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Blog de Hildy

Desconexión casi total con los espectadores

Algo pasa con Hollywood (y no se trata de nada bueno)

Se confirma. El fenómeno “Barbenheimer” fue un espejismo. La reconciliación de público, crítica y Oscar fue flor de un día. La gente vio masivamente “Oppeneheimer” y “Barbie”, y sobre todo la primera fue recompensada con estatuillas doradas. Pero Hollywood vuelve a ponerse estupendo olvidando lo más importante: el público.

Algo pasa con Hollywood (y no se trata de nada bueno)

2 de marzo. Gala de los Oscar. Se confirma como triunfadora Anora, con 5 Oscar en las principales categorías de película, dirección, guión original, actriz principal y montaje. Su director, Sean Baker, recibe personalmente 4 de estos premios. La película hasta ese día había recaudado en los cines de Estados Unidos la irrisoria cifra de casi 16 millones de dólares. Cabía esperar que el espaldarazo de los premios la aupara a lo más alto de la taquilla. No ha sido así. En estos instantes, dos semanas después, lucha por llegar a los 20 millones de dólares de recaudación. La paradoja es que Baker reivindicó el cine en salas, y en realidad sus ganancias se confían sin ninguna duda al streaming. Tampoco le ha ido mejor a The Brutalist, con 3 Oscar, uno el de mejor actor, antes de los Oscar tampoco había llegado a los 16 millones en taquilla, y ahora apenas ha rebasado esa cantidad, apenas un cuarto de millón de ingresos le han supuesto los premios. Y en fin, no hablemos de Emilia Pérez, por la que Netflix no apostó demasiado en salas, y a la que la polémica no ha ayudado demasiado en el resto del mundo, sólo Francia puede presumir de haber conseguido 8 millones en taquilla, que para eso dirige Jacques Audiard, y el chauvinismo, on sait... Estos tres títulos, sin entrar a analizar sus cualidades artísticas, no dejan de ser cine de autor, y no el popular que siempre se ha asociado a los Oscar. Para premiar el cine de autor, solían estar los festivales, pero los tiempos cambian y se vuelven locos.

La sensación es que Hollywood no escarmienta. Sus películas adultas son para minorías exquisitas y modernas, o sea, casi nadie. Y las de gran público insisten en el cine familiar con cintas animadas que son secuelas, Del revés 2, Vaiana 2, o en los superhéroes, con escasos gramos de imaginación y capaz de hacer soñar al espectador y despertar sus ganas de ir al cine, no, no pasarán a la historia del Séptimo Arte. Si a eso se suman las salas de estar donde el cine en casa se disfruta con bastante buena calidad y las plataformas de streaming, tenemos la tormenta perfecta para desincentivar al espectador de ir al cine. Curiosamente, las excepciones de taquilla de 2024 son un musical que se ha partido en dos, Wicked, gran éxito en su país de origen, y Dune, parte dos, recompensadas con premios menores.

A veces uno tiene la sensación de los estudios adoptan estrategias suicidas, como el mal trato a Jurado Nº2 y Clint Eastwood, castigada al rincón en Estados Unidos. Warner hace cosas raras como arriesgar cientos de millones en la bizarra Mickey 17 del coreano Bong Joon-ho, que ha tardado 5 años en gestarse, para convertirse en una máquina de perder dinero. Deja escapar a Christopher Nolan, y en Universal felices. Con los emblemáticos Looney Tunes archiva su película de El Coyote –ya hizo algo semejante con su Batgirl– y estrena de tapadillo El día que la Tierra explotó; vamos, que se tiran por el precipicio al más puro estilo del personaje del cartoon.

¿No se pueden hacer películas “normales”? Ya sé que lo de “normal” en un mundo woke que nos vende que seamos lo que queramos ser, no se lleva. ¿O sí se lleva? Porque estos días, con la trágica muerte de Gene Hackman y su esposa Betty, no se ha dejado de hablar del actor y su estupenda filmografía, y si nos fijamos, tiene en su haber muchos de esos títulos que yo llamo “normales” y que son muy queridos de los espectadores. No me refiero pues a los filmes hiperpremiados, a veces obras maestras incontestables, sino a Bajo el fuego, Agente doble en Berlín, Hoosiers: más que ídolos, No hay salida, Testigo accidental, Acción judicial, La tapadera, Wyatt Earp, Cómo conquistar Hollywood, Rápida y mortal, Al cruzar el límite... Muchos pagaríamos porque Hollywood produjera películas como ésas. De hecho, este año había algunas como Septiembre 5, descuidada, Aún estoy aquí, Oscar a la mejor película internacional, y A Complete Unknown, que ha atraído a los espectadores. Esas películas, debidamente promocionadas, me parece que tienen potencial. El biopic de Dylan premiado habría arrastrado en masa al público, a diferencia de Anora.

Pero no, ahí tenemos a Disney haciendo Mufasa y revisitando los cuentos de actores con actores o fotorrealismo, y a veces armándose un lío, Blancanieves morena y lideresa, dando marcha atrás y sin frenos con su deriva wokista tan criticada, soplan nuevos aires en los Estados Unidos de Trump, y si toca eliminar a un personaje trans de una serie animada de Disney+, En la victoria o en la derrota, pues se hace.

No sé si la cosa tiene remedio, si se han juntado el hambre con las ganas de comer en lo relativo a desafección del público por las salas, no ven nada que les atraiga, y unas “majors” que no saben por dónde tirar, si por puro espectáculo, cine familiar o... una historia clásica escrita hace miles de años. Sí, al final la odisea del cine podría tener happy end si tras La Odisea de Nolan otros se ponen a hacer historias confiando en la inteligencia del público, buscando agradarle con algo en lo que se cree, y no vendiendo burras que no interesan a (casi) nadie.

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