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Dirige el western "Blackthorn. Sin destino"

Hace falta tener el valor de un sheriff como el de Gary Cooper en Sólo ante el peligro, para rodar un western en estos tiempos, pero Mateo Gil se ha lanzado por lo que se podría definir Territorio Apache del cine español. El coguionista habitual de Alejandro Amenábar recupera la esencia de las viejas películas de John Wayne en Blackthorn. Sin destino.

Dirige el western "Blackthorn. Sin destino"

¿Es atrevido rodar un western ahora, que casi no se hacen películas de este género?

Creo que me ha llegado la oportunidad de hacerlo en un buen momento. Se han estrenado algunos, como Valor de ley (True Grit) o Appaloosa, y hasta Quentin Tarantino está rodando uno, Django Unchained. Y Rango, un film de animación, era un claro homenaje al género. Igual este pequeño resurgimiento tiene que ver con la crisis, que nos hace volver a replantearnos ciertas cuestiones, que tienen que ver con la convivencia. Normalmente un western trata de la formación de una nación, y de la relación de un individuo con su entorno. Coincide con el regreso del cine político, sobre todo en forma de documental. Y también está relacionado con la vuelta atrás en el estilo de algunas películas. Se mira mucho por ejemplo a los 70, en el cine.

Creo que el western nunca desaparecerá. Siempre habrá quien recurra a él. Es un género estupendo para tratar problemas morales de forma sencilla. Exigen un posicionamiento moral por parte del espectador, que acepte o no la decisión que toma un determinado personaje, como en mi película la toma el que interpreta Sam Shepard al final.

Me encantó El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, que es un film muy original. La primera vez que la vi me costó un poco, porque la veía ostentosa, pero luego me ha seducido cuando la volví a ver.

¿Qué películas del género ha tomado como referencia?

Es curioso porque yo crecí viendo muchos westerns en televisión. Tardé en ir a las salas de cine, pero veía muchas películas en la pequeña pantalla. Y la gente de mi generación ha visto mucho cine del oeste desde pequeños. Nos encantaban. Lo curioso es que mientras que a mí me siguen interesando, otras personas de mi edad parecen haber renegado de ellas.

El caso es que las que me gustan son las que he disfrutado desde siempre, de directores como John Ford o Sam Peckinpah, que son grandes especialistas, y de otros que casi no se dedican al género, pero ocasionalmente han hecho grandes westerns, como Arthur Penn (Pequeño gran hombre).

Viene a resultar extraño que usted, más conocido como guionista de títulos como Tesis o Ágora, ruede como director un guión ajeno, de Miguel Barros (Los sin tierra).

Lo cierto es que yo siempre había querido dedicarme a la dirección. Acabé como guionista por una serie de circunstancias, y porque tuve la suerte de trabajar con Alejandro Amenábar, que es uno de nuestros más ilustres cineastas.

He tenido que aprender el oficio de guionista sobre la marcha. Pero ha sido muy gratificante porque me ha hecho falta tener una base literaria sólida. Además, he aprendido sobre diversas materias, como la astronomía, que la domino al dedillo tras la documentación que tuve que realizar para escribir Ágora.

No necesariamente busco dirigir, o hacer guiones, sino proyectos que me interesen, en los que me involucre a fondo.

Curiosamente, siento que Blackthorn. Sin destino es un film más personal que mi anterior trabajo, Nadie conoce a nadie, que sí estaba escrito por mí. Pero era un proyecto de encargo, que iba a rodar otro director, y me resulta una película más ajena. Esta vez me he implicado más.

¿Su gran amigo Alejandro Amenábar le ha echado una mano en la película?

Lo cierto es que sí. No ha colaborado oficialmente en la película, pero sí extraoficialmente. Para empezar, somos miembros de un grupo de amiguetes que siempre nos comentamos todos nuestros proyectos y nos damos ideas. Además, me prestó un servicio fundamental en la preparación.

Yo estaba en Bolivia, y había que venir a España para una lectura del guión con los actores europeos, que iban a venir todos aquí. Justo el fin de semana que tocaba yo no podía volver, porque se complicó la preproducción, y era arriesgado no hacer una lectura y que vinieran al rodaje directamente sin una lectura en común. La verdad es que era un 'palo' encargarse de esto, pero Amenábar se prestó gustoso. Les mandé un mensaje a los actores en el que les decía que confiaran en él, porque es mucho mejor director que yo (risas). La verdad es que ellos estaban encantados de trabajar con Amenábar. Y se tomaron decisiones importantes en base a sugerencias que me hizo Alejandro.

¿No era arriesgado rodar una película que sobre el papel es una secuela de Dos hombres y un destino? Su película está bien pero las comparaciones pueden ser odiosas...

Me da miedo que la gente haga comparaciones. Mucha gente dice que cómo me atrevo a hacer esto en España. Temía que se creara una corriente en contra. Aunque la idea era irse hacia otro lado. Hemos usado la figura de Butch Cassidy como representación del estilo de vida de los antiguos habitantes del Salvaje Oeste, y para remitir a los antiguos valores. Creemos que tras el inicio de la película, los espectadores se olvidarán del peliculón de Paul Newman y Robert Redford, y se interesarán por lo que queremos contar nosotros.

¿Tiene una lectura metacinematográfica el film, con Sam Shepard representando el viejo Hollywood?

En cualquier caso es cierto que las imágenes dan que pensar sobre el cine. La idea consciente que había desde un primer momento era lanzar una mirada hacia un tipo de cine que ya no se hace, y que podría gustarle al espectador.

Muchas veces las productoras afirman que hay que rodar lo que al espectador le gusta, pero a veces triunfan en las carteleras algunas películas porque no hay otra cosa. Y cierto tipo de películas podrían gustar, pero se han dejado de rodar.

¿No le intimidaba trabajar con un gigante del teatro, la literatura y el cine como Sam Shepard?

Pues lo cierto es que antes de empezar el rodaje, estaba asustadísimo. No sólo porque para mí es uno de los grandes, sino porque había escuchado que tiene un carácter fuerte y es un hombre muy estricto, de trato difícil.

Sin embargo, siempre he pensado que se puede colaborar con cualquier persona, siempre que se haga desde el respeto. Traté de confiar en el propio Sam Shepard, y al final todo salió muy bien.

¿Aporta algo nuevo al género Blackthorn. Sin destino?

No lo pretende. Creo que se han hecho muchas películas, y que lo importante era hacer bien un western, no innovar. Pretendía más bien homenajear a los que me gustan, y trata de temas muy clásicos, como las consecuencias de los actos del individuo.

Creo que Estados Unidos es un país donde tiene una gran importancia la libertad individual. Pero esta libertad trae consigo siempre consecuencias, como se ve en las grandes películas del género. Es el país donde se institucionalizó el 'ojo por ojo', pero el género trata muchas veces de que cada uno responde de sus actos, lo que da mucho juego.

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