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Silencio, se rueda: Scorsese y Almodóvar coinciden en título, cinefilia y facilidad de palabra

<span class="s1">Silencio, se rueda: Scorsese y Almodóvar coinciden en título, cinefilia y facilidad de palabra</span>

No deja de ser curioso que las nuevas películas en que trabajan Martin Scorsese y Pedro Almodóvar coincidan en su título: Silencio y más Silencio. Por sus tramas tiene toda la pinta de que será el único detalle en común, y es que al fin y al cabo su cine es bastante diferente. De todas formas esta “silenciosa” circunstancia me invita a jugar al juego de los parecidos y las diferencias en lo que promete ser una ceremonia de confusión de títulos en 2016.

Creo que si en algo coinciden Scorsese y Almodóvar es sin duda en su cinefilia. Les encanta el cine, ambos frecuentaban en tiempos filmotecas y cines de arte y ensayo, han chupado mucho fotograma, y les encanta conversar sobre películas. No puedo olvidar el número 1, de invierno de 1995, veinte años nos contemplan, de la desaparecida revista Nickleodeon, promovida por José Luis Garci: dedicado al cine español, incluía una larga conversación de él y sus amigos tertulianos con el director manchego, donde él se explayaba, no sólo hablando de su propio cine, sino de Douglas Sirk o Johnny Guitar, los amarillos de Dick Tracy, de John Cassavetes y Woody Allen. En cuanto a Scorsese, no sólo La invención de Hugo rinde homenaje al pionero Georges Méliès, sino que tiene libros como “Un recorrido personal por el cine norteamericano”, publicado por Akal, o su personal documental Il mío viaggio en Italia, un recorrido por el cine italiano que no tiene desperdicio. Los que conocen la historia del Séptimo Arte a fondo son capaces de detectar enseguida influencias de ese background formado por lo mucho que han visionado.

Por otro lado, a pesar de la palabra “silencio” de sus películas, les gusta hablar y lo hacen ambos con pasión. Almodóvar por ejemplo no puede reprimir lanzar andanadas políticas contra la derecha, es su carácter, que diría el escorpión de Orson Welles, es célebre su sugerencia de los populares estaban poco menos que promoviendo un golpe de estado aprovechando el 11-M. Aunque por ceñirme a lo cinéfilo, pienso en esa especie de diarios personales que escribe cuando se encuentra en un rodaje, y su afición a escribir personalmente los dossieres de prensa. Ahora, con Silencio, ha escrito largas parrafadas, no me resisto a reproducir aquí algunas líneas de lo que comentado sobre el rodaje de Silencio: “Escribo a vuelapluma mientras hago las maletas para viajar a los Pirineos, donde continúa el rodaje de Silencio. Ya está en la calle el primer poster teaser con Emma Suárez y Adriana Ugarte en bergmaniana actitud, con foto de Nico Bustos. Hace dos semanas cruzamos el ecuador del rodaje. Todo va bien a pesar del calor inhumano que estamos padeciendo. Ya se ha producido el relevo de Adriana Ugarte por Emma Suárez, y ha sido en un bloque de escenas claves del que depende toda la película. Las escenas son un mano a mano entre Emma Suárez y la turbadora Nathalie Poza en una casa aislada con un balcón natural frente a la Peña Montañesa, en Fanlo. Valga el tópico, marco incomparable donde los haya. Hemos pasado mucho calor, mucho vértigo, mucho miedo y mucho placer cuando terminamos la última toma de este encuentro en la cumbre.” Además, en su nota fechada el 10 de julio, con ese estilo exagerado que le encanta, concluye con un "el pelo me arde".

Según la nota de prensa de El Deseo, el Silencio almodovariano “habla del destino inevitable, del complejo de culpa y de ese misterio insondable que nos hace abandonar a las personas que amamos, borrándolas de nuestra vida como si nunca hubieran significado nada. Y del dolor que ese abandono provoca en la víctima.” Resumen algo abstracto que tal vez podría aplicarse, oh, sorpresa, a la adaptación que está haciendo Scorsese de Silencio, la gran novela de Shusaku Endo, sobre los jesuitas misioneros en Japón del siglo XVII.

Estoy ilusionado con que el director italoamericano logre hacer una buena película sobre el desafío de los mártires, la predicación del Evangelio y estar dispuesto a dar la vida por amor a Cristo. Pienso que Scorsese puede acercarse a la angustia y las dudas de unos sacerdotes con grandes ideales, pero humanos, que no pueden comprender el silencio de Dios, y para los que la muerte de japoneses inocentes por su presencia allí supone una pesadísima carga. En mi modesta opinión, el director nunca entendió en La última tentación de Cristo la divinidad de Jesús, y su protagonista por tanto carecía de atractivo y fuerza, todo el film, más allá del escándalo que suscitó en 1988, resultaba fallido, Scorsese no llegaba a la suela de los zapatos de lo pretendido.

Quizá ahora, pintando hombres y sus dilemas morales, se acerque más a lo que sobre el papel consigue Endo. Espero sinceramente que lo consiga. El tema de la persecución de los cristianos es de triste actualidad, pienso en las diabólicas salvajadas perpetradas por el Estado Islámico y Boko Haram, y en un mundo, el actual, al que le cuesta entender que alguien muera rezando y perdonando, o que de modo blasfemo otros invoquen el nombre de Dios para perpetrar un crimen abominable. Hay un silencio de Dios, que los creyentes experimentamos, aunque la realidad es que no deja de hablar, lo que pasa es que no le escuchamos; pero, no nos engañemos, hay también un Dios silenciado, ignorado, eliminado del paisaje. Algunos le consideran molesto, pues tenerle en cuenta puede conllevar molestas consideraciones; a otros se lo han arrancado de cuajo desde la más tierna infancia y así andan los pobres, perdidos.

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