Decine21

Libros

"Cómo se hizo érase una vez en... Hollywood de Quentin Tarantino", de Jay Glennie

Cómo se hizo érase una vez en... Hollywood de Quentin Tarantino (Jay Glennie, con introducción de Quentin Tarantino, Blume, 488 págs)

"Cómo se hizo érase una vez en... Hollywood de Quentin Tarantino", de Jay Glennie

Lo que dice Quentin Tarantino en la introducción del libro a propósito de otro anterior de Jay Glennie dedicado a El cazador de Michael Cimino cabe aplicarlo a la perfección a “Cómo se hizo érase una vez en... Hollywood de Quentin Tarantino”. Porque en efecto se trata de un «libro de tapa dura, precioso, macizo y rotundamente magnífico», de esos que te encanta depositar sobre una mesa recia –ojo a sostenerlo entre las manos sin más, hay peligro de dislocamiento de muñeca, quien avisa no es traidor– y hojearlo, deteniéndote en su abundante material fotográfico, y leyendo algunos de los textos que pican la curiosidad. Y es que si Tarantino sintió como «se reavivaba mi ferviente devoción por esa película» de Cimino, cabe esperar que algo semejante ocurra con este libro que cualquier cinéfilo agradecería recibir como regalo de cumpleaños o por Navidad, que ya queda poco. Desde luego si alguien debió quedar especialmente satisfecho, ése es sin duda Tarantino, pues en Estados Unidos ya está anunciada para finales de noviembre la publicación de un libro semejante al que nos ocupa dedicado a Malditos bastardos. Sí, a nuestro cineasta le gusta lo que llama “Tratamiento Jay Glennie”, que es tomar una película que le interesa, y analizarla de arriba abajo, lo que supone abordar todas sus etapas, preproducción, producción, postproducción, para luego, con algo de perspectiva considerar su legado. Y acompañar ese análisis con el mejor material gráfico del que pueda disponer. Y a la vista está que Tarantino le ha dado acceso a todo lo que ha necesitado.

El libro no existiría sin la película Érase una vez en... Hollywood. Y la película no existiría sin Quentin Tarantino y el magnífico equipo artístico y técnico que ha participado en la película. Pero cabe añadir que Glennie no habría podido entregar su “monumental book” sin Andrew Cooper, el responsable de la foto fija de la película, y es que las muchas fotografías reproducidas a todo tamaño con magnífica calidad son de un gusto exquisito. Y tiene encanto cómo explica su modo artesanal de trabajar con el cineasta desde Kill Bill: «Yo reviso y edito mi material y después enseño a Quentin las fotografías que me parecen mejores. Quentin solo acepta fotografías en papel, no quiere imágenes en una pantalla, así que imprimo mi selección en papel de alta calidad». Y el escrupuloso respeto a lo que a él le parece: «Mientras elige, yo hablo muy poco o nada. No cuestiono sus decisiones: mi contribución consiste en seleccionar que fotografiar y en mi edición inicial. No pretendo influir en sus decisiones».

Lo cierto es que en imágenes, este volumen es un tesoro. Igual tenemos la portada del guion de Tarantino escrita a mano, que al director con su sombrero de cowboy, gafas de sol, reloj en la muñeca y pipa en la boca, el póster de una película de Rick Dalton, Nebraska Jim, supuestamente dirigida por Sergio Corbucci, a Tarantino haciendo posar a Leonardo DiCaprio para sus pósteres, o a Margot Robbie estirándose relajada en la peluquería en una escena eliminada de la película. Sí, tenemos fotografías a toda página que son un regalo para los sentido: si acabamos de ver en los cines a Brad Pitt acompañado de un perro en En el corazón de la bestia, su imagen tumbado en el suelo dejándose querer en su casa por su pitbull terrier, es encantadora; y de Leo haciendo de Dalton, no, no un hermano Dalton, interpretando a Caleb DeCoteau, en Lancer, confrontado con el boceto en la página siguiente de su vestuario negro y pardo. Tomo ejemplos un poco al azar, ya perdonará el lector, pues no resulta fácil hacer una reseña del libro que le haga justicia. Porque la importancia está en el abundante y variado detalle, y el orden y concierto que se pone en todo ello.

Hay un montón de imágenes de rodaje, donde podemos ver la cámara montada sobre los automóviles, la percha para recoger el sonido o a un grupo de figurantes encuadrados por el parabrisas de un automóvil, que van a rodar la escena de la fiesta. Pero también la carta de petición de permiso de rodaje en la Mansión Playboy, o las entradas del Grauman's Chinese Theater de Los Ángeles, páginas de guión, croquis y esquemas de escenarios y edificios como los del Spahn Ranch. Sobre la Mansión Playboy se explica la gestión directa con Daren Metropoulos, que paralizó unas obras que estaban a punto de empezar para satisfacer los deseos del director. Sí, te haces perfecta idea de los deseos difíciles de cumplir de un director, y de cómo un responsable de búsqueda de localizaciones puede volverse loco tratando de satisfacer el plano que en esos momentos sólo existen en la cabeza de Quentin Tarantino.

El autor da cuenta de cómo Tarantino amaba el trabajo de los especialistas, algo que está en los cimientos de la película. O de la obsesión por que no se filtrara el guión, que le llevó a manejar sólo dos copias, controladas en todo momento, y es que había escarmentado tras desagradables experiencias anteriores, a la fuerza ahorcan. Pero es que su cinefilia y amor por la televisión impregna toda su película y la minuciosidad con que está hecha. Y también su modo de trabajar con los actores, en que éstos aportan, como se explica con tantas anécdotas que atraviesan el libro. Es el caso de las escenas de Bounty Law, una de las series de Dalton, en que DiCaprio quería representar «el mayor miedo de cualquier actor», algo que Tarantino corrobora, «quería una escena en la que Rick la cagara en el rodaje». Y eso lleva a la reflexión y la elaboración, porque nuestro cineasta «no quería que Rick perdiera los papeles en pleno rodaje de sus escenas como Caleb”. Y se produce el toma y daca, donde ninguno quiere dar su brazo a torcer, pero en que las dos partes logran algo. De modo que Quentin dice «me vas a joder el western, me vas a joder la peliculita del oeste que quería meter en mi peliculón. Me cago en todo. Pero vale, tienes razón, cabronazo. Vale, vale, vale». Y luego, con lo que decide el director, Leo comenta «esto es lo que pasa cuando colaboras con Quentin. Le das una ideílla, sale corriendo con ella y vuelve con algo completamente inesperado».

Lo último del mundo del cine

Últimos tráilers oficiales

¡Hola, soy Hal21, tu androide experto en películas!
HAL21 Chatbot