Colores de cine. La historia del Séptimo Arte en 50 películas (Charles Bramesco, Blume, 208 págs)
Son abundantes los libros que acometen la imposible tarea de ofrecer una historia del cine mediante la selección de una serie de títulos representativos. Sus autores no tienen más remedio que someter a una criba a las decenas de miles de películas que se han hecho a lo largo de la historia de un Séptimo Arte centenario. Y la clave radica en dar con filmes representativos de distintas épocas, movimientos y nacionalidades, aunque con la idea que no se puede olvidar de que Hollywood es la meca del cine y muchos de sus directores sus profetas.
Con tal panorama, hay que reconocer a Charles Bramesco en su propuesta un enfoque original: hacer ese recorrido por una forma de creación artística que ha marcado con muchas obras maestras el siglo XX fijándose en los colores, la paleta cromática que impregna las imágenes que han servido para contar historias inolvidables. Y de entrada admite una dificultad: ¿cuáles son los colores originales de una película? El celuloide se degrada con el paso del tiempo, las copias a partir del negativo original puede sufrir cambios, también en el paso a soportes físicos, en cintas o en digital, y en sus emisiones televisivas. Incluso invita a hacer el experimento de googlear una imagen emblemática de Titanic, para que el lector descubra que encontrará muchas versiones “mejoradas”, algunos quieren destacar la noche fría de la tragedia con colores azulados, otros inciden en los colores cálidos que subrayen la historia de amor, el caso es que la memoria fílmica puede dudar cuál se aproxima más a la intención de James Cameron.
Apuntados los obstáculos de la tarea emprendida, Bramesco ha seleccionado 50 películas, presentadas en cuatro bloques, precedidos de artículos de enorme interés, y profusión de datos. Por ejemplo el lector puede que, acostumbrado al blanco y negro habitual entonces, se sorprenda de que ya en los orígenes del cine se coloreaban las películas o había tratamientos especiales, y que hay menciones a pioneros españoles como Segundo de Chomón, o el fotograma recuperado de Viaje a la lunade Georges Mélièsdonde se había coloreado ¡la bandera de España!, cara a potenciar la distribución del film en nuestro país. Y hay tiempo para referirse a la polémica de colorear el cine clásico, ya superada, pero que escandalizó en su tiempo, pero que ha ayudado recientemente a Peter Jacksona la hora de ofrecer su mirada documental de la Primera Guerra Mundial Ellos nunca envejecerán. O de explicar otra guerra, la del celuloide, mantenida entre empresas de la envergadura de Kodak y Fujifilm.
Desde los orígenes al Technicolor, de su esplendor a la progresiva desaparición, la llegada del vídeo, la digitalización. Y paralelamente, las historias que ocupan en cada momento, que corren parejas a los grandes cambios sociales, guerras, revolución sexual, deconstrucción en las artes vanguardistas, transformación tecnológica.
En un libro como el que nos ocupa resulta esencial la edición. Las imágenes que lo ilustran están magníficamente escogida, son muy ilustrativas y pedagógicas acerca de lo que se pretende, cómo el departamento artístico de las películas (director, director de fotografía, diseñador de producción, responsable de vestuario...) debe decidir los colores que deben dominar en la historia, y que contribuyen a su particular atmósfera. Y además vienen acompañadas por su código del Pantone, por lo que quedan perfectamente identificadas.
De modo que se nos puede hablar del tintado de Intolerancia, del paso al blanco y negro al color en El mago de Oz, de la animación de Fantasía, de la épica de Centauros del desiertoy Lawrence de Arabia, del maridaje de psicología y suspense en Vértigo. De los nuevos pasos marcados por el musical Los paraguas de Cherburgo, la ciencia ficción de 2001: una odisea del espacio, el terror de Suspiria. O avanzando más en el tiempo, de los colores primarios de cómic deDick Tracy, del vestidito rojo rodeado de blanco y negro de La lista de Schindler, de la atmósfera deprimente de Seven. Así hasta llegar a una actualidad de títulos que, sí, continúan experimentando –Saw II, Speed Racer, La ciudad de las estrellas (La La Land), Black Panther–, pero que sin querer son elocuentes de que el cine hoy está en crisis.
