Las comparaciones son odiosas, pero lo cierto es que año tras año los Goya se proponen emular a los Oscar, incluidos unos ornamentales “cabezones”
Las comparaciones son odiosas, pero lo cierto es que año tras año los Goya se proponen emular a los Oscar, incluidos unos ornamentales “cabezones” gigantes, y enciman cuando se les dice esto a los cineastas hispanos lo niegan, se trata de un complejo de celuloide que merecería ser psicoanalizado... Pero en fin, yo lo que voy a hacer es comparar, gala de los Oscar versus gala de los Goya, y que el lector decida cuál le parece mejor. Agradeceré jugosos comentarios, después de ver el revuelo que ha levantado mi anterior post “tortillero”, espero que también aquí haya valiosas aportaciones.
1) La gala 83 de los Oscar duró aproximadamente 3 horas, 45 minutos, 15 minutos más de lo previsto. Se cumplió el “timing” casi siempre, lo que ayudó a que el sucederse de presentadores y premios fuera ágil. La gala 25 de los Goya duró 4 horas, o sea, 1 hora más de lo anunciado, se hizo pesadita. Hay más control en la duración de los discursos de agradecimiento en los Oscar que en los Goya.
2) La de los Oscar es una gala pensada para todos los públicos. Ha habido cierto escándalo porque Melissa Leo pronunció la palabra prohibida “fuck” al agradecer el Oscar, el uso de palabras malsonantes y escenas que pueden herir la sensibilidad del espectador es inusual. Aunque había compitiendo películas con escenas fuertes como Cisne negro y Los chicos están bien, no formaron tales escenas parte del programa, en todo caso se hace alguna broma picantilla. En los Goya no hay límite a las palabras malsonantes; se hicieron bromas animando a los actores infantiles de Pan negro a taparse los oídos en algún momento, pero la verdad, fueron más aquellos en que no hubo tales indicaciones. No había cortapisas para mostrar escenas de desnudos en los clips de las películas, como era el caso de la muy subida de tono Habitación en Roma.
3) Los Oscar son autosuficientes. La retransmisión de la gala no sólo es rentable con sus anuncios y la venta de derechos televisivos a todo el mundo, sino que sirve para que la Academia de Cine de Hollywood se autofinancie en sus múltiples actividades. Los Goya se pagan con los impuestos de todos los españoles. Su última edición ha contado con el patrocinio de Loterías del Estado y Televisión Española. No hay anuncios que financien la gala, y por supuesto no hay derechos televisivos que generen dinero del exterior. Aunque los miembros deben pagar sus cuotas, la Academia de Cine Español vive a cuenta del erario público, con subvenciones y un palacete cedido por el Estado.
4) Como ya es tradicional, desde la era de Billy Crystal, hubo unos sketches en que los presentadores se introducían dentro de algunas de las películas nominadas al Oscar. En tales sketches James Franco y Anne Hathaway estuvieron razonablemente divertidos, sobre todo cuando andaban en las películas Origen y, sobre todo, Cisne negro. El montaje equivalente en los Goya, que pretendía homenajear algunos títulos ganadores del premio gordo en los últimos 25 años, era bastante menos ingenioso.
Los Oscar bromearon con gracia presentando películas como las sagas Harry Potter y Crepúsculo como si fueran musicales; algo equivalente hicieron los Goya cambiando de género a las candidatas a mejor película, pero excepto alguna gracia aislada como aquello de “El señor de los panecillos negros”, no hay color (o sólo el negro).
5) 2011 ha sido para los Oscar el año de las redes sociales, ya que no de La red social. La Academia hizo un gran despliegue, sobre todo en Twitter, que se ha revelado ideal para retransmisiones en director. Ello incluía, además de los posts oficiales, la idea de que las madres de los nominados contaran sus impresiones. Incluso el presentador James Franco grababa vídeos entre bastidores y los colgaba en internet. A su lado palidece el adicto tuitero Álex de la Iglesia, que publicó algún tweet suelto en la gala de los Goya; la Academia poca cosa hizo en la red, y su página, aunque ha ido mejorando, aún le queda recorrido.
6) Si se trata de hablar de presentadores, hay que conceder que Andreu Buenafuente es mejor que la pareja Anne Hathaway-James Franco que, eso sí, tenía a su favor su rabiosa juventud. Pero bastaron dos minutos de Billy Crystal en el escenario para que la balanza presentadora se incline a favor de los Oscar, fue impagable su gag de que iba a anunciar el Oscar a la mejor película aunque no tocara porque iban con retraso. Mucho mejor su recuerdo a Bob Hope, que el de Buenafuente a Carmen Machi y compañía. En general, demuestran más tablas en los Oscar, en lo que se refiere a los presentadores de premios concretos, pues van al grano, o hacen la gracia justa.
7) A la hora de comparar gente mayor que sale a la palestra, me quedo con Kirk Douglas, inconmensurable al presentar el Oscar a la mejor actriz secundaria, que con el soporífero Mario Camus en su Goya a toda su carrera. Aunque en favor de los Goya diremos que al menos dejaron hablar al premiado (demasiado, eso sí), pues en los premios equivalentes a Eli Wallach y Francis Ford Coppola no se les ha dejado decir ni mu, casi ni les hemos visto en el escenario.
8) Fueron elegantes e ingeniosos los panegíricos sobre los nominados al Oscar a mejor actriz y actor realizados respectivamente por Jeff Bridges y Sandra Bullock. Los Goya utilizaron una fórmula distinta en que cuatro actores y cuatro actrices cantaban las excelencias de las cuatro nominadas y los cuatro nominados, y al ser ocho discursos distintos, el conjunto quedaba muy descompensado.
