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"¡No salgáis al páramo!", de Juan Luis Sánchez

¡No salgáis al páramo! Todo el cine y series de hombres lobo (Juan Luis Sánchez, Diábolo Ediciones, 224 págs)

"¡No salgáis al páramo!", de Juan Luis Sánchez

Exhaustiva y completísima obra de Juan Luis Sánchez dedicada a lo que han dado de sí el cine y las series en torno a la licantropía, o sea, los hombres lobo, esas personas aparentemente normales, pero que se transforman en bestias salvajes en noches de luna llena. Tiene la virtud de combinar el rigor con las vivencias personales y su personal sentido del humor, que la convierten en gozosa lectura para cinéfilos. Como es habitual en Diábolo Ediciones, la presentación y las imágenes que ilustran el texto ayudan mucho a meterse en harina, contribuyen, si se me permite la broma, a que la cosa tenga garra. Además cuenta con una presentación de Sergio Molina, hijo de Paul Naschy, o sea Jacinto Molina, el hombre lobo español por antonomasia con su Waldemar Daninsky, al que se dedican las páginas que merece.

Sánchez se remonta, como debe, a los orígenes. Por lo que rastrea a fondo en la mitología y escritos griegos y latinos, donde menciona, cómo no, “La metamorfosis” de Ovidio, para evidenciar que hay algo de fascinante y misterioso en el concepto de transformación, de convertirnos de una cosa en otra. A la hora de mencionar precedentes históricos, habla de pacientes que exigieron atención profesional por el mismísimo Sigmund Freud, y hasta del curioso caso del llamado Hombre Lobo del Guadarrama, popularmente conocido como el Tío Francachela, que vivió en el siglo XIX y era la bestia negra de los lobos. En fin que las anécdotas y el análisis pueden ir más allá del cine, y bucear en los anales de la historia, o en la literatura, el cómic, la música y la televisión, con referencias a obras no estrictamente licantrópicas, como “El lobo estepario” de Herman Hesse, o el programa televisivo de Félix Rodríguez de la Fuente “El hombre y la tierra”.

Pero en fin, el cine es el cine, y el hombre lobo aulló como nunca en Universal, el estudio del cine de terror por antonomasia, al que el autor dedica capítulo, y donde por supuesto, la estrella, es Lon Chaney Jr. y la célebre saga de Larry Talbot. Aunque también hay espacio para las risas, las famosas gansadas de Abbott y Costello. Y si nos ponemos británicos, pues hay que mirar a la Hammer y a La maldición del hombre lobo protagonizada por Oliver Reed.

El filtro de los años hippies conformó el umbral del cine de hombres lobo de los 80, y allí Sánchez da buena cuenta de títulos como Aullidos de Joe Dante, o Un hombre lobo americano en Londres de John Landis, que tendrían secuelas bastante inferiores. También de la psicoanalítica En compañía de lobos de Neil Jordan. Por supuesto, en los títulos más relevantes se hace referencia al maquillaje, colmillos, garras, pelambrera, etcétera, que fueron un desafío para los artistas que debían esforzarse en que el personaje fuera creíble y produjera miedo.

El hombre lobo es universal, puede ser hispano u oriental, o influir en superhéroes, Lobezno, o el anime, La princesa Mononoke. A veces los resultados no están a la altura de las expectativas, recuerda el autor el caso de Lobo de Mike Nichols, con Jack Nicholson, que podía haber dado mucho más de sí. O se quedan en la acción agotadora, el caso de la saga Underworld con Kate Beckinsale. Pero también tienen la capacidad de fascinar a las nuevas generaciones de adolescente, y ahí tenemos la saga Crepúsculo, basada en las novelas de Stephenie Meyer, en que vampiros y adolescentes hicieron las delicias de este público juvenil, aunque los puristas no lo tuvieran tan claro. Y hay un capítulo dedicado a las series, donde hay mucho título para nostálgico que quizá no hayan envejecido bien, aunque también alguno que llama la atención positivamente para Sánchez, como Penny Dreadful.

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