Reportajes
Cannes 2013: Todo listo para el arranque de la 66 edición del Festival
Todo está listo para el lanzamiento de la edición número 66 del Festival de Cannes. En un mundo en crisis económica, política y moral, donde el optimismo no es la nota dominante, la competición se pone en marcha desplegando las luces y los colores de la fiesta que quizá ocultan la realidad del mundo. Y ello aunque el Festival tienda su espejo para reflejar los males de nuestra época y lanzar a veces amenazas catastróficas sobre el porvenir. Cannes se gloría de estar en contacto con la realidad, por ello hace temblar mucho más que reír, y por ello también sus creadores reivindican a menudo preocupaciones sociales y políticas.
A este reflejo del mundo como es, se añade cada año la reflexión sobre el Festival mismo, con la mirada obligada a lo que se nos prepara en cuanto a su contenido, es decir, las películas, sobre todo las que constituyen la competición y serán juzgadas el 26 de mayo por el jurado presidido por Steven Spielberg y del que se espera audacia, lucidez y apertura sobre el futuro.
Esta última está unida al famoso reproche que se ha concretado en los últimos años en acusación al Festival de haberse transformado en un Club cerrado, en el que es tan difícil entrar como salir. Son los famosos “abonados” a Cannes, que envían regularmente sus películas y que ritman sus fechas de producción con las del Festival.
Los abonados y las mujeres
Respecto a estos autores, el Presidente del Festival, Gilles Jacob, nos recordaba recientemente que es cierto que existe una “familia” de directores unidos a la historia de Cannes, y que han venido frecuentemente a la Croisette a lo largo de los años; estos autores siguen dando sus noticias y sería difícil ignorarles. Todo ello obedece según él a un fenómeno natural, que nada tiene de extraño. De todos modos el Festival se ocupa siempre de incluir nuevos nombres, a veces incluso primeras películas, para dar sangre nueva al cine mundial. Los nombres nuevos llegan más bien a través de la sección Un certain Regard y por ello es normal que los nombres retenidos este año en la competición se sitúen en mayoría aplastante en torno a la generación de los 50 años, con raras excepciones como Roman Polanski, que se acerca a los 80, y Amat Escalante, que sólo tiene 34.
Cine del mundo mundial
Al hablar de universalidad, y sólo teniendo en cuenta la selección oficial, el Festival parece dominado por dos países: Estados Unidos y Francia, con una presencia del cine oriental que ha manifestado su importancia en los últimos años. Es cierto que Latinoamérica solo cuenta con una película, Heli, del mexicano Amat Escalante, la historia de una niña de 12 años mezclada con el tráfico de droga. Como la película está producida por Carlos Reygadas puede haber sorpresas y no todas agradables. También es una sola película la que tendrá el honor de representar el continente africano: GriGris, de Mahamat-Saleh Haroun, paradójico relato de un joven con una pierna paralizada que sueña con ser bailarín.
El retorno al cine occidental supone anunciar la preponderancia del cine de los Estados Unidos y a la presencia multiforme de Francia. Pero es llamativa la ausencia de otros países como España y Alemania, sólo compensada, en el balance europeo, por la presencia del autor holandés, más bien confidencial, Alex Van Warmerdam; en Borgman cuenta la historia insólita de una familia burguesa que acoge en su casa a un vagabundo, produciendo las imaginables dificultares familiares. Es cierto que los temas familiares abundan, a los ya evocados en la película francesa de Valeria Bruni Tedeschi hay que añadir una crítica social generalizada de Paolo Sorrentino en La Grande Belleza y que se refiere sin duda a Italia.
El despliegue frances
La evocación de esta película de producción francesa pone sobre el tapete la importancia de Francia a la hora de la producción de obras que van al Festival con apariencia de venir de lejos, pero que son en realidad producciones francesas. Para algunos Cannes sería sobre todo la vitrina de la producción francesa, realizada por cineastas de diversas nacionalidades que en algunos casos tienen dificultades para rodar en sus países respectivos. Este argumento puede aceptarse pero insistiendo en el último matiz, Francia hace efectivamente posible el trabajo de ciertos directores que encuentran dificultades financieras o políticas en sus países de origen. Esta explicación aleja las críticas sobre conflictos de intereses y concede además a Francia un papel de motor del cine mundial.
Por otra parte, los cineastas franceses dan pruebas de salir de las fronteras nacionales. La película de clausura (fuera de concurso), Zulu de Jerôme Salle (Largo Winch), ha sido rodada en África del Sur; Arnaud de Pallières adapta una obra de Kleist -Michael Kohlhaas- y confía el papel central al danés Mad Mikkelsen. En la misma línea de mundialización, Arnaud Desplechin en Jimmy P. ira a los Estados Unidos, para ocuparse del caso psiquiátrico de un indio (Benicio del Toro) que ha combatido en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. La acción multiforme de Francia se ejerce también a través de cineastas que tienen la doble nacionalidad como Roman Polanski o Abdellatif Kechiche. El franco polaco hace rodar a su esposa Emmanuel Seigner en La Venus à la fourrure y el franco-tunecino, Abdellatif Kechiche, destinará en La Vie d’Adèle más de tres horas a la adaptación de un cómic sobre la homosexualidad femenina. En fin, sólo François Ozon parece no estar bajo el influjo del vértigo de los viajes, pero de la obra presentada Jeune et jolie sólo sabemos que trata de la historia de una joven, por supuesto joven y bella, a través de las cuatro estaciones del año y de cuatro canciones.
Las películas americanas
La participación americana en Cannes es siempre objeto de análisis y comentarios. Unas veces se anuncia su ausencia, otras su retorno espectacular. La realidad es más compleja. La grandes compañías americanas tienen una cierta alergia al Festival, que puede crear una mala reputación a una película en el momento de su lanzamiento mundial. Por ello prefiere las presentaciones fuera de concurso de obras prestigiosas de las que el Festival desea servirse además para su prestigio mediático. Este es el caso de la película de inauguración fuera de concurso El gran Gatsby (2013) de Baz Luhrmann, con Leonardo DiCaprio.
Entre las películas en competición hay dos categorías, los “ya venidos” y “los de la familia”. Entre los primeros, Alexander Payne (A propósito de Schmidt, Entre copas) que con Nebraska nos conducirá a la America profunda, donde un anciano hace un largo viaje para cobrar un premio ganado en una rifa. En la misma categoría hay que colocar a James Gray con tres presencias previas en Cannes (Cuestión de sangre, La otra cara del crimen, Two Lovers), casi siempre entre mafias o ambientes judíos, y que este año nos hablará en The Immigrant de una emigrante polaca en los Estados Unidos interpretada por Marion Cotillard. Quedan otros autores completamente “de la familia”. Un Jim Jarmusch venido por primera vez en 1983 donde obtenía la Cámera de Oro por Extraños en el paraíso, y que volvía en otras muchas ocasiones. Llega ahora con Only Lovers Left Alive, una obra que se anuncia difícil, como todo su cine, pero que debe encontrar en Cannes cinéfilos atentos.
Una mirada a las otras secciones del Festival, así como a las secciones paralelas, nos revelan todavía multitud de nombres interesantes. A las directoras, ya citadas de Un certain Regard es preciso añadir a Rithy Panh, Hiner Salem, James Franco, Diego Quemada-Díez, Adolfo Alix Jr., etc. Igualmente descubrimos en las sesiones especiales a Claude Lanzmann, Johnnie To, Stephen Frears y Guillaume Canet. La lista sería interminable si continuara con la Quincena de Realizadores o la Semana de la Critica, pero no hay que hacerse ilusiones, habrá en Cannes montaña de películas que será imposible ver por falta material de tiempo, lo que es, desde hace ya bastantes años, una fuente perpetua de frustración.
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