Cómo se gana un Oscar Hay románticos que piensan que el Oscar lo ganan los mejores profesionales de cada categoría. Y hay cínicos que piensan que se
Cómo se gana un OscarHay románticos que piensan que el Oscar lo ganan los mejores profesionales de cada categoría. Y hay cínicos que piensan que se lo llevan aquellos cuyas productoras gastan más dinero para conseguir votos. Ni unos ni otros tienen razón. O sólo la tienen en parte.
Lo primero que cabe decir, es una obviedad. Para estar entre los finalistas, tienes que haber hecho un buen trabajo. Podrán gustar más o menos, pero Babel, Infiltrados, Cartas desde Iwo Jima, Pequeña Miss Sunshine y La Reina, por citar sólo los títulos que compiten por la estatuilla al mejor film, son películas notables, incluso sobresalientes. Sería impensable en cambio que estuviera compitiendo por el principal galardón un título como Pequeño pero matón, aunque haya sido número uno en taquilla o Sony se gastara mucha pasta en promocionarlo para los Oscar (cosa que, muy sensatamente, no ha hecho).
Asumido lo anterior, ganar un Oscar cuesta dinero. Porque el período previo a la entrega de los premios, es lo más parecido a una campaña electoral. No basta con tener una buena película: es necesario que todos los miembros de la Academia con derecho a voto sepan que lo es. Y para ello ayuda que la hayan visto. Y que se acuerden de su existencia, de lo bien que estaba tal actor, de lo original que era la historia, etc. Pequeña Miss Sunshine se estrenó en Estados Unidos hace tiempo, y se hace necesario refrescar la memoria de los académicos. Por ellos son muy normales los anuncios en las revistas del sector como Variety, The Hollywood Reporter, American Cinematographer, Entertainment Weekly y compañía, con el clásico letrero “For Your Consideration”. Y se organizan proyecciones y se hacen envíos masivos de copias de visionado, para que nadie pueda aducir ‘Es que no pude ver la película, por eso no la he votado’.
Existen incluso empresas, como 42West, especializadas en diseñar campañas para lograr algún premio concretos, con nombres y apellidos. Estas compañías se centran en los elementos fuertes de una película, para potenciar los votos. Con Infiltrados recordarán la ‘gran injusticia de que Martin Scorsese’ no ha ganado nunca un Oscar. Los promotores de Pequeña Miss Sunshine pueden poner el foco en la condición de ‘pequeña gran película’, ‘sorpresa matagigantes’ y ‘personajes con los que puede identificarse el espectador medio’. Babel apelará a su mirada universal, recordando a los académicos que hay vida más allá de las fronteras de los Estados Unidos. El puntazo de La Reina es sin duda la protagonista, y todos los argumentos para captar el voto se centrarán en ‘se diría que es la propia Isabel II la que actúa’, y ‘debió suceder así’. Lo tienen difícil los que trabajan con Cartas desde Iwo Jima, porque Clint Eastwood ganó el Oscar no hace mucho; así que deben centrarse en ‘ofrecemos el punto de vista nunca abordado, el de nuestro enemigo hace 60 años’.
Por supuesto, sólo caben cinco candidatos en cada categoría –y en alguna sólo tres–, por lo que algunos filmes con expectativas se quedan con pocas o ninguna nominación. Volver era una apuesta firme, y al final sólo Penélope Cruz logró estar ahí. En el apartado de corto hay más posibilidades de hacerse hueco, y Javier Fesser y Borja Cobeaga lo han conseguido con Binta y la gran idea y Éramos pocos. Curioso es el caso de Apocalypto. Al igual que hizo con La Pasión de Cristo, Mel Gibson no ha gastado un dólar en postularse para los Oscar, y pese a todo ha logrado tres nominaciones.
