Hoy se estrena Gravity , la aventura espacial en 3D dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón con Sandra Bullock y George Clooney como
Hoy se estrena Gravity, la aventura espacial en 3D dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón con Sandra Bullock y George Clooney como protagonistas, y le auguro un éxito rotundo, tanto en España y Estados Unidos, como en el resto del mundo. Una de sus innegables cualidades es que permite vivir al espectador la experiencia de estar solo en el espacio, la magnífica vista de la Tierra desde ahí, el miedo a morir.
Se habla de la crisis del cine, y sí, puede ser, pero se consolida y triunfa cuando se ofrece al público como experiencia irrepetible. Quizá dentro de unas décadas los viajes espaciales serán algo normal, pero por ahora un particular no puede hacerlos, aunque algunos millonarios ya hayan soltado un montón de “pasta gansa” para apuntarse a uno de los que está organizando privadamente Virgin a través de la división que han creado al efecto, Virgin Galactic, dicen que Leonardo DiCaprio o Justin Bieber ya han reservado billete. Pero el común de los mortales podemos aproximarnos a la experiencia gracias a la potente película de Cuarón.
Va uno viendo el panorama de las películas que se posicionan para los Oscar, y la idea “experiencia de cine” forma parte de las favoritas. Con Capitán Phillips nos ponemos en la piel de este profesional al mando de un carguero secuestrado por piratas somalíes; sentimos como Tom Hanks la presión de la posible captura, el convertirse en rehén, la sensación de desamparo ante la cerrazón de los captores. Como en Gravity se siente la soledad, uno puede esperar la ayuda de la Marina yanqui y sus seals, o de la NASA, y a veces parece que tan sólo nos queda rezar, aunque la “doctora” Bullock no tenga mucha costumbre. Paul Greengrass se ha convertido en especialista en hacernos vivir historias reales, pues antes nos entregó Bloody Sunday (Domingo sangriento), tragedia por el conflicto de Irlanda del Norte, y United 93, la historia de uno de los aviones del 11-S.
Haber vivido como hombre libre, y de pronto ser reducido al estado de esclavitud es la historia, también real, que nos ofrece Steve McQueen (II) en 12 años de esclavitud. Viendo en esta película a Solomon Northup entendemos lo que significa ser tratado como mercancía, una propiedad que puede ser comprada o vendida, vernos despojados de nuestros derechos, sufrir violencia física, sexual, psíquica. Es muy duro que no se reconozca nuestra humanidad, esa dignidad de todas las personas.
¿Y qué harías si secuestraran a tu hijita, tuvieras clarísimo quién es el culpable y te sintieras impotente ante la policía, que parece no hacer nada? Prisioneros de Denis Villeneuve con Hugh Jackman nos mete en la piel de un hombre extremista, que parecía haber alcanzado cierta paz, y que desciende a los infiernos, pudiendo en su violenta actitud estar poniéndose a la altura de quien le ha arrebatado a su niña. Una fe rigorista en un caso así puede trocarse al fin en oración sincera, cuando se está al borde de la desesperación.
A bordo de un automóvil de Fórmula 1 nos pone Ron Howard en Rush, para vivir en la propia piel la rivalidad dentro y fuera de los circuitos entre Nikki Lauda y James Hunt. Película vibrante, tengo para mí que ha tenido menos éxito del que deseaban sus responsables, tal vez porque la experiencia del piloto la tienen muchas personas con las retransmisiones de las carreras, que ya ofrecen planos muy sugerentes, está claro que logran meterte bastante en harina adrenalítica.
Como se ve, resulta clave ofrecer experiencias no al alcance de todas las fortunas. Por eso, por muchos méritos que algunos conceden a la cinta española La herida, que se estrena hoy, premiada en San Sebastián en los capítulos de dirección (Fernando Franco) e interpretación femenina (Marian Álvarez), y a pesar de permitir al espectador la experiencia de vivir el síndrome borderline de la protagonista, no le auguro colas en taquilla. Lejos de mí querer aguarles la fiesta – ojalá me equivoque en esta previsión–, pero es que le experiencia de la depresión, el trastorno bipolar o demencias varias es algo bien conocido por todos, a veces porque se ha experimentado en propia carne, o porque tenemos seres queridos, un familiar, un amigo, que padecen alguno de estos males. Y claro, no apetece de entrada acudir al cine a vivir nuevamente tales experiencias.
Por cierto, que otra película española de “experiencia de cine” fue la número 1 de taquilla en 2012, ¿recuerdan? Lo imposible.
