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Zona friki

“Rebeca”, cuando volver a Manderley se convierte en pesadilla

Anoche soñé que volvía a Manderley, pero vaya pesadilla. Ya podría haber soñado otra vez con la de Hitchcock…

No soy de ésos que condenan de inmediato los remakes en cuanto se anuncian que se van a rodar, ni siquiera de buenas películas. Si no se filmaran, no tendríamos por ejemplo Ben-Hur (versión de 1959), El halcón maltés (1941), La mosca (1986), La cosa (1982) o El precio del poder (1983). Tampoco las extraordinarias Luna nueva (1940) y Primera plana (1974). Todas ellas versionan películas, en algunos casos excelentes, y superan a su predecesora.

Pese a todo, yo confieso que me llevé las manos a la cabeza cuando se dijo que se iba a revisar Rebeca, obra maestra que ha fascinado a espectadores de varias generaciones. Sería lo mismo que si pretendieran filmar de nuevo Casablanca. No tiene mucho sentido. Ya lo habían hecho una vez en Italia, con Rebeca, la primera esposa, de 2008, de infausto recuerdo. Hace unos días se estrenó la peli en Netflix, y confieso que la he visto, por ser fan incondicional de Kristin Scott Thomas, que encarna a la señora Danvers, pero ni siquiera ella se salva en este pantagruélico bodrio, que no repite ni mucho menos el milagro de los títulos antes citados.

 


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Mrs DanversLo único que me ha divertido de este mayúsculo despropósito, que cuenta fatal una de las mejores historias vistas antes en la pantalla, ha sido imaginar paralelismos entre la trama y su rodaje. Como recordaréis, el primer film en Hollywood del Maestro del Suspense tiene como prota a una dama de compañía (Joan Fontaine) de tres al cuarto, tan insignificante que ni siquiera tiene nombre (tampoco en la novela). Pero da el braguetazo del siglo, cuando entabla relación en Montecarlo con el aristócrata inglés, Maximilian de Winter (Laurence Olivier), que al final le pide que se case con él. Juntos, se mudan a Manderley, la imponente mansión donde su nuevo marido vivía con Rebeca, su anterior esposa, muerta por dudosas causas. El caso es que una vez instalada, la joven ni se cree que haya prosperado tanto en poco tiempo, y que ahora se refieran a ella como la Señora De Winter. Durante todo el metraje se siente indigna de estar allí, y la sombra de Rebeca parece perseguirla por todas partes. Buscará la aprobación permanente de la señora Danvers (genial Judith Anderson), que sigue enamoradísima de su antigua jefa, por lo que para ella nadie estaría a su altura.

Algo similar ha debido ocurrirle a Ben Wheatley, director de Turistas y High-Rise, que no han cambiado para siempre la Historia del Cine, a decir verdad. Desde que comenzó el rodaje, éste se habrá sentido una inmundicia en comparación con el recuerdo de Hitchcock. Cuando llegó al set debió recordar aquel momento en el que el personaje de Fontaine bajaba las escaleras con un voluminoso vestido blanco que perteneció a Rebeca, y su esposo Maxim se horroriza y le grita que se cambie de inmediato. Si al finalizar su trabajo buscaba el beneplácito de los espectadores, éstos le habrán puesto cara de Mrs. Danvers.

En una de las mejores escenas del film de Alfred Hitchcock, Joan Fontaine recibe una llamada telefónica de alguien que pregunta por la Señora De Winter. En lugar de contestar, responde: “Me temo que su interlocutor ha cometido un error. "La Señora de Winter lleva muerta más de un año”, explica. Lo mismo le ocurriría a Ben Wheatley si alguien le dijera que quiere hablar con el director de Rebeca. “Lo siento, pero ese señor británico tan genial lleva muerto cuarenta años”, diría.

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