Cada vez disfruto más viendo películas clásicas, y tengo la sensación de que el cine que se hace hoy en día es peor que el de antaño. No me considero un nostálgico que se repite todo el tiempo que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero sí detecto muchos defectos, falta de ideas y contenidos, capacidad de riesgo, inventiva en los estrenos. Lo que me produce auténtico terror, sea o no Halloween.
Sin intención de ser exhaustivo, ofrezco a continuación una relación de características de muchas películas y series que se vienen produciendo en los últimos tiempos, y que dan miedo al traslucir de modo inequívoco una decadencia en el arte de contar historias en la pantalla. Como me gusta ser optimista, confío en que se pueda dar la vuelta a la tortilla. Pero de momento tiemblo y se me eriza el cuero cabelludo de terror genuino ante algunas tendencias.
1) Secuelas, franquicias, remakes, reboots, spin-offs... Abundan las palabras para referirse a las películas que son variaciones de la misma historia. Considero legítimo para cualquier artista revisitar historias de calado universal, pero cuando llega la enésima entrega de superhéroes o de Star Wars, considero que tenemos un problema. Y creo que incluso los fans más acérrimos están de acuerdo que cuando el chicle se estira demasiado llegan productos con claros síntomas de agotamiento como Thor: Love and Thunder y El libro de Boba Fett.
2) Hay mucho miedo a la inteligencia artificial, que quitará puestos de trabajo, y matará la inventiva de las historias. Pues mira, visto lo que se hace en nuestros días, a mí eso no me da tanto miedo. Hay tantas fórmulas repetidas, clichés, normas no escritas que se siguen a la letra, que la IA lo único que hará es facilitar tanta tontería. Precisamente si los creadores arriesgaran un poco, no tendrían nada que temer a lo que escriba una “estupidez artifical”, pero si el humano ya es estúpido previamente...
3) Wokismo a todo trapo. Repartos que cubran todo el arco iris de la diversidad racial y sexual, se imponen las cuotas. Un personaje trans debe ser interpretado por un actor trans. Las mujeres deben tener los papeles principales, no sucumbir a atracciones amorosas, poner al mando bien empoderadas. Los historias y las declaraciones de los artistas deben estar muy medidas, que nadie se ofenda, respetemos a las minorías. Ríanse de la censura de antaño, la actual no deja espacio al ingenio para sortearla, ay del que intente hacerlo.
4) A lo anterior se suma la hipocresía con mensajes de advertencia sobre contenidos en algunas películas y series. Clásicos como Lo que el viento se llevó y Dumbo contienen advertencias de supuesto racismo y tabaquismo –antes vi hacerlo con los tebeos de “Tintín en el Congo” y Lucky Luke–, e incluir escenas de agresión sexual o suicidio juvenil se “salvan” con la coartada de incluir teléfonos de ayuda para el que tenga problemas; me asusté cuando vi mensajes de advertencia de tabaquismo en el biopic del cómico Eugenio –sus actuaciones fumando eran parte de su marca de fábrica– Saben aquell; eso sí, jamás verás avisos de que fumar porretes no es algo divertido y desihibidor, y que puede ser perjudicial para la salud, o que la promiscuidad no es lo lo más sano, o que...
5) La duración no es un límite. Al contrario, cuanto más largo, mejor. No te cortes, no repases ni consideres que algo es redundante. Hay que llenar horas de contenido, especialmente en plataformas de streaming. Si puede ser una serie, no lo hagas como película. Si creías poder despacharlo con 5 temporadas, mira a ver si no podrían ser 8. Rellena, rellena, rellena.
En cine muchas películas se acercan a las tres horas, cuando no superan ese metraje ampliamente. Y no todos son Scorsese o Nolan. Me hizo gracia leer el otro día que Alexander Payne. se quejaba del tema, aunque no predicando precisamente con el ejemplo, su último film, The Holdovers, dura dos horas y cuarto.
6) Hay saturación de producciones. Muchas plataformas de streaming, que necesitan ofrecer mucho contenido para justificarse. En parte lo compran en otros mercados, pero también se han lanzado a la producción desmesurada, a veces en régimen de coproducción internacional, y el resultado es muchísimas películas y series, la mayoría de escaso interés. Además, como en streaming existe una gran opacidad en los visionados, no hace falta justificarse sobre qué es lo más visto.
Esto inevitablemente va a cambiar, porque muchas producciones supone mucho gasto, y muchas plataformas significa que no hay pastel de ingresos de suscriptores para todos. Soluciones como aumentar la cuota mensual, o concebir modelos mixtos con publicidad, son parches. Ningún espectador tiene tanto tiempo (ni interés) para ver todo lo que las plataformas “vomitan” semanalmente. La excusa de cubrir todos los gustos no es suficiente...
7) Cuenta el mito que Diógenes andaba todo el tiempo con una lámpara encendida, buscando un hombre de verdad. Yo intento lo mismo, buscando algún director joven cuyo cine me interese, y lo cierto es que me cuesta dar con él. Este año me han gustado los nuevos títulos de octogenarios, Martin Scorsese, Woody Allen, Stephen Frears, Víctor Erice, y espero con ganas lo último de Ridley Scott, pero francamente, no se me ocurre un cineasta de treinta años que me tenga deslumbrado, algo parecido a un descubrimiento. Veo que Celine Song, que me ha deslumbrado con Vidas pasadas, tiene 35, pero es la excepción a la regla.
8) Este año ha marcado a Hollywood por la huelga de los guionistas –que han alcanzado finalmente un acuerdo con los estudios– y la de actores –que sigue mientras se escriben estas líneas. En otras épocas una huelga era algo muy serio, pero en los tiempos que corren, los estados aprueban subsidios para los actores que llevan en huelga demasiado tiempo, y pasan cosas tan raras como mil exenciones para que los artistas puedan seguir trabajando o promocionando un film, o que los actores sindicados firman una carta de apoyo a la huelga de su propio sindicato. En fin, bla, bla, bla...
El cine está triste. ¿Cuándo fue la última vez que nos reímos de un modo genuino con una comedia? Me da miedo un mundo como el sugerido por el corto de Mercero y Garci La Gioconda está triste, en que las personas y el célebre cuadro de Da Vinci han perdido la sonrisa, en nuestro caso la capacidad de sacar adelante comedias que produzcan sonoras carcajadas ha disminuido ostensiblemente, y eso que el público las agradece, me vienen a la cabeza excepciones localistas españolas, Vacaciones de verano o CampeoneX.
10) Tiemblo cuando veo en las plataformas los títulos más vistos, siempre son mediocridades que de destacan en sus portadas, o que algoritmos dirigidos nos señalan que hemos de ver. Y allá que vamos los suscriptores aborregados, a pesar de que esos enormes contenedores albergan películas y series mucho más interesantes, pero lejos de nosotros buscar o arriesgar. Es cierto que siempre queda la esperanza, gente que se suscribe a sitios como Filmin, porque ahí hay clásicos, y tal vez la dispersión de lo que elegimos ver hace que acaben destacan las novedades puras y duras, aunque con frecuencia sean malísimas. Confío en que la explicación sea esa, aunque...
