Las personas somos capaces de cualquier cosa. Cosas buenas y cosas malas. Lo malo es que el cine carga las tintas en los últimos tiempos en las segundas, con tintes fatalistas y casi apocalípticos. Al menos en esa dirección van las películas a concurso que toca comentar hoy, el retrato de almas muy oscuras.
Las historias policíacas de corte existencialista y deprimente han creado escuela, la sombra de Nic Pizzolatto y Cary Fukunaga con True Detective es alargada, y alcanza a España. Lo prueba el film con el expresivo título Que Dios nos perdone, que bien podría ir acompañado del colorario “que buena falta nos hace”. La historia que nos cuenta Rodrigo Sorogoyen, respaldado en el guión por Isabel Peña, como ya ocurriera en Stockholm, es terrible desde el minuto uno. En el centro de Madrid está operando un violador y asesino de ancianas, y los detectives Velarde y Alfaro se ocupan de investigar un caso al que no se desea dar mucha publicidad, de hecho los medios lo ignoran. Como telón de fondo de crímenes tan retorcidos, estamos en el verano de 2011, se encuentra la visita de Benedicto XVI a España con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, subtexto que quiere marcar con fuerte contraste el horror que está teniendo lugar.
La degradación relativa al “serial killer” nos es la única que recoge el pesimista y deprimente film de Sorogoyen, Velarde y Alfaro también arrastran sus personales problemas. El primero es solitario y tartamudo, con dificultades para tratar a las mujeres, por algún trauma del pasado. El otro ha estado suspendido por agredir a un compañero, su temperamento violento salta con frecuencia, y no cuida a su familia demasiado. Ambos, no obstante, son buenos en su trabajo, frente a la chapucería o el politiqueo reinantes de otros colegas.
La película tiene buen ritmo, hay algunos diálogos muy naturales, y un humor negro algo castizo que despeja de vez en cuando la asfixiante atmósfera. Pero también hay defectos, el más llamativo lo exagerados que están los rasgos de los personajes, esa forense pasada de rosca es un caso extremo, a ratos parecen verdaderos deshechos humanos, la bondad apenas aflora, y las fronteras del bien y el mal se diluyen, cualquier sería carne de cañón para el perfil psicológico de un criminal psicópata. Y esa parte algo de manual de las motivaciones de un asesino se antoja algo simplista; en cambio se desaprovecha la idea de esos peregrinos que han venido motivados por algo a Madrid, ni siquiera, por ejemplo, se plantea la idea de que la hija de Velarde pudiera tener algún interés en acudir al encuentro del Papa: son como fantasmas que viven en otro mundo. La pareja protagonista, Antonio de la Torre y Roberto Álamo, están muy bien.
Otro referente literario: el turno de Shakespare y Leskov
Ayer la película a concurso Yo no soy Madame Bovary tomaba el referente literario chino equivalente al personaje de Flaubert, y ahora toca mirar en Lady Macbeth al autor ruso Nikolai Leskov, que a su vez se fijó en el arquetipo shakespereano de la mujer ambiciosa y fatal en su obra “Lady Macbeth en Mtsensk”.
Se trata de una historia terrible de degradación humana, la de una mujer, Catherine, atrapada infelizmente en un matrimonio donde su marido la ignora, también físicamente, mientras el suegro la desprecia, porque no le da descendencia. Durante un período en que ambos se ausentan, deja de ser la mujer insumisa que parecía, e incluso el lacayo que descaradamente se le insinúa, Sebastian, pasa a ser un amante al que acaba manejando a su antojo. Cuando el padre político retorna, ella no está dispuesta a que las cosas vuelvan a ser como antes, lo que conduce a una espiral de crímenes, que ennegrece el alma de todos hasta extremos insoportables. Aunque en ese todos Catherine parece no estar incluida.
El desconocido director británico William Oldroy filma una crecientemente repulsiva historia sobre la maldad, atravesada de personajes odiosos, ninguno se hace querer. Y como en los tiempos que corren nadie quiere que la adopción de un punto de vista moral conduzca a las etiquetas tipo “ya nos están vendiendo moralina”, lo que queda es una historia desesperanzada, en algunos momentos grotesca en su deshumanizada mirada. Quizá se quiere denunciar la posición social que ocupó la mujer en el pasado, y señalar una vez más lo ardua que ha sido la conquista de un mayor reconocimiento de su dignidad, pero en ese viaje se acaba en la sima profunda del nihilismo egocéntrico que no sabe mirar más allá de sus narices. Las interpretaciones son buenas, y Florence Pugh está muy contenida en la evolución de su personaje, que podía ser caricaturesco, pero eso no basta para hacer una buena película.
Lo desagradable como bella o fea arte
Si los títulos de la sección oficial no eran suficientes para sumergirse en tramas retorcidas, llegó Paul Verhoeven. Por si mencionar el nombre del holandés no basta, digamos que la “perla” Elle trata de una mujer que sufre una salvaje violación, aunque llegamos a dudar si aquello fue consentido, pues no lo denuncia a la policía, y como se dedica a producir videojuegos violentos de alto contenido sexual, pues cualquiera sabe.
Mientras, Pretenders es una sorprendente película letona que participa en la sección de Nuevos Directores, donde una aburrida pareja que se dispone a pasar un fin de semana en la lujosa casa que les ha prestado la hermana de ella, se topa con otra pareja de camping, e inician un peligroso juego morboso de simulaciones que les va a llevar, quizá, demasiado lejos.
Hugh Grant y Monica Bellucci se pasean por Donostia
La alfombra roja encuentra su glamour en dos actores cuyos autógrafos sin duda estarán muy cotizados. Por un lado tenemos a un recuperado Hugh Grant, que si bien ha muerto para la saga Bridget Jones, ha vuelto a la vida como marido nada más ni nada menos que de Meryl Streep, que da vida a Florence Foster Jenkins, rica heredera neoyorquina que tuvo fama de ser la peor cantante de ópera del mundo que tuvo el honor de cantar en Carnegie Hall, aunque buena voluntad no le faltaba a la mujer a la hora de soltar sus gorgoritos; dirige el film un experto en simuladores e impostores, Stephen Frears. Mientras, Monica Bellucci ha sido musa del serbio Emir Kusturica en su último trabajo, En la Vía Láctea.
