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Biografía

Sergio Leone

Sergio Leone

60 años ()

Sergio Leone

Nació el 03 de Enero de 1929 en Roma, Italia
Falleció el 30 de Abril de 1989 en Roma, Italia

Érase una vez un cineasta

21 Febrero 2012

Aunque su filmografía es bastante breve, renovó por completo el western y desarrolló una estética y un estilo inconfundible que se puso de moda. Sergio Leone tuvo tiempo también para evolucionar desde sus imprescindibles espectáculos deudores del cómic hacia una segunda etapa más madura.

Érase una vez un futuro cineasta que nació en Roma un 3 de enero de 1929. De casta le viene al galgo su interés por el cinematógrafo, ya que era hijo de Vincenzo Leone, actor y director de cine, hasta que en 1943 el mismísimo Benito Mussolini le pidió una opinión sobre un guión que había escrito, y él decidió ser sincero, por lo que no volvieron a darle trabajo en ninguna película. Su madre, Edvige Balcarenghi, había sido actriz del cine mudo hasta que se casó. "Nací casi en el cine. Mis padres trabajaban allí. Mi vida, mis lecturas, todo a mi alrededor gira en torno al cine. Así que para mí el cine es la vida, y viceversa", recuerda el realizador.

Decidido a retomar la profesión de sus progenitores, entra en la industria muy joven, y aunque su padre, ya septuagenario, ni le aconsejaba, ni le ayudaba demasiado, sí que le proporcionó buenos contactos. A los 20 se convierte en asistente de dirección de Vittorio de Sica en la mítica Ladrón de bicicletas, donde también interpretó un pequeño papel. "Yo estaba por allí todo el tiempo, intentando hacerme tan útil como podía. Llevaba mensajes y hacía encargos, preparaba el café..., básicamente todo lo que el 'signor' director me pedía que hiciera", recordaba Leone.

Corrían los años en los que los estudios Cinecittà de la capital italiana estaban en alza, por el gran número de producciones de Hollywood que se rodaban allí, y al chico no le faltó trabajo, como ayudante de dirección de grandes compatriotas suyos, como Mario Camerini o Alessandro Blasetti. Aunque no dominaba el inglés, también fue ayudante de directores extranjeros, en concreto de Fred Zinnemann, en Historia de una monja, Mervyn Le Roy en Quo Vadis? y Robert Wise en Helena de Troya. Wise quedó tan admirado del talento del joven italiano que le propuso que estudiara inglés y siguiera siendo su ayudante en posteriores trabajos en Hollywood. No obstante decidió continuar en su ciudad natal, donde se acumulaban los proyectos. Con el tiempo, además de seguir como ayudante, también se convirtió en director de la segunda unidad en diversos rodajes, por ejemplo con William Wyler, en Ben-Hur (1959), film para el que rodó, con Andrew Marton y Yakima Canutt, la celebérrima carrera de cuádrigas.

En 1960, Leone se casó con Carla, que iba a ser su compañera durante el resto de su vida. El matrimonio tendría con el tiempo tres hijos. En aquel momento, Italia producía a mansalva peplums, casi siempre aventuras de musculosos héroes griegos o romanos que combatían criaturas mitológicas. Leone se prodigó en el género como guionista, coescribiendo Bajo el signo de Roma y Rómulo y Remo.

Cuando el realizador Mario Bonnard se puso enfermo antes de concluir el rodaje en España de Los últimos días de Pompeya, la productora puso como director a Leone, si bien no apareció en los títulos de crédito. Tuvo tanto éxito que los mismos productores le contrataron para rodar un film muy similar, El coloso de Rodas, oficialmente su ópera prima. A continuación se encargó de la segunda unidad de Sodoma y Gomorra, rodada en Italia por Robert Aldrich, pero el film fue un gran fracaso, y el peplum dejaba de ser rentable, por lo que se empezaron a buscar alternativas.

Leone encontró el camino cuando acudió a una sala de cine a ver Yojimbo, de Akira Kurosawa, con Toshiro Mifune como samurái que presta sus servicios a dos grupos de delincuentes distintos, para conseguir que se enfrenten entre ellos. Leone pensó que si Hollywood había reconvertido un film de Kurosawa, Los siete samuráis, en el western Los siete magníficos, él podría realizar una maniobra similar con este otro título, y rodar en España, que ofrecía facilidades y técnicos formados en las películas de Samuel Bronston. Él mismo escribió el guión con Duccio Tessari, trasladando la acción a San Miguel, un pueblo de la frontera de Estados Unidos con México. Se olvidó del pequeño 'problemilla' de adquirir los derechos del original...

Después de que Henry Fonda y Charles Bronson rechazaran interpretar al protagonista, Leone vio un episodio de la serie Látigo, protagonizada un tal Clint Eastwood que le fascinó por su mirada vacía, que le hacía parecer imperturbable ante lo que ocurría a su alrededor. Eastwood no estaba teniendo mucho éxito y aceptó el trabajo por un puñado muy reducido de billetes, 15 mil dólares. Pensaba que la cinta no tendría ninguna repercusión en su carrera, pues las producciones europeas no se estrenan en Estados Unidos, pero se lo tomó como unas vacaciones pagadas en la soleada España.

El rodaje de Por un puñado de dólares, en Hoyo de Manzanares y Almería, no fue del todo idílico, pues hubo problemas económicos y Eastwood apenas podía hablar con Leone, que seguía sin saber nada de inglés, salvo cuando se prestaba a ejercer de traductor el coordinador de especialistas. También hubo alguna alegría, sobre todo cuando la productora le anunció a Leone que tenía en nómina a un joven compositor al que convenía entrevistar para ver si podía encargarse de la banda sonora. Aunque quería a otro músico, Leone aceptó encontrarse con el tal Ennio Morricone, al que pensaba que no había visto en su vida. Pero Morricone sí parecía conocerle a él.

"Me anunció que habíamos ido a la escuela juntos. Pensé que estaba bromeando, que era una especie de chiste. En absoluto. Me mostró una fotografía de la clase y tuve que admitir que ambos estábamos en ella. Fue un buen toque, ¡pero no lo suficiente para que lo empleara! No nos habíamos vuelto a ver desde que teníamos ocho o diez años. Hacía veinticinco años", comenta Leone. Aunque no iba a contratarle sólo por ser un antiguo conocido, en cuanto escuchó sus composiciones se dio cuenta de que era su hombre. Leone buscaba un sonido similar al del "degüello", el tema fúnebre mexicano con trompetas de Río Bravo, y Morricone era ideal para ese trabajo.

Tras finalizar el rodaje, Kurosawa interpuso una demanda por plagio, que retrasó el estreno fuera de Italia, hasta que se llegó a un acuerdo económico. Aunque Eastwood había regresado a Hollywood pensando que no volvería a oír hablar de Leone, un día ojeaba Variety y descubrió que la cinta estaba arrasando en Italia y que los críticos se deshacían en elogios hacia su trabajo como actor.

Leone había reformado por completo el western clásico americano, con su ritmo dinámico, su estética sucia, sus elementos humorísticos, etc. Puso de moda el spaghetti western, sobreexplotado en los años subsiguientes. Y aún así, el desgraciado Leone no ganó ni un puñado de liras, pues por los problemas económicos y la denuncia de Kurosawa, había renunciado a todo su sueldo, excepto los derechos de explotación en México. Pero allí fue un fracaso porque todos los mexicanos que aparecían en pantalla eran villanos.

Pronto puso en marcha la secuela, Per qualche dollaro in più (por unos dólares más), traducida en España como La muerte tenía un precio, que contó con el doble de presupuesto, así que Leone podía contratar a otro actor americano más, Lee Van Cleef, para que de cara a la taquilla el film diera el pego, como si procediera de Hollywood. Eastwood volvió a enfundarse el poncho e interpreta básicamente al mismo personaje, que esta vez rivaliza con otro duro cazador de recompensas (Van Cleef), por la captura de "Indio", un peligroso forajido. Mejor rodada y con una historia más compleja que su predecesora, La muerte tenía un precio provocó que se formaran grandes colas en los cines de todo el mundo.

Tras vender los derechos del film para Estados Unidos a unos ejecutivos de United Artist, éstos le preguntaron a Leone cuál era su próximo proyecto y cuánto necesitaba para rodarlo. El cineasta improvisó sobre la marcha: iba a ser la historia de tres tipos en busca de un tesoro, y lo rodaría por un millón de dólares; para su sorpresa, le respondieron que se la financiarían. Nació así El bueno, el feo y el malo, la más cara de la Trilogía del Dólar, de nuevo con Eastwood y Van Cleef, y con un tercer americano, Eli Wallach, como Tuco, "El Feo", un personaje bastante humorístico. Arrasó nuevamente, a pesar de que por su extensa duración se podían hacer menos pases en los cines.

Aunque por entonces Leone ya estaba cansado de los pistoleros y quería cambiar de género, Paramount le ofreció un presupuesto astronómico por otro western. Aunque Leone tenía la vista en una cinta de mafiosos en Nueva York durante la época de la ley seca, que adaptara el libro "The Hoods" (Los maleantes), de Harry Grey, aceptó volver al Oeste. Nació así Hasta que llegó su hora (traducción que tiene poco que ver con el "Érase una vez en el Oeste" original) que sería un trabajo muy distinto a los anteriores, más maduro y reflexivo y menos paródico. El realizador encargó el guión a Dario Argento y Bernardo Bertolucci, dos amiguetes con los que compartía la pasión por los clásicos del género, aunque la escritura final corrió a cargo de Sergio Donati. Esta vez, Leone le da un papel amplio a una mujer, Claudia Cardinale, lo que resulta insólito pues en los filmes que había hecho con Eastwood sólo aparecen de forma episódica. Henry Fonda, Charles Bronson y Jason Robards encarnan a los principales protagonistas masculinos.

Aunque Paramount, que conocía su intención de abordar el tema de la mafia, le ofreció rodar El padrino antes que a Francis Ford Coppola, acababa de tener lugar el Mayo del 68, y Leone se apuntó a una producción que iba a ser un western político que reflexionara sobre los acontecimientos recientes, pero a través de la Revolución Mexicana. Se titularía Agáchate, maldito (aunque pretendía que fuera "Érase una vez en México") y Leone sólo quería producir, mientras que designó como director a Giancarlo Santi, que había sido su ayudante de dirección en sus dos anteriores rodajes. Pero James Coburn y Rod Steiger rehusaron ser dirigidos por Santi, porque habían firmado creyendo que al frente iba a estar Leone. Éste les aseguró que Santi iba a estar asesorado por él, pero Steiger fue tajante: "¿Y si yo envío mañana a alguien en mi lugar? ¡Yo le explicaré todo lo que tiene que hacer!". El italiano no tuvo más remedio que ceder.

Concluido este rodaje como realizador no previsto, Leone se había hecho por fin, tras largas negociaciones, con los derechos del mencionado libro "The Hood", y se lanzó a la adaptación, aunque tardó casi diez años en finalizar el trabajo. "Cuando rodaba, sentía todas las emociones que sentiría normalmente una persona (risas, lágrimas, miedo), sólo que en una forma más intensificada. Y echó a faltar mucho todo esto durante esa década. Mucho", recuerda Carla Leone, su esposa. Y cuando finalmente consiguió poner en marcha su gran proyecto, metió en él todo lo que había echado en falta en esos años. Se preguntó justo antes de rodar: ¿Cuántos años he pasado no trabajando en este film?".

Érase una vez en América sigue los pasos durante años de dos chicos de los suburbios, Noodles (al que encarna de adulto Robert De Niro) y Max (que iba a ser James Woods), de origen hebreo, que forman una banda de gangsters que prospera durante la prohibición. En Europa el montaje final alcanzaba los 229 minutos, por lo que en la mayoría de países, entre ellos España, se exhibió como si fueran dos entregas, pese a que ésa no fue nunca la intención de Leone. Resulta imprescindible hablar del trabajo de su compositor habitual, Morricone, más inspirado que nunca. También llamaba la atención la interpretación de capo de Joe Pesci, uno de los grandes habituales del género. "¡Eh, aquí están los cuatro Jinetes del Apocalipsis!", decía cuando le presentaban a los protagonistas. Más pausada y reflexiva que su cine anterior, es una obra completamente distinta, con grandes momentos, como cuando muestra la miseria en la que vive el chico que se dispone a recibir los servicios de una prostituta a cambio de un pastel, pero mientras espera no puede evitar comérselo...

A finales de los 80, Leone puso en marcha la preproducción de Leningrad: The 900 Days, una ambiciosa reconstrucción del asedio de Leningrado, a través de la historia de un periodista americano (iba a ser Robert De Niro), que se enamoraba de una soviética durante la invasión nazi. Pero el cineasta estaba enfermo, y los médicos le habían diagnosticado problemas del corazón. A finales del 88, le visitó su viejo compañero Clint Eastwood. El realizador no mencionó ni una sola vez sus problemas de salud, pero no engañó al actor, que echó de menos sus ácidos comentarios de cuando apenas se entendían, por problemas con el idioma. "Nos llevamos mejor que todas las veces que habíamos trabajado juntos", recuerda Eastwood, que se dio cuenta de que su maestro -a él y a Donald Siegel les dedicó Sin perdón- le había llamado para despedirse de él.

Antes de que iniciara el rodaje previsto, Sergio Leone sufrió un infarto que dio al traste con su vida, el 30 de abril de 1989, en su casa de Roma.

Filmografía
Younger y Younger

1993 | Younger & Younger

Jonathan Younger (Donald Sutherland) y Penelope (Lolita Davidovich), su mujer, regentan un negocio de almacenaje de muebles en Los Angeles. Numerosos y variopintos personajes tienen allí su rincón, donden conservan sus objetos más preciados o se encierran, sencillamente, en busca de la paz necesaria para escribir una novela. Penelope es la que verdaderamente saca el trabajo adelante, con asombrosa meticulosidad. Su marido, un viejo calavera siempre en busca de mujeres, cree que lo fundamental es lo que llama ‘relaciones humanas’ con el cliente. Un día Penelope muere de un ataque al corazón, mientras Jonathan se encuentra con compañía femenina. Es el momento, piensa, de que su hijo Winston (Brendan Fraser) dirija el negocio, mientras él sigue ‘viviendo’. Pero comienzan los problemas económicos. A la vez, Jonathan tiene visiones de su mujer, en las que recupera poco a poco su belleza, conquistándole de nuevo. El alemán Percy Adlon –director de Bagdad Café– ha escrito junto a su hijo Felix un excéntrico drama coral, con toques de comedia y hasta de musical, en el que todos lo personajes son contemplados con una suerte de afecto, aun en medio de sus debilidades. La afición por las mujeres de Jonathan –tratada con más elegancia de lo que cabría esperar– es equiparada a los frecuentes apareamientos de los conejos que cría un personaje. Y es simbolizada de un modo obvio en su obsesión por un antiguo órgano de los que se tocaban durante la proyección de películas mudas. La muerte de Penelope y sus sucesivas apariciones no hacen cambiar demasiado a Jonathan –sigue siendo gandul y mujeriego– pero le hacen redescubrir el amor que una vez sintió por ella. De hecho, se apunta una redención del personaje a través de ese amor. La película tiene más de un punto de contacto con el cine de Wim Wenders, por su brillante puesta en escena y sus intenciones narrativas moralizantes, a veces difíciles de interpretar. Chirrían un poco el número musical –demasiado largo, como mínimo– y unas breves y acarameladas imágenes celestiales. Destaca, en cambio, la banda sonora del Hans Zimmer.

4/10
Érase una vez en América

1984 | Once Upon A Time In America

Un tipo dormita en un fumadero de opio mientras suena un teléfono. Parece acabado, desesperado. El timbre no deja de sonar, y entre el persistente sonido y su estado letárgico, despiertan los recuerdos de cómo se convirtió en un gángster, que ahora anda metido en problemas hasta el cuello. Sergio Leone juega con las idas hacia atrás y hacia adelante en el tiempo (como hizo Coppola en El padrino II) para dar, con tono desmesurado y complejo, su particular visión del mundo gansteril.

8/10
El genio

1975 | Un genio, due compari, un pollo

Tres ladrones quieren robar una caja fuerte para darsela a una tribu india, pero el plan no sale como ellos creían y tendrán  que afrontar ciertas dificultades y sorpresas. Spaghetti western con buenas dosis de humor y un espléndido reparto internacional. Aunque no deja mucho posos, desde luego el guión resulta siempre entretenido.

5/10
Mi nombre es ninguno

1973 | Il Mio nome è Nessuno

Vuelta de tuerca al spaghetti western en una subdivisión de este subgénero que parodiaba todos los tópicos y reglas de éste. En realidad una mera excusa para alargar la vida del oeste a la italiana, ya bastante en decadencia. Ambientada inteligentemente en la decadencia del oeste americano –en 1899– el joven Ninguno recibe la misión de asesinar a un legendario pistolero llamado Jack Beauregard, que lo único que quiere es retirarse. Sin embargo, más que matarle lo que hace Ninguno es admirar a Jack y organizarle un duelo donde ha de enfrentarse a 150 pistoleros. Aunque la dirección recae en Tonino Valerii siempre se comentó que la mano de su productor, Sergio Leone, era bastante alargada. Algo que se demuestra tanto en el resultado final –a medio camino entre la burla y la nostalgia– como en la sobresaliente banda sonora de Ennio Morricone. Parte de la película fue rodada en España.

7/10
Agáchate, maldito

1971 | Giù la testa

Una de las películas más desconocidas de su director, el maestro Sergio Leone, creador de obras maestras del llamado 'spaghetti western' como La muerte tenía un precio o Hasta que llegó su hora, por nombrar sólo dos. Aquí la historia se encuadra en la revolución mexicana, con unos personajes variopintos, entre ellos un bandido mexicano y un dinamitero irlandés que ha huido de la ley. La película deja ver algunas escenas del mejor Leone, si bien es cierto que parece que nunca se estrenó la versión original, debido a mutilaciones puramente comerciales. Entre los protagonistas, dos espléndidos Rod Steiger (La ley del silencio) y James Coburn (Los siete magníficos).

6/10
Hasta que llegó su hora

1968 | C'era una volta il West

Después de su trilogía del Oeste compuesta por Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, Sergio Leone empezaba a estar un pelín cansado de que le etiquetaran como el rey del spaghetti-western. Pero no tuvo más remedio que volver a los caminos polvorientos y al entrañable Monument Valley donde John Ford enmarcara muchos de sus memorables filmes. El resultado fue una impactante película, Hasta que llegó su hora. Durante mucho tiempo, Leone fue considerado como un director efectista y menor. Pero el éxito de Sin perdón de Clint Eastwood, que éste dedicó al italiano y a Don Siegel, ayudó a cambiar esta percepción. En efecto, Leone demuestra ser un excelente creador de atmósferas, con un espléndido uso de los sonidos naturales, y de la música de Ennio Morricone. Ejemplar a tal respecto es la secuencia de apertura, en que tres matones aguardan en una estación desierta la llegada de un hombre. Por otro lado, Leone utiliza el formato panorámico como nadie, tanto para generosos planos generales, como para primerísimos planos donde la fuerza de los rostros, que parecen tallados en roca, es muy poderosa. El film narra la llegada de una joven (guapísima Claudia Cardinale) al rancho de su futuro marido, viudo con tres hijos. Pero los encuentra muertos. Un asesino brutal (increíble Henry Fonda, en un cambio de registro notable), conchabado con los constructores del ferrocarril, los ha matado para quedarse con sus tierras, un erial revalorizado por el próximo paso cercano del “caballo de hierro”. Por distintas razones, dos tipos ayudan a la desconsolada viuda, que quería al fin sentar la cabeza y dejar su disipada vida de prostituta: Cheyenne (el sólido Jason Robards, que había destacado como Doc Hollyday en La hora de las pistolas) y Armónica (Charles Bronson, mejor que nunca como misterioso personaje que toca la armónica, y que nadie sabe lo que quiere). En la escritura del guión se produjo una asociación insólita: Dario Argento, Bernardo Bertolucci, y el propio Leone. El director explicaba así su elección de Fonda como el asesino: “El espectador ha de quedar impresionado al instante por el enorme contraste entre su implacable personaje y su rostro, el de un actor que durante muchos años ha simbolizado la justicia y la bondad”.

8/10
El bueno, el feo y el malo

1966 | Il buono, il brutto, il cattivo

La trama de El bueno, el feo y el malo tiene lugar durante la Guerra de Secesión. Tres truhanes buscan un tesoro oculto. Ninguno puede localizarlo sin los otros, pues cada uno tiene parte de la información de su paradero. Tuco y “El Rubio” son dos truhanes con cierto sentido moral, mientras que “Sentencia” es un malvado que no duda en matar para conseguir sus objetivos. Con El bueno, el feo y el malo, el film de mayor presupuesto, Sergio Leone concluyó la legendaria trilogía de spaguetti-western rodada en Almería con Clint Eastwood como protagonista.

7/10
La muerte tenía un precio

1965 | Per qualche dollari in piu

El spaguetti western por antonomasia, servido por el chef Sergio Leone. Se busca a “El Indio”. Y pagan buenos dólares por su cabeza. Así que Clint Eastwood y Lee Van Cleef, rivales inicialmente, unen fuerzas para hacerse con su hombre y su botín. Leone reinventó el western al hacer de él un tebeo de viñetas barrocas y efectistas. La música inconfudible de Morricone, y el laconismo hicieron el resto. Estás advertido, forastero.

8/10
Por un puñado de dólares

1964 | Per un pugno di dollari

Un pistolero llega a un pueblo fronterizo entre Estados Unidos y México, que se disputan dos clanes rivales, los Rojo y los Baxter. Él va ofreciendo sus ‘servicios’ a unos y otros, a cambio del puñado de dólares del título. Frío e implacable, aficionado a las respuestas cínicas –“Nos divertiremos… mientras estemos vivos”, anuncia a unos compañeros de juerga–, demostrará tener corazón cuando echa una mano para lograr la reunificación de una familia. Y de un modo quizá no muy ortodoxo, logrará limpiar el lugar de indeseables. El primero de los tres filmes rodados por Sergio Leone con Clint Eastwood en Almería (los otros son La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo) es un remake de Yojimbo, el memorable título de Akira Kurosawa (no fue el único trasladado al lejano Oeste, ocurrió lo mismo antes con Los siete samuráis, que John Sturges convirtió en Los siete magníficos). Eastwood da el tipo perfecto de mercenario lacónico, mal afeitado y fumador de puros, con su característico poncho, y que donde pone el ojo pone la bala. Por un puñado de dólares y otros westerns de Leone pasaron a denominarse, de modo algo despectivo "spaguetti-western", y sólo el paso del tiempo puso las cosas en su sitio, con el reconocimiento del trabajo del cineasta, quien aportó nuevas cosas al género. Más allá del tono exagerado, con decenas de muertos, destaca el gran uso del formato 'scope', con un extremado gusto en la composición de los planos, incluido el primer plano. Al tono operístico de las secuencias –magníficas la del canje de prisioneros, y el enfrentamiento final– ayuda la inolvidable partitura del maestro Ennio Morricone.

7/10
El coloso de Rodas

1961 | Il colosso di Rodi

El tiránico rey de Rodas oprime a su pueblo y esclaviza a sus rivales. Su hombre de confianza llega a un trato con los fenicios para hacerse con el poder en Rodas y dominar el Mediterráneo. Para controlar el puerto de Rodas, el dictador ordena la construcción de un gigantesco Coloso de bronce que servirá como fortaleza y prisión. Sergio Leone es el más brillante realizador de spaguetti-westerns. En esta ocasión sale airoso de un peplum que narra la construcción del mítico Coloso de Rodas.

5/10
Los últimos días de Pompeya

1959 | Gli Ultimi Giorni di Pompei

Glauco, un centurión romano, regresa a su casa en Pompeya y la encuentra incendiada. Un por entonces desconocido Sergio Leone (El bueno, el feo y el malo) codirige esta coproducción europea que adapta la obra de Bulwer-Lytton, sobre el final de la mítica ciudad.

4/10
Bajo el signo de Roma

1959 | Nel segno di Roma

  Roma, 272 d.C. El emperador Aureliano quiere conquistar el reino de Palmira, gobernado por la hermosa e inteligente Zenobia. Decide mandar como embajador al cónsul Marco Valerio, que intentará que Zenobia se convierta en esposa del emperador, por lo que su territorio pasaría a ser provincia romana. Coproducción hispano-italiana, de nulo rigor histórico, y con una ambientación barata.  

4/10
Érase una vez en América

1984 | Once Upon A Time In America

Un tipo dormita en un fumadero de opio mientras suena un teléfono. Parece acabado, desesperado. El timbre no deja de sonar, y entre el persistente sonido y su estado letárgico, despiertan los recuerdos de cómo se convirtió en un gángster, que ahora anda metido en problemas hasta el cuello. Sergio Leone juega con las idas hacia atrás y hacia adelante en el tiempo (como hizo Coppola en El padrino II) para dar, con tono desmesurado y complejo, su particular visión del mundo gansteril.

8/10
Agáchate, maldito

1971 | Giù la testa

Una de las películas más desconocidas de su director, el maestro Sergio Leone, creador de obras maestras del llamado 'spaghetti western' como La muerte tenía un precio o Hasta que llegó su hora, por nombrar sólo dos. Aquí la historia se encuadra en la revolución mexicana, con unos personajes variopintos, entre ellos un bandido mexicano y un dinamitero irlandés que ha huido de la ley. La película deja ver algunas escenas del mejor Leone, si bien es cierto que parece que nunca se estrenó la versión original, debido a mutilaciones puramente comerciales. Entre los protagonistas, dos espléndidos Rod Steiger (La ley del silencio) y James Coburn (Los siete magníficos).

6/10
Hasta que llegó su hora

1968 | C'era una volta il West

Después de su trilogía del Oeste compuesta por Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, Sergio Leone empezaba a estar un pelín cansado de que le etiquetaran como el rey del spaghetti-western. Pero no tuvo más remedio que volver a los caminos polvorientos y al entrañable Monument Valley donde John Ford enmarcara muchos de sus memorables filmes. El resultado fue una impactante película, Hasta que llegó su hora. Durante mucho tiempo, Leone fue considerado como un director efectista y menor. Pero el éxito de Sin perdón de Clint Eastwood, que éste dedicó al italiano y a Don Siegel, ayudó a cambiar esta percepción. En efecto, Leone demuestra ser un excelente creador de atmósferas, con un espléndido uso de los sonidos naturales, y de la música de Ennio Morricone. Ejemplar a tal respecto es la secuencia de apertura, en que tres matones aguardan en una estación desierta la llegada de un hombre. Por otro lado, Leone utiliza el formato panorámico como nadie, tanto para generosos planos generales, como para primerísimos planos donde la fuerza de los rostros, que parecen tallados en roca, es muy poderosa. El film narra la llegada de una joven (guapísima Claudia Cardinale) al rancho de su futuro marido, viudo con tres hijos. Pero los encuentra muertos. Un asesino brutal (increíble Henry Fonda, en un cambio de registro notable), conchabado con los constructores del ferrocarril, los ha matado para quedarse con sus tierras, un erial revalorizado por el próximo paso cercano del “caballo de hierro”. Por distintas razones, dos tipos ayudan a la desconsolada viuda, que quería al fin sentar la cabeza y dejar su disipada vida de prostituta: Cheyenne (el sólido Jason Robards, que había destacado como Doc Hollyday en La hora de las pistolas) y Armónica (Charles Bronson, mejor que nunca como misterioso personaje que toca la armónica, y que nadie sabe lo que quiere). En la escritura del guión se produjo una asociación insólita: Dario Argento, Bernardo Bertolucci, y el propio Leone. El director explicaba así su elección de Fonda como el asesino: “El espectador ha de quedar impresionado al instante por el enorme contraste entre su implacable personaje y su rostro, el de un actor que durante muchos años ha simbolizado la justicia y la bondad”.

8/10
El bueno, el feo y el malo

1966 | Il buono, il brutto, il cattivo

La trama de El bueno, el feo y el malo tiene lugar durante la Guerra de Secesión. Tres truhanes buscan un tesoro oculto. Ninguno puede localizarlo sin los otros, pues cada uno tiene parte de la información de su paradero. Tuco y “El Rubio” son dos truhanes con cierto sentido moral, mientras que “Sentencia” es un malvado que no duda en matar para conseguir sus objetivos. Con El bueno, el feo y el malo, el film de mayor presupuesto, Sergio Leone concluyó la legendaria trilogía de spaguetti-western rodada en Almería con Clint Eastwood como protagonista.

7/10
La muerte tenía un precio

1965 | Per qualche dollari in piu

El spaguetti western por antonomasia, servido por el chef Sergio Leone. Se busca a “El Indio”. Y pagan buenos dólares por su cabeza. Así que Clint Eastwood y Lee Van Cleef, rivales inicialmente, unen fuerzas para hacerse con su hombre y su botín. Leone reinventó el western al hacer de él un tebeo de viñetas barrocas y efectistas. La música inconfudible de Morricone, y el laconismo hicieron el resto. Estás advertido, forastero.

8/10
Por un puñado de dólares

1964 | Per un pugno di dollari

Un pistolero llega a un pueblo fronterizo entre Estados Unidos y México, que se disputan dos clanes rivales, los Rojo y los Baxter. Él va ofreciendo sus ‘servicios’ a unos y otros, a cambio del puñado de dólares del título. Frío e implacable, aficionado a las respuestas cínicas –“Nos divertiremos… mientras estemos vivos”, anuncia a unos compañeros de juerga–, demostrará tener corazón cuando echa una mano para lograr la reunificación de una familia. Y de un modo quizá no muy ortodoxo, logrará limpiar el lugar de indeseables. El primero de los tres filmes rodados por Sergio Leone con Clint Eastwood en Almería (los otros son La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo) es un remake de Yojimbo, el memorable título de Akira Kurosawa (no fue el único trasladado al lejano Oeste, ocurrió lo mismo antes con Los siete samuráis, que John Sturges convirtió en Los siete magníficos). Eastwood da el tipo perfecto de mercenario lacónico, mal afeitado y fumador de puros, con su característico poncho, y que donde pone el ojo pone la bala. Por un puñado de dólares y otros westerns de Leone pasaron a denominarse, de modo algo despectivo "spaguetti-western", y sólo el paso del tiempo puso las cosas en su sitio, con el reconocimiento del trabajo del cineasta, quien aportó nuevas cosas al género. Más allá del tono exagerado, con decenas de muertos, destaca el gran uso del formato 'scope', con un extremado gusto en la composición de los planos, incluido el primer plano. Al tono operístico de las secuencias –magníficas la del canje de prisioneros, y el enfrentamiento final– ayuda la inolvidable partitura del maestro Ennio Morricone.

7/10
Sodoma y Gomorra

1961 | Sodom And Gomorrah

Lot llega al frente del pueblo de Israel hasta Sodoma, ciudad gobernada por la reina Bara. Tras llegar a un acuerdo los israelitas se instalan en el lugar. Sin embargo, los recién llegados terminan corrompiéndose al estar rodeados de lujuria. Una serie de intrigas palaciegas intentan acabar con Lot. Dos de los mejores realizadores de aquel momento, el norteamericano Robert Aldrich (Doce del patíbulo) y el italiano Sergio Leone (El bueno, el feo y el malo), se unieron para rodar esta épica superproducción de tema bíblico, con un lujoso reparto que encabeza Stewart Granger (El prisionero de Zenda). La partitura musical es la obra maestra de Miklós Rózsa (Ben-Hur).

5/10
El coloso de Rodas

1961 | Il colosso di Rodi

El tiránico rey de Rodas oprime a su pueblo y esclaviza a sus rivales. Su hombre de confianza llega a un trato con los fenicios para hacerse con el poder en Rodas y dominar el Mediterráneo. Para controlar el puerto de Rodas, el dictador ordena la construcción de un gigantesco Coloso de bronce que servirá como fortaleza y prisión. Sergio Leone es el más brillante realizador de spaguetti-westerns. En esta ocasión sale airoso de un peplum que narra la construcción del mítico Coloso de Rodas.

5/10
Los últimos días de Pompeya

1959 | Gli Ultimi Giorni di Pompei

Glauco, un centurión romano, regresa a su casa en Pompeya y la encuentra incendiada. Un por entonces desconocido Sergio Leone (El bueno, el feo y el malo) codirige esta coproducción europea que adapta la obra de Bulwer-Lytton, sobre el final de la mítica ciudad.

4/10
Agáchate, maldito

1971 | Giù la testa

Una de las películas más desconocidas de su director, el maestro Sergio Leone, creador de obras maestras del llamado 'spaghetti western' como La muerte tenía un precio o Hasta que llegó su hora, por nombrar sólo dos. Aquí la historia se encuadra en la revolución mexicana, con unos personajes variopintos, entre ellos un bandido mexicano y un dinamitero irlandés que ha huido de la ley. La película deja ver algunas escenas del mejor Leone, si bien es cierto que parece que nunca se estrenó la versión original, debido a mutilaciones puramente comerciales. Entre los protagonistas, dos espléndidos Rod Steiger (La ley del silencio) y James Coburn (Los siete magníficos).

6/10
Hasta que llegó su hora

1968 | C'era una volta il West

Después de su trilogía del Oeste compuesta por Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, Sergio Leone empezaba a estar un pelín cansado de que le etiquetaran como el rey del spaghetti-western. Pero no tuvo más remedio que volver a los caminos polvorientos y al entrañable Monument Valley donde John Ford enmarcara muchos de sus memorables filmes. El resultado fue una impactante película, Hasta que llegó su hora. Durante mucho tiempo, Leone fue considerado como un director efectista y menor. Pero el éxito de Sin perdón de Clint Eastwood, que éste dedicó al italiano y a Don Siegel, ayudó a cambiar esta percepción. En efecto, Leone demuestra ser un excelente creador de atmósferas, con un espléndido uso de los sonidos naturales, y de la música de Ennio Morricone. Ejemplar a tal respecto es la secuencia de apertura, en que tres matones aguardan en una estación desierta la llegada de un hombre. Por otro lado, Leone utiliza el formato panorámico como nadie, tanto para generosos planos generales, como para primerísimos planos donde la fuerza de los rostros, que parecen tallados en roca, es muy poderosa. El film narra la llegada de una joven (guapísima Claudia Cardinale) al rancho de su futuro marido, viudo con tres hijos. Pero los encuentra muertos. Un asesino brutal (increíble Henry Fonda, en un cambio de registro notable), conchabado con los constructores del ferrocarril, los ha matado para quedarse con sus tierras, un erial revalorizado por el próximo paso cercano del “caballo de hierro”. Por distintas razones, dos tipos ayudan a la desconsolada viuda, que quería al fin sentar la cabeza y dejar su disipada vida de prostituta: Cheyenne (el sólido Jason Robards, que había destacado como Doc Hollyday en La hora de las pistolas) y Armónica (Charles Bronson, mejor que nunca como misterioso personaje que toca la armónica, y que nadie sabe lo que quiere). En la escritura del guión se produjo una asociación insólita: Dario Argento, Bernardo Bertolucci, y el propio Leone. El director explicaba así su elección de Fonda como el asesino: “El espectador ha de quedar impresionado al instante por el enorme contraste entre su implacable personaje y su rostro, el de un actor que durante muchos años ha simbolizado la justicia y la bondad”.

8/10
El bueno, el feo y el malo

1966 | Il buono, il brutto, il cattivo

La trama de El bueno, el feo y el malo tiene lugar durante la Guerra de Secesión. Tres truhanes buscan un tesoro oculto. Ninguno puede localizarlo sin los otros, pues cada uno tiene parte de la información de su paradero. Tuco y “El Rubio” son dos truhanes con cierto sentido moral, mientras que “Sentencia” es un malvado que no duda en matar para conseguir sus objetivos. Con El bueno, el feo y el malo, el film de mayor presupuesto, Sergio Leone concluyó la legendaria trilogía de spaguetti-western rodada en Almería con Clint Eastwood como protagonista.

7/10

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