga de la iluminación, y como es daltónico, yo me ocupo de los colores. Llevamos haciéndolo así cinco años.
Dijo que ésta es la primera película de una trilogía. ¿Cuáles serían sus siguientes películas?
Llevo 54 años preguntándome qué es verdad y qué no. Soy tan vago que si no me propongo trabajo para el futuro no hago nada. Me paso el tiempo leyendo, pensando, escuchando música. Así que como broma se me ocurrió decir que iba a hacer una trilogía y ahora me veo obligada a hacerla para que el equipo tenga trabajo, y pueda dar de comer a sus hijos.
¿En qué otras ciudades rodaría esas películas?
Si lo digo, igual alguien se me adelanta... Y me las roban. Serían Hamburgo, en Alemania, y en España, Vigo. El título de esta segunda será El barbero de Vigo. Podría improvisar la historia ahora. Es una familia de pescadores que lleva en el oficio doscientos años. Son muy machos. Pero uno es diferente, más sensible. Y le gustaría ser barbero. Conoce a una chica de su edad, en la que se fija en su ventana, todos los días. Pero es tan tímido que nunca le dice nada. No sé cómo seguirá, pero tendrá un final feliz. Naturalmente será en español, gallego y portugués. Cuanto más pesimista soy, más optimistas son mis películas, no puedo con este mundo.
¿No acabará rodando en todas las ciudades de Europa como Woody Allen?
Annie Hall es buena. No digo más. Marshall McLuhan está detrás de la pantalla. Y Woody es Woody.
Se dice que el cine está muerto.
El cine no está muerto, es Hollywood el que está muerto. Murió en 1962. Hay un Hollywood antes y otro después. Antes de ese año la gente había visto guerras, eran más serios. Los de hoy en día no han ido más allá de tomarse una hamburguesa. Digo ese año porque mi Cadillac es de ese año. Y porque Raoul Walsh hizo entonces su última película.
¿Le ilusiona poder ganar un Oscar?
Me importa un bledo. Las películas no son caballos de carreras, no me gusta la competición. Cuando pones una película a concurso sólo piensas en ganar, no en la película.
Woody Allen nunca compite...
Porque tiene miedo a perder.
¿Y por qué compite usted?
Porque también soy productor. Pero ahora no hablo como productor. De todos modos voy a decir algo serio: en los primeros diez años de mi carrera nunca competí, y ahora puedo decir que no pienso volver a hacerlo, ya he ganado bastante dinero.
El último trabajo honesto que he tenido fue de lavaplatos en un restaurante de Copenhague.
¿Qué cineastas americanos le gustan?
Charles Chaplin será siempre el mejor. Aunque es inglés.
¿Sigue viendo cine?
Voy hacia atrás. Estoy viendo películas de 1905. Llegaré hasta los hermanos Lumière. Me quedan diez años de cine y diez años de vida. De cine reciente sólo veo las películas de los amigos, como Jim Jarmusch, aunque es tan vago que sólo hace una película cada cinco años... Es ironía, porque es mi amigo, y hace cine más rápido que yo.
En Cannes compitió con una película muda, The Artist, ha mencionada a Chaplin, y en sus películas los personajes hablan poco. ¿Cree que con el sonido se pierde algo en las películas?
Todavía no he decidido quién es mejor, si Charles Chaplin o Buster Keaton. Los dos son los mejores. Desde 1927 se ha perdido todo, se introdujeron aparatos enormes para registrar el sonido, la palmera y demás, y lo que se conseguía era horrible hasta hace poco. El cine perfecto era el anterior a 1927.
De todos modos, en los últimos tiempos se habla un poco más en sus películas.
Qué va, en realidad hablan menos, aunque más alto. Es extraño porque me encantan los diálogos, pero pienso que cuanto más cortos son mejores. En realidad se hacen muy pocas películas mudas en la actualidad, sólo me viene a la cabeza La última locura de Mel Brooks, que tampoco era muda de verdad. En Yuha había también algunos diálogos al principio.
Sus películas muestran una Europa en crisis, económica y de valores... ¿Cree haber sido visionario o premonitorio al respecto?
¡Huelga! [alude a una huelga que hay en hostelería en San Sebastián justamente ese día] Todo está en mi versión de Hamlet, mi película Hamlet va de viaje de negocios. No me gusta que la gente no tenga trabajo o dinero para sacar adelante a sus familias. Deberíamos mirar hacia atrás, en vez de hablar de tantos por ciento de dinero, aprender a sonreír. Si no estamos en equilibrio con nuestro planeta, con las selvas y los ancianos muriendo, y entretanto yo bebiendo vino... ¡Y no sólo yo!
Parece que le gustan las bromas rápidas, a lo Robert Mitchum...
Bufff, Robert Mitchum era mucho mejor. En una ocasión vio una película, no sé si de Lassie o Rintintín, y dijo que si ese animal podía trabajar en cine, él también. Así se convirtió en actor. No vio a John Weissmuller, que es el mejor actor, con Charles Chaplin.
Decía que hay bromas rápidas, pero habla de temas serios...
Abordo la vida humana, lo que da de sí. Mis dos frases favoritas de esta entrevista son, que debes mantener tu estilo propio, tomar decisiones, etc. Y que nunca debes autocriticarte, autoanalizarte. No soy tan listo como para ser profesor. No sabría dar clases. Ante un auditorio, puedo contestar, pero no impartir lecciones. En una ocasión me pidieron para la televisión una intervención de tres minutos para comentar Luces de la ciudad de Chaplin. Lo sabía con tres meses de antelación y no dormí nada en ese tiempo. No pude hacerlo.
¿Por qué decidió abordar el tema de la inmigración?
A veces me pongo serio. No siempre, a veces. Vi un documental sobre el tema y me trastornó. Alguien tenía que hacer una película sobre el tema y ahí estaba yo. Me aceleré, pero luego eché el freno, y pensé en crear un pequeño personaje y luego crear el mundo. Por eso la película es una “catástrofe”...
¿Qué películas que transcurren en puertos le gustan?
La ley del silencio de Elia Kazan, y Muelle en brumas, de Marcel Carné.
¿Percibe alguna solución a la actual crisis europea?
¿Solución? ¡Huelga! Que la gente salga a la calle, esto no puede seguir así, el planeta no lo aguanta. Hemos de reducir el consumo, menos es más. Hay que tener tiempo con los amigos, estar entre amigos. No se puede estar todo el día con máquinas.
¿Hay que dar más amor, en definitiva?
No más madres Teresas, por favor. La población se dispara, los recursos se agotan. El capitalismo es problemático.
Pero hay un problema de personas, de individuos, ¿no? No se trata sólo de una cuestión global.
La cuestión es quién mueve ficha. Yo me ofrezco voluntario.
