Las recientes nominaciones a los Premios Goya vuelven a poner un año más en el candelero a los mejores intérpretes del año en nuestro país. Y surge entonces la pregunta: ¿un actor nace o se hace? ¿Cómo se consigue llegar hasta lo más alto?
Está claro que para ser actor no es condición necesaria haber estudiado arte dramático, como atestiguan algunas eminentes estrellas del firmamento cinematográfico mundial, como Tom Cruise, Brad Pitt, Jennifer Lawrence, Christian Bale o Russell Crowe, por poner ejemplos de renombre. Pero eso son sólo excepciones. No debemos pensar que es fácil convertirse en actor o actriz dejándose llevar simplemente por el deseo y la actitud positiva. Nada de eso. Como en las demás facetas de la vida actuar no es fácil y para triunfar, además de la excelencia en el trabajo hace falta un esfuerzo considerable.
Puede decirse que de los actores y actrices nominados este año a los Premios Goya quizá el único que no ha necesitado estudiar estrictamente arte dramático es José Mota, nominado al mejor actor de reparto por Abracadabra. La razón lógicamente es que su excepcional talento para la comedia le llevó a dedicarse a ella en diversos espectáculos hace casi treinta años. La tablas que adquirió en programas televisivos con el célebre dúo Cruz y Raya fue la mejor escuela de interpretación que pudo obtener. Pero desde luego ésa no es la trayectoria normal de quien triunfa en el cine.
Formación interpretativa
Lo normal si se desea triunfar en el arte cinematográfico, como en cualquier otra disciplina, es estudiar concienzudamente para ello. Hay en España numerosísimas escuelas de arte dramático y se imparten decenas de cursos de interpretación al más alto nivel en numerosas entidades públicas y privadas. Entre muchas otras puede citarse, por poner un ejemplo modelo, la Escuela de interpretación Pape Pérez Landén, en Madrid, que lleva impartiendo lecciones más de veinticinco años, dirigidas a alumnos enfocados al cine, el teatro y la televisión.
Una cosa está clara: para triunfar es tan necesaria la perseverancia como el talento, si bien es cierto que hay actores que han tenido el camino más llevadero, como los que gozan de la herencia familiar adecuada, tal es el caso de Javier Bardem, nominado por Loving Pablo. Es conocido que el actor madrileño proviene de una saga de cineastas muy conocida de nuestro país y él pudo desde niño empezar a actuar. Otros, como la nominada por Abracadabra Maribel Verdú tuvieron la suerte también de empezar de niñas haciendo spots y así conseguir más tarde consolidar su carrera.
Sin embargo, no sorprende darse cuenta de que todos los demás nominados, actores y actrices, han estudiado años interpretación, con lo que eso significa de dinero, esfuerzo y tiempo. Algunos de ellos, como Antonio de la Torre, nominado doblemente por Abracadabra y El autor, empezaron tarde, tras licenciarse nada más y nada menos que en periodismo. En el caso de Anna Castillo, nominada por La llamada, no fue fácil compaginar sus estudios normales con los de interpretación, tanto en Madrid como en Barcelona, pero lo tenía tan claro que no desfalleció. Y llegó el premio. Y ese ha sido el camino de los demás, desde Penélope Cruz, nominada por Loving Pablo, que decidió estudiar cine con 13 años tras ver ¡Átame! de Almodóvar, hasta Lola Dueñas (No sé decir adiós), pasando por interpretes más jóvenes, como Belén Cuesta (La llamada), Andrés Gertrúdix (Morir) o Bruna Cusí (Verano 1993). Aún así hay que remarcar que, a pesar de estudiar con denuedo, no es fácil triunfar ni sobre los escenarios ni en la gran pantalla. Quizá pasen muchos años hasta que alguien logre ser considerado un grande de la profesión, como sucedió en el caso de Javier Gutiérrez, nominado este año al mejor actor por El autor.
