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Zona friki

"Pompeya", Paul W.S. Anderson recupera el 'péplum'

"Pompeya", Paul W.S. Anderson recupera el 'péplum'

Llega la Semana Santa. Cuando yo era pequeño, no hacía falta mirar la programación televisiva para saber que tocaban Quo Vadis, Espartaco y Ben-Hur (que recientemente pude ver en pantalla grande en una proyección organizada por decine21.com). También se tiraba a mansalva del 'peplum', subgénero dedicado a los héroes griegos y romanos, que como es sabido se llamaba así por la prenda de vestir más habitual de este tipo de producciones, la túnica sin mangas que se abrocha en el hombro.

Este año, la distribuidora eOne ha tenido la feliz idea de recuperar la tradición, o casi, así que poco después de estas fiestas, llega a las carteleras Pompeya, el último trabajo de Paul Anderson, no el Paul Thomas Anderson autor de la excepcional Magnolia, sino Paul W.S. Anderson, el de Resident Evil. Y aunque me temía que iba a componer toda la película a base de grandilocuentes coreografías ralentizadas, tipo Matrix (como ocurre en su estrafalaria versión de Los tres mosqueteros), lo cierto es que ha seguido los patrones clásicos. La cosa funciona imitando el esquema de Titanic pero con erupción volcánica en lugar de hundimiento, y cuenta con un Kiefer Sutherland que se lo ha pasado como los indios componiendo un malvado de cómic que parece el reverso tenebroso de su Jack Bauer.

Pompeya me ha traído a la memoria recuerdos nostálgicos de los 'peplum' más casposos, esas producciones italianas que ya cuando teníamos 12 años nos parecían cutres, pues por ejemplo se distinguían porque cuando caía una roca rebotaba en el suelo, dejando patente sin ningún tipo de complejo que era de cartón piedra. No quiero ni pensar los momentos tan deliciosos que nos depararía revisar algún que otro título ahora.

Tengo que decir que los 'péplum' fomentaban la maldad. En esos títulos los buenos eran tíos cachas de encefalograma plano, que sólo sabían resolver los problemas a base de guantazos y estaban encarnados por culturistas con poco cerebro como el ex Míster Universo Steve Reeves. Por contra, los malvados eran tipos asombrosamente astutos, de inteligencia envidiable a pesar de la mala leche que destilaban, y encima estaban interpretados por actores claramente superiores, y más carismáticos, como el incomparable Christopher Lee, John Drew Barrymore o nuestro Fernando Rey. Así las cosas, ¡yo quería ser malo!

Mis favoritas, las del gladiador Maciste, donde incluso los títulos eran tronchantes: Maciste en el infierno, Maciste en el infierno de Gengis Khan, Maciste contra los vampiros, Maciste y las minas del rey Salomón o El Zorro contra Maciste (no, mucho rigor histórico no tenían). Y también guardo un grato recuerdo de Combate de Gigantes, del inigualable Giorgio Capitani, que reunió a los grandes héroes del género, Hércules, Sansón, Ursus, y cómo no, Maciste, en el mismo film.

Esquema típico de cualquier 'péplum'

Lo que recuerdo con más cariño es que eran todas iguales. Siempre, un poderoso individuo sin escrúpulos tenía sometida a la población. Por el lugar aparecía el Hércules/Maciste de turno que se comprometía a liberar a los oprimidos. El villano siempre estaba emparejado con una morena, mientras que el héroe tenía una novia rubia (Jayne Mansfield, Raffaela Carrà y hasta María Luisa Merlo iniciaron su carrera gracias a este último rol).

Se sucedían las intrigas palaciegas, y los intentos fallidos de acabar con el protagonista, que por norma general se enfrentabá con un engendro mítico, estilo 'la hidra', y con al menos un animal, por película (casi siempre un león). No podía faltar una secuencia de danza exótica con bellas mujeres ligeras de ropa. Y finalmente, el prota reúne a los lugareños para enfrentarse a las tropas de su oponente, en la espectacular batalla final, para la que gastaban la mitad del presupuesto en extras.

No resulta extraño que el público acabara por agotarse de que le vendieran siempre lo mismo. Así que los astutos cineastas italianos cambiaron la fórmula por... ¡el spaghetti western! Ahora, un vaquero solitario llegaba a un pueblo avasallado por un terrateniente sin escrúpulos...


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