Ninguno de los premiados de honor por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood faltó a la cena donde se les hizo entrega de del Oscar honorario en reconocimiento a toda su carrera en el caso de Maureen O'Hara, Hayao Miyazaki y Jean-Claude Carrière y del premio humanitario Jean Hersholt para Harry Belafonte.
La pelirroja Maureen O'Hara acudió al acto a sus 94 años en silla de ruedas, y estuvo muy bien acompañada en el escenario por Clint Eastwood y Liam Neeson. En su discurso de agradecimiento por el Oscar honorario no dejó de mencionar a personas muy importantes en su carrera como Charles Laughton y John Wayne. A pesar de su edad, y que se alargaba en sus palabras, su presencia en el escenario no cansó nunca a los asistentes. Para Hayao Miyazaki uno de los grandes placeres de estar allí esa noche para recibir el Oscar honorario fue conocer a la nonagenaria actriz, y también le pasó a otra pelirroja, Jessica Chastain, espectadora de excepción.
John Lasseter fue el encargado de presentar a Miyazaki, de cuyas películas dijo “me han emocionado, me han inspirado y me han ayudado a formarme como cineasta”, y no dejó de compararle con el gran Walt Disney.
Siempre emociona que se reconozca a un guionista, labor que no siempre es tan apreciada como sería de desear. Jean-Claude Carrière, que trabajó al lado de gigantes como Luis Buñuel, fue presentado por Philip Kaufman, con quien colaboró en La insoportable levedad del ser. Carrière agradeció que la Academia no se olvidara de los guionistas, quienes a menudo son “como sombras que atraviesan la historia del cine”.
El discurso más combativo de la noche corrió a cargo de Harry Belafonte, que veía premiada su labor humanitaria con un premio que recibió de manos de Susan Sarandon. El actor recordó los estereotipos racistas que a veces han impregnado las películas de Hollywood, y expresó su alegría porque esto hubiera cambiado.
