Alain Delon ha muerto a los 88 años de edad en Douchy, Francia, según han anunciado este domingo sus familiares en un comunicado."Alain Fabien, Anouchka, Anthony y (su perro) Loubo anuncian con profundo pesar el fallecimiento de su padre. Falleció en paz en su casa de Douchy, rodeado de sus tres hijos y su familia", dice el comunicado en el que piden "que se respete su intimidad en este momento de duelo extremadamente doloroso".
Galán por antonomasia del cine europeo, fue el rostro más emblemático del cine francés e italiano de los años 60 y 70, cuando protagonizó clásicos inolvidables. Su innegable atractivo, pose de ‘chulo’ y enorme talento interpretativo le convirtieron en toda una leyenda, especializado en rebeldes, amantes románticos, jóvenes abnegados, y tipos duros. A pesar de su enorme tirón popular, Alain Delon no tuvo una vida fácil.
Nacido el 8 de noviembre de 1935 en Sceaux (Hauts-de-Seine), Alain Delon procedía de un hogar roto –sus padres se separaron cuando sólo tenía cuatro años–, por lo que tuvo una infancia dura. Era un niño marginal y solitario, siempre metido en líos, al que expulsaron de varios colegios. A los 16 años se enrola en el ejército, por lo que acabó sirviendo en el cuerpo de paracaidistas, durante la guerra de Indochina. Cuando se licencia, ejerce diversas ocupaciones, como portero, vendedor o camarero, hasta 1957, cuando decide visitar el Festival de Cannes, invitado por su gran amigo Jean-Claude Brialy, que empezaba a hacer carrera como actor, con papeles secundarios. Éste le presentó a importantes personajes del mundillo cinematográfico y directores, a los que no les pasó desapercibido el enorme potencial de Delon. Enseguida le ofrecieron su primer contrato, para interpretar a un destacado secundario en Quand la femme s’en mêle, un drama desconocido de Yves Allégret.
Delon llegó al cine y triunfó enseguida, pues tras otro breve papel en Una rubia peligrosa –donde coincidía por primera vez con Jean-Paul Belmondo, el otro grande del cine francés– le ofrecieron su primer papel protagonista, en Amoríos, de Pierre Gaspard-Huit. Esta apasionada historia de amor se convirtió en todo un acontecimiento, no sólo por su éxito en las taquillas, sino por razones extracinematográficas, pues Alain Delon enamoró realmente a la protagonista femenina, la mítica Romy Schneider, a la que considera “el gran amor de su vida”, según comentó a un periodista tras la muerte de la actriz. A pesar de todo, parece que el frívolo actor no se dio cuenta de este pequeño detalle en su momento, pues tras un intenso romance que acaparó la mayoría de portadas de la prensa del corazón en su momento, Delon desoyó las súplicas de Schneider, que quería regularizar la situación, y acabó abandonándola, dejándola sumida en una intensa depresión, y provocando que tuviera que ser tratada con calmantes. No se explica por qué, a pesar de todo, la adorable protagonista de Sissy emperatriz mantuvo la amistad con Delon durante toda su vida.
Con Schneider a su lado, Alain Delon inició su etapa de mayor apogeo. La actriz le apoya con una brevísima aparición en la primera secuencia de A pleno sol, de René Clement, donde Delon encarna a Tom Ripley, el carismático asesino creado por Patricia Highsmith. A continuación, Delon y Schneider fueron dirigidos por Luchino Visconti en su montaje de la obra teatral ‘Lástima que sea una puta’ de John Ford, el dramaturgo isabelino, no el brillante cineasta. La obra fue todo un exitazo y Visconti decidió volver a confiar en Delon para convertirle en el bondadoso e inocente Rocco, en Rocco y sus hermanos, uno de los títulos clave del director, que reflejaba el éxodo del campo a la ciudad, el gran fenómeno demográfico de la época. Visconti quedó tan satisfecho con su trabajo que volvió a recurrir a él en otra de sus grandes obras, El gatopardo, Palma de Oro en Cannes, en 1963.
Otro relevante director italiano, Michelangelo Antonioni, confía en Alain Delon para interpretar a un corredor de bolsa en El eclipse. Intentó la aventura de Hollywood, con títulos como Texas, junto a Dean Martin, pero allí nunca revalidó su éxito. A pesar de sus experiencias internacionales, el actor prefiere concentrarse en el cine francés, con títulos como Gran jugada en la Costa Azul –clásico del cine policial con Jean Gabin–, El tulipán negro, La piscina –de nuevo con Romy Schneider–, ¿Arde París? o El silencio de un hombre, de Jean-Pierre Melville, emblemático título del cine negro francés. Delon protagonizó esa película con Nathalie Canovas, fotógrafa marroquí con quien acababa de contraer matrimonio, y que usaba como actriz su nombre de casada, Nathalie Delon. Poco después del rodaje nacía el primer hijo del matrimonio, Anthony, que sigue como actor los pasos de su padre. Tras divorciarse de Nathalie, Delon tendría posteriormente otros dos hijos, Anouchka y Alain, con otra pareja, Rosalie van Breemen, y otro hijo, Christian Aaron Boulogne, con Nico, modelo alemana nacida en España. “Se me da muy bien hacer tres cosas: mi trabajo, las estupideces y los niños”, ha comentado Delon.
Tras el éxito de El clan de los sicilianos, que protagonizó junto a Jean Gabin, Delon se concentra en la producción de títulos como Borsalino, que le emparejó con un viejo compañero, el anteriormente citado Jean-Paul Belmondo. Delon también produjo e impulsó El otro Sr. Klein, de Joseph Losey, donde realiza una de sus mejores interpretaciones, como un hedonista individuo que se aprovecha de los judíos perseguidos durante la ocupación nazi de Francia.
Alain Delon llegó a ser el actor principal de Aeropuerto 79, la entrega europea de la famosa saga catastrofista, en la que un Concorde sufría un atentado. A continuación, probó fortuna como director con Por la piel de un policía, El choque y Le Battan, que no tuvieron demasiada repercusión. A lo largo de los 80 y 90 siguió bastante activo en teatro, televisión y cine, con películas irregulares, normalmente menos exitosas que las de décadas anteriores. Gana el Cesar al mejor actor por Nuestra historia, de Bertrand Blier, que también le dirigió en Los protagonistas, donde lo mejor era su monólogo. La comedia Uno de dos le une nuevamente con Belmondo. Desencantado con los proyectos de bajo interés que le ofrecían, con el cambio de milenio abandona casi por completo el cine –no así el teatro y la televisión– aunque hizo alguna excepción para encarnar a Julio César, en Astérix y los juegos olímpicos, o para un papel secundario en la comedia dramática Toute ressemblance, donde aparecía por última vez en pantalla.
