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Leer de cine: Al Pacino

Colección de las entrevistas mantenidas por Lawrence Grobel con el actor a lo largo de 25 años. La relación de Al Pacino con el autor se inicia en 1979, cuando la revista Playboy encarga a Grobel una entrevista con el actor, casi de un día para otro. Al parecer Pacino, por su carácter taciturno, era muy reacio a conceder entrevistas; pero había quedado impresionado por una que Grobel había hecho a Marlon Brando, y pensó que si alguien le podía entrevistar, su hombre era aquel. No debió ir mal la cosa al entender de uno y otro, pues allí nació una amistad, y las conversaciones entre ambos, publicadas en diversos medios, se sucedieron en 1983, 1990, 1996, 1998, 2001, 2002, 2004 y 2005. El conjunto permite hacerse una idea bastante cabal de la personalidad del actor.

A diferencia de otros libros de entrevistas, repletos de declaraciones insustanciales, aquí tenemos la sensación de que llegamos a conocer a Pacino, o que al menos nos asomamos a su alma; algo a lo que ayudan las primeras 40 páginas, en que Grobel traza un perfil de Pacino, con conocimiento de causa. Y si no llegamos a conocer del todo a Pacino después de concluir el libro, tal vez es porque el propio actor aún se ve a sí mismo en gran medida como un desconocido. Pacino manifiesta cierto pudor al abordar ciertas intimidades, aunque no rehúye hablar de ellas: sus orígenes en el Bronx, el divorcio de sus padres, que le marcó; sus relaciones sentimentales y su falta de compromiso en el matrimonio; su paternidad… Resulta interesantísimo constatar su pasión por la interpretación, su amor por los escenarios teatrales, y su grandísimo interés por Shakespeare, que le llevó a una representación teatral de Ricardo III no bien acogida, y a una película inclasificable, dirigida por él, que trataba la búsqueda artística de las esencias de esa obra del bardo. Hay momentos para el humor, la hondura y la queja por el “acoso” del entrevistador…

Por supuesto, Pacino habla de los papeles que le han dado justa fama, y cómo no, de El padrino y Michael Corleone, sobre quien dice “quise crear una especie de enigma, una persona del tipo enigmático. De manera que al mirar a esta persona sintieras que realmente no lo conocías”. Y sobre su personaje en Tarde de perros y cómo trataba de atrapar su esencia señala que “no debía llegar [al banco] usando gafas como disfraz, porque este hombre quiere que lo capturen”.

Una parte que se agradece del libro es la creciente confianza que se detecta entre entrevistado y entrevistador. Ocurre cuando charlan de la nominación al Oscar por Tarde de perros y la pregunta de si creía que debía haberlo ganado en vez de Jack Nicholson por Alguien voló sobre el nido del cuco. Se produce un toma y daca en que Pacino no quiere ser descortés con Nicholson, pero en que queda claro su punto de vista. También da idea de cómo la relación Grobel-Pacino se estrecha cuando el primero describe el dolor del actor por la muerte de Jimmy Hayden por sobredosis; Hayden y Pacino estaban representando juntos la obra American Buffalo de David Mamet, y aquella muerte fue muy dura para el actor, aunque insistió en representar la obra ese día, como homenaje al fallecido; la descripción de los sentimientos del actor, y el respeto que le merecen, tiene un sentido muy vívido.

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