El momentazo cinematográfico más angustioso del año: Chiwetel Ejiofor , con las manos atadas, sin poder liberar su cuello de una
El momentazo cinematográfico más angustioso del año: Chiwetel Ejiofor, con las manos atadas, sin poder liberar su cuello de una soga, mientras la gente pasa a su lado como si no existiera, en 12 años de esclavitud. También lograba una enorme tensión Mads Mikkelsen, cuando entra en misa en Nochebuena, plantando cara a sus vecinos, que le han juzgado mal, en La caza (Jagten). Los restos de un satélite provocan un trágico accidente espacial en un brillante plano secuencia de Gravity de más de un cuarto de hora. Los francotiradores de la Armada estadounidense tratan de tener a tiro a los terroristas somalíes que han secuestrado al protagonista, en Capitán Phillips.
Resulta revelador y todo un puñetazo en el estómago del espectador el reencuentro de Cate Blanchett con su hijo hacia el final de Blue Jasmine. También la memorable conclusión de La jaula de oro (2013), con uno de los adolescentes protagonistas en la nave de una industria cárnica con los despojos por el suelo, y que sale al exterior nocturno donde caen los copos de nieve.
En secuencias mágicas, destaca aquélla en la que Ben Stiller encuentra a Sean Penn en el Himalaya, cuando éste consigue fijar en el objetivo de su cámara a un escurridizo leopardo, en La vida secreta de Walter Mitty. Un joven (Domhnall Gleeson) contempla por primera vez la apariencia física de la que va a ser la mujer de su vida (Rachel McAdams), tras haberla conocido a oscuras, en Una cuestión de tiempo.
La cámara sigue al congresista Thaddeus Stevens (Tommy Lee Jones) para que el espectador descubra el verdadero motivo de su apasionada defensa del abolicionismo, en Lincoln. Y la agente de la CIA, única viajera de un transporte militar aéreo tras la liquidación de Bin Laden, con el interrogante “¿Adónde vamos?”, en La noche más oscura (Zero Dark Thirty), también daba mucho que pensar.
