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Blog de Hildy

Artificial, agridulce inteligencia artificial

Ya no quedan estrellas... ¡pero tenemos actores virtuales!

¿Se convertirá en estrella algún día Tilly Norwood? ¿Le concederán un Oscar? ¿Se creará la categoría del mejor actor y actriz artificiales? Lo que antes sonaba a quimera tiene revuelto al gremio de los actores de carne y hueso, peligran sus puestos de trabajo por obra y desgracia de la IA.

Ya no quedan estrellas... ¡pero tenemos actores virtuales!

Periódicamente se nos anuncia con gran solemnidad algo así como “Ha muerto la última estrella”. Ha ocurrido recientemente con Robert Redford, aunque a los pocos días muriera otra “última estrella”, Claudia Cardinale, y sigan todavía entre nosotros intérpretes tan legendarios como Meryl Streep, Clint Eastwood, Denzel Washington o Julie Andrews, por citar solo a unos pocos con innegables rasgos estelares.

De todos modos, se entiende que se utilice con tanta alegría –o mejor dicho, tristeza– el calificativo de “última”, porque sí, tenemos la sensación de que una forma de entender el cine y la actuación se encuentra en vías de extinción, y cuando alguien muere, tal sentimiento se acentúa. Por otra parte, las películas con trama y modos de hacer clásicos son, cada vez más, un bien escaso, mandan las moderneces, las series, los productos de relleno, que atraen poco a los actores consolidados, que más allá de un grupo que se muestra muy adicto a trabajar en “lo que sea”, son muy selectivos en general, y se decantan solo por lo que de verdad les resulta atractivo. Tienen la vida resuelta, no se apuntan a cualquier cosa. En cuanto a los actores jóvenes, hay talento, podría haber relevo, pero el problema reside en los tiempos en que les ha tocado desempeñarse, donde se juntan historias vacuas, inevitables en momentos en que domina el pensamiento débil, con el desarrollo de herramientas tecnológicas que podrían convertirlos en prescindibles, o reducirlos a "materia prima" de actores virtuales.

Cuando en el año 2002 Andrew Niccol estrenó S1m0ne, protagonizada por una estrella, Al Pacino, el planteamiento sonaba a ciencia ficción: Simone era un hermoso puñado de bits creado a partir de una modelo, Rachel Roberts, y en la película los espectadores ignoraban que la actriz virtual no existía de verdad, que su aplaudido trabajo por público y crítica era el resultado de un sofisticado software. Ahora parece que tuvo cierto carácter profético. Hemos visto criaturas muy expresivas, creadas a partir del movimiento de actores y el uso de sensores para capturarlo, de las que Gollum en la trilogía de El Señor de los Anillos fue llamativo ejemplo. Hubo amenazas de pleito cuando una voz de IA era sospechosamente parecida a la de la actriz Scarlett Johansson. Muchos actores han acudido a bancos digitales, que escanean su rostro y su cuerpo, y graban su voz, para constituirse en valiosa propiedad intelectual, para que si alguien en el futuro quiere hacer películas basados en ellos, tengan que pagar por los derechos. Hubo una huelga de actores en Hollywood, en que entre otras reivindicaciones estaban las de estos derechos digitales.

Y en estas, hace unos días, llegó Tilly Norwood, una actriz creada con Inteligencia Artificial por Eline Van der Velden y su compañía Particle6. El vídeo que han difundido de la “actriz”, que dice que tiene “genes binarios”, ha disparado las alarmas. Así en Hollywood el sindicato de actores SAG-AFTRA asegura en un comunicado que “se opone a la sustitución de intérpretes humanos por seres sintéticos. Para que quede claro, Tilly Norwood no es una actriz, es un personaje generado por un programa informático que fue entrenado con el trabajo de innumerables intérpretes profesionales —sin permiso ni compensación… No resuelve ningún 'problema'; crea el problema de utilizar actuaciones robadas para dejar a los actores sin trabajo, poniendo en peligro los medios de vida de los intérpretes y devaluando el arte humano.”

Llueve sobre mojado. Entiendo la indignación. Pero ocurre a la par que cierta degradación en las historias que se cuentan, paradójicamente se produce una deshumanización, con historias nihilistas y personajes desorientados y alienados. Y mientras se producen series como churros, estirando temporadas y capítulos con diálogos y situaciones sin mucho interés. Podrían estar creados por una Inteligencia Artificial. Tal vez están creados por una IA. Usada por un ser humano, sí, cada vez más perezoso y poco estimulado a tratar de entregar algo valioso.

Hay gente muy entusiasmada con Una batalla tras otra. Coincido en que Paul Thomas Anderson es un director muy potente. Pero la historia tiene elementos muy locos. Muy de fumeta. Por eso las interpretaciones de Leonardo DiCaprio, en modo “colocado”, y Sean Penn, en modo Terminator, me dejan bastante frío. ¿Podrían ser actores virtuales entrenados con IA? Podrían. Tal vez ciertos barros trajeron estos lodos.

La IA produce en todos sentimientos contradictorios. Nos asombra. Pensamos que es una herramienta útil, que nos ahorra trabajo, en tantos ámbitos. Pero la distancia entre “ahorra” y “quita” a veces parece corta. También porque hemos restado sustancia al trabajo, porque nuestras ideas van reduciéndose al mínimo, y al final, el ser humano no hace falta porque... no es humano. Antes he hablado de una película profética. Otra que también me parece que se adelantó a su tiempo es WALL·E, la cinta animada de Pixar que imagina un futuro con el planeta echado a perder, un robot limpiando y sacando esplendor, y unos seres humanos pasivos y gordinflones, delante de una pantalla, en una estación espacial, no hacen nada, o casi. Ojo con lo que deseamos. Podría convertirse en realidad.

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