Quentin Tarantino. La novela gráfica (Christina Dumalasova, Katerina Horakova y Michael Purmensky, Blume, 112 págs)
Desde que estrenara en 1992 Reservoir Dogs, bien podemos decir de Quentin Tarantino que “es leyenda”, guionista y director de cine de culto, que produce entre sus seguidores auténtica fascinación. Y se entiende, porque es un personaje con rasgos novelescos y bastante friki, hecho a sí mismo como cineasta, a partir de las muchas horas pasadas en la sala oscura de cine, o visionando cintas de vídeo y aconsejando a los clientes de un videoclub. Gran parte de sus andanzas las ha explicado él mismo en su libro “Meditaciones de cine” donde casi inmediatamente asoma el cinéfilo convertido en cineasta, enamorado de las películas, que “mama” casi desde que era un bebé.
El éxito del formato de la novela gráfica para abordar la vida de importantes cineastas –véanse los casos de George Lucas con dos volúmenes, “Las guerras de Lucas” y “Las guerras de Lucas. Episodio II”, del dúo Laurent Hopman y Renaud Roche, y el de Sergio Leone con la obra de Noël Simsolo y Philan–, han propiciado que Quentin Tarantino se convierta en protagonista de las viñetas de tres artistas checos, Christina Dumalasova y Katerina Horakova se han ocupado del texto, y Michael Purmensky de las imágenes.
El cómic sale airoso del reto de ofrecer una semblanza de Quentin Tarantino y su obra cinematográfica, aporta los datos imprescindibles de un modo didáctico, y se permite pequeñas bromas, como la aparición en algunas viñetas de las guionistas Dumalasova y Horakova preguntándose cómo continuar, o las dobles páginas del diván de Quinty, para él las películas y sus personajes mayoritariamente masculinos son auténtica “cineterapia” donde le guían curiosos principios como los de “Solo se vive una vez: diviértete”, “Es mejor acertar a la primera” y “No dejes propina solo porque te lo dicen”.
Está claro que una obra como ésta se concibe desde la admiración, pero los autores no dejan de criticar, con suavidad, sus juegos de equilibrista para lidiar con el movimiento #MeToo y el escándalo Harvey Weinstein, o el modo destemplado con que prescindió de su manager Cathryn James después de que el éxito le sonriera definitivamente con Pulp Fiction.
Lógicamente se da cuenta del ambiente marginal en que se crió, sin padre, incluso viendo películas poco convenientes para su edad, de los actores a los que rescató del olvido, John Travolta, o de los que puso en primera línea, la actriz Pam Grier con Jackie Brown, procedente del “blaxploitation”, y que nunca antes había tenido un papel protagonista.
La obra puede trasladar una sensación de incompleta o fragmentada, no da tiempo a detenerse mucho en la concepción de cada película, y los dibujos de Quentin niño parecen el retrato de un monstruito, pero no deja de ser un acercamiento entretenido al cineasta, y como mínimo ayuda a refrescar la memoria acerca de su trayectoria vital. Puede faltar un punto de emoción, por ejemplo es bastante más emotiva la historia de amor de Lucas y Marcia en los álbumes citados, que las campanas de boda de Quentin con la muy desconocida Daniella Pick, situación que no cambiará mucho por las páginas que le dedica esta novela gráfica, con un final que juega a profetizar qué película podría estrenar el cineasta en 2050.
