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La actriz de “El séptimo sello” y “Fresas salvajes” tenía 83 años

Los cinéfilos jamás olvidarán su pelo corto y su elegancia. Junto a Liv Ullman, Ingrid Thulin y Harriet Andersson, fue una de las grandes musas de Ingmar Bergman, que la dirigió en varios de sus títulos más emblemáticos, como “El séptimo sello”, “Persona”, “Sonrisas de una noche de verano” o “Fresas salvajes”. Bibi Andersson ha fallecido el domingo a los 83 años, en Estocolmo, según ha dado a conocer Jenny Grede Dahlstrand, su hija. “Fui a verla al hospital. Nos cogimos de las manos y sabíamos que sería la última vez que lo haríamos, así que entonamos la canción “Tuppen og Lillemor” por última vez”, ha declarado Liv Ullman.

Nacida también en la capital sueca, el 11 de noviembre de 1935, Berit Elisabet Andersson fue seleccionada por el prestigioso realizador cuando tenía 16 años, para protagonizar un anuncio publicitario de un detergente. La experiencia le resultó tan grata que decidió consagrar su vida a la interpretación, estudiando arte dramático en la Escuela de Teatro de Terserus, y en la Escuela de Teatro Dramático Real de su ciudad natal. Tras iniciarse en el cine como bailarina en La señorita Julie, versión de la obra de August Strindberg dirigida por Alf Sjöberg en 1951, debutó sobre las tablas en Malmö stadsteatern, bajo la dirección nuevamente de Ingmar Bergman.

En la gran pantalla, éste le dio un papel muy secundario, como miembro del grupo de actores que aparecen en la trama, en Sonrisas de una noche de verano(1955). Fue otra intérprete, pero con más presencia, en la magistral El séptimo sello, María, una mujer escéptica en relación a las apariciones de la Virgen de la que es testigo su esposo, José. Brilla especialmente en un papel doble en Fresas salvajes, donde fue Sara, el amor de la infancia del protagonista, encarnado por Victor Sjöström, y también otra Sara que se une en su periplo a él, ya anciano.

Durante un tiempo, mantuvo una relación sentimental con Ingmar Bergman, con quien participaría en El rostro, El ojo del diablo, Rabies, El umbral de la vida, Herr Sleeman kommer, y ¡Esas mujeres!, pero se separaron tras Persona, en cuyo plano más conocido el rostro de la intérprete se fusiona con el de la citada Ullman. Volvería a estar a sus órdenes en Pasión, La carcoma y Secretos de un matrimonio, por lo que en total colaboró en catorce películas suyas, contando En el jardín de las delicias (con guión de Bergman, pero dirigida por Alf Kjellin).

En 1962, Bibi Andersson ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín, a la mejor actriz, por Älskarinnan, de Vilgot Sjöman. Convertida en una estrella internacional, por la enorme repercusión de las películas de Bergman, participó en numerosos títulos de Hollywood, como La carta del Kremlin, de John Huston; Quinteto, de Robert Altman; Un cebo llamado Elisabeth, de James Toback; El enemigo del pueblo, de George Schaefer, Dos veces mujer, de George Sluizer, Aeropuerto 79: Concorde, de David Lowell Rich, y sobre todo El festín de Babette, de Gabriel Axel. Nunca consiguió salir del drama. “Cuando era joven todo el mundo a mi alrededor pensaba que yo era muy graciosa. Incluso mis padres y yo misma estábamos de acuerdo”, explicaba ella misma. “No era lo suficientemente guapa para ser una actriz de cine, ni suficientemente dramática para ser una actriz de tragedia, por lo que yo siempre pensé que la comedia iba a ser mi destino. Pero gracias a las películas de Bergman, que eran muy serias, aunque yo hacía de chica inocente, la gente empezó a pensar que yo era una persona muy seria. Y cuando la gente empieza a tratarte de una cierta forma, te conviertes en eso”.

Separada en 1973 del guionista y director Kjell Grede, progenitor de su única hija, estuvo unida al escritor y poeta Per Axel Ahlmark, y posteriormente con Gabriel Mora Baeza, que le acompañaría hasta su muerte. En 1996 publicó su autobiografía titulada “Un parpadeo”.

Curiosamente, vino a España para participar –como alemana casada con un español– en Una estación de paso, de Gracia Querejeta. “Me sorprendió mucho cuando me llamó Elías Querejeta que, según me dijeron, era un productor de primera clase, y resultó que había visto películas que él había hecho”, recordaba en una entrevista. “Luego, el guión me pareció muy interesante porque me recordó la época en que hacíamos auténticas películas, que no eran forzosamente grandes aventuras o dramas sino algo que reflejara cosas muy de dentro. Además, el hecho de que fuera dirigida por una mujer y ésta su primera película, me pareció aún más interesante”. También aquí rodó su último trabajo, La escarcha, de Ferran Audí, junto a Aitana Sánchez-Gijón y Tristán Ulloa, en 2009. Ese año sufrió un derrame cerebral que le paralizó parte del cuerpo, por lo que se vio obligada a retirarse.

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