Parece que en las salas de cine españolas, en lo que llevamos de año, se ha producido un repunte de asistencia de cerca del 40%, lo nunca visto. El efecto Torrente pesa lo suyo, no vamos a negarlo, pero más allá de la oportunidad política, detecto otro elemento más persistente que puede que al final sea el que saque al sector de la exhibición del hoyo.
Lo tengo más que claro. Más allá de polémicas sobre ocultar rasgos turbios, Michael ha arrasado en taquilla, entre los nostálgicos que han vuelto a hacer “moonwalking” o a mover el esqueleto al ritmo de “Billie Jean”, y las nuevas generaciones que han descubierto a Michael Jackson; en Estados Unidos hasta ha habido espectadores que han acudido ¡disfrazados! para ver la peli. Este “efecto nostalgia” ya quedó al descubierto con Super Mario Bros: La película y ahora su secuela Super Mario Galaxy: La película, entre los jugones de antaño, y sus hijos, no importa tanto que la trama no sea súper elaborada, con una animación simpática y muchos elementos del videjuego original, el éxito está asegurado. Y ya en mi anterior post mencionaba que hay ganas de Narnia.
Y lo mismo ocurre con las secuelas tardías, El diablo viste de Prada 2 llega dos décadas después del film original, y triunfa sin discusión, apetece ver a las chicas del original en nuevas situaciones, y los trapitos y el glamour siguen interesando, aunque ya quede poco papel couché en esta era digital. Abrió camino en esta línea Top Gun: Maverick, la película que salvó a las salas de cine en tiempos de pandemia –la del covid, crucemos los dedos con el hantavirus, que vista la gestión de las autoridades despierta, no nostalgia, sino el miedo de hace seis años–, y donde Tom Cruise lucía más o menos jovencito con 40 años más a sus espaldas.
No me extenderé mucho, pues ya hablé de ello, pero la misión Artemis II y Proyecto Salvación han funcionado muy bien por la nostalgia de los viajes espaciales y la conquista de la Luna, ay, aquellos tiempos en que la guerra fría quedaba rebajada por una hazaña que unía a toda la humanidad. Y en fin, Nolan es mucho Nolan, pero La Odisea, que previsiblemente copará la taquilla cuando se estrene, habla de la nostalgia del hogar, añoramos nuestra casa, el lugar donde convivimos con nuestros seres queridos y reponemos fuerzas. Y también Steven Spielberg recupera los extraterrestres, mi caaaasa, años después de Encuentros en la tercera fase y E.T., con El día de la revelación. Por otra parte, Star Wars, con 50 años casi, también toca la fibra sensible, y si encima tenemos a Baby Yoda en Star Wars: The Mandalorian and Grogu, pues nos ponemos tiernecitos.
¿Qué nos deparará La muerte de Robin Hood? Abordar al arquero de Sherwood ya talludito ha funcionado antes, aunque anunciar su óbito puede espantar o... intrigar, pero es que además Hugh Jackman es capaz de atraer a las ovejas, o eso intenta esta fin de semana en Las ovejas detectives, así que hemos de darle un voto de confianza.
No quiero acumular ejemplos, pero es sintomático también el reestreno de películas que pueden atraer a los que vivieron su lanzamiento y quieren compartirlas con sus hijos, se ha visto con Tiburón, Regreso al futuro, y hasta con 2001, una odisea del espacio. Hay un recuerdo impreso de disfrute que despierta con estas propuestas. Sí, añoramos algo mejor que películas prefabricadas como churros industriales, o feísmos de muy diverso torpe que atraen a almas enfermas.
