He visto lo posible y lo imposible. Posible es que Bahman Ghobadi consiga llamar la atención sobre su película “Rhino Season” con el lío de la copia que se iba a proyectar. Parecía imposible que un director a competición hablara antes de la proyección de su película, pero el kurdo-iraní lo ha hecho. También ha resultado posible que un director español haga una película catastrofista muy buena que no tiene nada que envidiar a las de Hollywood, titulada curiosamente “Lo imposible”. Mientras que Costa-Gavras opina en “El capital” que la solución a la crisis económica es imposible.
Echando la vista atrás, ha sido pintoresco lo ocurrido con Bahman Ghobadi y su película Rhino Season. Al director kurdo iraní no le satisfacía la copia de su película que iba a proyectar el Festival, lo que provocó que el máximo responsable, José Luis Rebordinos, saliera al escenario a dar explicaciones, y que por la tarde iba a organizarse una proyección adicional con una copia impoluta recién llegada de Turquía. Por si fuera poco, el numerito contó con la presencia del propio director -cosa insólita en un festival, donde nunca un director habla antes de la proyección de su película-, explicando lo triste que estaba, y en cierto modo presentando la película, con declaraciones como que de no haberla hecho se habría muerto, y que ha tenido que irse de Irán. Desde luego que si lo que buscaba era repercusión mediática, la ha logrado sobradamente. Ocurre ello además pocas horas después de que su país anuncie que boicoteará los Oscar al no presentar cinta en la categoría de mejor cinta extranjera. En fin, la polémica está servida.
Y pasando a Rhino Season, hay que subrayar que se trata de una película de altas pretensiones, con un tratamiento visual muy bello, aunque la impresión es que acaba cayendo en excesos esteticistas altamente recargados. El film cuenta las penas de Sahel, un poeta kurdo-iraní como el propio cineasta, que ante la caída del régimen del Sha, acaba en prisión por sus poemas supuestamente contrarios a la república islámica, y el mismo destino sigue su esposa Mina. Tras pasar tres décadas encerrado sale en libertad, y no tiene otro propósito que el de dar con Mina en Turquía, pues ella salió antes de la cárcel y le cree muerto.
Bahman Ghobadi se basa en los diarios del poeta Sadegh Kamangar, y puntea la historia con sus poemas, lo que da pie a más de un pasaje onírico, incluidos los rinocerontes a que alude el título. En la narración de entrelazan presente y pasado, las vejaciones sufridas, el chófer enamorado y celoso, y unos hijos de Mina que no sabemos muy bien si lo son también de Sahel. Dominan la tristeza y la fatal ironía, pasajes oscuros y también sensuales, los silencios de quien ya parece un muerto en vida, y al que sólo quedan sus poemas para poder expresarse. El esforzado conjunto no emociona, Ghobadi se ha alejado definitivamente de la sencillez encantadora de Las tortugas también vuelan, de modo que la lluvia de tortugas que aquí nos ofrece, a lo Magnolia y sus ranas, puede sorprender pero no se queda clavada en la retina del espectador. No, ni siquiera el aval de Martin Scorsese que “presenta” la película, es suficiente para hacer que su film sea memorable.
Un tsunami llamado Juan Antonio Bayona
En un post en mi blog ya me he referido a la curiosa situación de las películas en sección oficial que no compiten, justamente el caso de Lo imposible. Aquí se trata de hablar del film, que se encuadra en un género, el catastrofista, que tanto se presta al convencionalismo, al tópico, al “déjà vu”. Y el mérito, enorme, de Juan Antonio Bayona y su guionista Sergio G. Sánchez, es contar con frescura y mirada de “la primera vez” algo que en otras manos habría sido simplemente normalito, una bonita historia de interés humano, pero como tantos telefilmes, si acaso con efectos especiales más elaborados...
El film cuenta la historia de los Bennett, el matrimonio, María y Henry, y sus tres hijos Lucas, Thomas y Simon, de doce, siete y cinco años de edad, de vacaciones por Navidad en Tailandia. Días placenteros en un lugar idílico puestos literalmente patas arriba por el tsunami destructor que asoló la costa en 2004. La familia se dispersa, tenemos dudas sobre la supervivencia de unos y otros, viven experiencias personales y con otras personas que conocen muy fuertes. Lo típico pero contado con un talento narrativo excepcional.
Porque la recreación de la catástrofe resulta sencillamente asombrosa, el espectador vive el desastre en primera persona. Nada que envidiar a lo que hizo Clint Eastwood en uno de los hilos narrativos de Más allá de la vida. Si acaso más espectacular, mejor. Pero dentro del despliegue de producción, asombroso, está la historia, muy bien llevada, con pulso dramático excelente y momentos emocionantes de genuino suspense, sostenidos con increíble osadía, jugando al despiste sin caer en las trampas fáciles. Sí, se confirma que lo de Bayona y Sánchez en El orfanato no fue un espejismo.
Pero están además los personajes, anglosajones, rubitos, preciosos. ¿No podía ser aquello la puerta abierta a lo meloso y acaramelado, un empacho de buenos sentimientos mil veces vistos en cine? Y sin embargo, imposible no sufrir con el pequeño Tom Holland y su Lucas, obligado a madurar al estilo de Jim en El imperio del sol de Steven Spielberg. Imposible no llorar con Ewan McGregor y sus llamadas con el teléfono móvil. Imposible no pensar que las estrellas de las que habla Geraldine Chaplin conforman una hermosa metáfora sobre la vida y la muerte. Los críos más pequeños son críos, y eso es muy bueno, y se les concede el espacio justo. Y Naomi Watts, imposible no padecer con ella, o dejar de recordar que ya vimos otra madre sufriente en las manos de Bayona y Sánchez, la que encarnó Belén Rueda en El orfanato.
El juego del dinero, el poder y el sexo, según Costa-Gavras
Un cineasta con las señas de identidad del griego afincado en Francia Costa-Gavras estaba obligado a tratar una crisis económica donde su país de origen ha dado tanto que hablar. Lo hace en El capital, con una historia escrita por él en colaboración con Jean-Claude Grumberg y Karim Boukercha, partiendo de la novela de Stéphane Osmont, y demuestra el dominio narrativo del veterano curtido ya en mil batallas cinematográficas, no en balde está a punto de cumplir los 80 años.
Costa-Gavras asegura que “nos hemos convertido en rehenes de los mercados y de la coyuntura”. Y por ello sigue la trayectoria de Marc Tourneuil, un tipo al que precisamente las circunstancias -un cancer de próstata del presidente- le colocan en la cúspide del Banco Phenix. Aunque se supone que se encontrará en tal posición muy poco tiempo, el ambicioso Marc nadará entre tiburones -los miembros franceses del consejo de administración, los agresivos accionistas americanos de Miami...- para así agarrarse a su poltrona, y ello con el propósito de lograr lo único que parece valer la pena en este mundo: dinero, dinero, dinero.
El sólido director logra atrapar con su mirada cínica el vértigo del poder, habla de juego sucio y puñaladas traperas. No falta algún personaje que denuncia tales excesos -el episódico personaje del tío de Marc, cuyo discurso ha despertado aplausos entre el público-, o la ejecutiva experta en el mercado asiático que advierte de los peligros de cierta operación de adquisición de un banco en Japón; pero serían como “enanos” en medio de una dinámica imposible de alterar, porque en gran medida se han dejado fuera los referentes éticos o morales. El modo compulsivo en que el casado Marc se mueve, atraido por una despampanante top model, puede rozar lo grotesco, pero habla al fin de eso que llega a decir su personaje, “son como niños”; y él no quiere dejar de probar esa “golosina”; y ello aunque sepa que su esposa es mil veces más valiosa, pero al final es sólo una pieza de su partida de ajedrez, aunque se trate de la dama.
Puede sorprender ver como protagonista a un actor cómico, Gad Elmaleh, conocido por títulos como El juego de los idiotas, pero resulta perfecto en el papel protagonista, y como él mismo recuerda, Costa-Gavras fue justo el que recurrió al comediante Jack Lemmon para una de sus mejores películas, la dramática denuncia política Desaparecido.
Crónicas anteriores
San Sebastián 2012, día 21, "El fraude"
San Sebastián 2012, día 22, "Blancanieves" y "Argo"
San Sebastián 2012, día 23: "El muerto y ser feliz" y "En la casa"
San Sebastián 2012, día 24: "El artista y la modelo" y "Firefox"
San Sebastián 2012, día 25: "Volver a nacer" y "El atentado"
San Sebastián 2012, día 26: "All Apologies" y "The Dead and the Living"
