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Adolescencia, sexo y muerte en el campamento Miasma
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Adolescencia, sexo y muerte en el campamento Miasma

Teenage Sex and Death at Camp Miasma

Contenidos (de 0 a 4 ¿qué es esto?)
1
Acción
2
Amor
1
Lágrimas
2
Risas
2
Sexo
1
Violencia

Reparto

Sinopsis oficial

Tras años de secuelas cutres y un fandom en declive, la franquicia slasher "Campamento Miasma" es puesta en manos de una joven y entusiasta directora para que la resucite. Pero cuando visita a la estrella de la película original, una actriz que ahora vive recluida y envuelta en misterio, las dos caen en una espiral de sangre, deseo, miedo y delirio.

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Crítica Adolescencia, sexo y muerte en el campamento Miasma (2026)

Adolescencia, sexo y muerte en el campamento Miasma foto crítica.

El crepúsculo del terror

La directora autodeclarada no binaria Jane Schoenbrun ha llamado la atención de la parroquia gafapasta americana con “We're All Going to the World's Fair” y “El brillo de la televisión”. Aborda aquí una historia metacinematográfica que tiene como protagonista a un personaje que bien podría ser un trasunto suyo, la sensible cineasta independiente Kris, obsesionada con la representación de la homosexualidad en el cine. Tras llamar la atención de la crítica en Sundance con su ópera prima, recibe el encargo de resucitar “Campamento Miasma”, saga de terror que adora desde que, siendo niña, vio clandestinamente su primera entrega. La franquicia arrastra una merecida fama de sexista y tránsfoba, así que los nuevos productores confían en ella, por ser abiertamente lesbiana, para ponerla al día, limarle las aristas más problemáticas y convertirla en un producto comercial adaptado a los nuevos tiempos.

Para preparar el proyecto, Kris decide localizar a Billy Presley, la actriz que interpretó a la “Final Girl” de la primera película, es decir, la chica que conseguía sobrevivir a la carnicería perpetrada por el asesino de turno mientras el resto del reparto iba cayendo como moscas. Billy abandonó la saga después de aquella primera entrega y nunca participó en ninguna de sus numerosas secuelas. Con los años se convirtió en una figura prácticamente legendaria y terminó apartándose por completo del mundo del cine. Kris descubre que vive recluida en Camp Trivoli, el antiguo campamento donde se rodó la película original.

El resultado se puede calificar como una delirante mezcla entre Viernes 13 y El crepúsculo de los dioses, pasada por el filtro de una sensibilidad gay y por una batidora de referencias cinéfilas. Jane Schoenbrun acumula citas, homenajes y guiños al cine de terror de serie B con entusiasmo de cinéfila encerrada en un videoclub, pero a menudo da la impresión de estar colocando piezas de un gigantesco collage sin preocuparse demasiado por si terminan conformando un conjunto sólido. El mayor problema está en su guion. La película quiere hablar de demasiadas cosas y subrayarlas todas. La sexualidad, el trauma, la identidad, el género, la fascinación por el terror, la relación entre ficción y realidad, la apropiación de las películas que nos marcaron durante la adolescencia... Todo aparece explicado, sugerido, simbolizado y, en ocasiones, prácticamente anunciado con un cartel luminoso. La sutileza no parece haber recibido invitación al campamento. Alguna idea promete, pero resulta bastante desconcertante que a veces adopte el tono de una sátira disparatada de Hollywood, cuando en otras secuencias el film pretende ser trascendental.

También resulta discutible la construcción del misterio. La ambigüedad puede ser estimulante cuando obliga al espectador a completar los huecos. Aquí, en cambio, algunos de esos huecos parecen sencillamente agujeros de guion. La película plantea preguntas sobre qué es real, qué pertenece a la imaginación de Kris y qué está ocurriendo realmente en Camp Miasma, pero no siempre da la sensación de que exista una respuesta especialmente satisfactoria detrás del misterio. La indefinición acaba pareciendo, en algunos momentos, una manera elegante de evitar tener que resolver lo planteado.

En algunos tramos, parece querer provocar un debate intelectual para que los espectadores tengan una charla sesuda al terminar la proyección, pero durante el visionado la película no mantiene el mínimo nivel de interés. Algunas escenas parecen concebidas fundamentalmente para ser interpretadas después, como si la explicación de lo que acabamos de ver fuese más importante que la experiencia de verlo.

Por salvar algo, Hannah Einbinder y Gillian Anderson, consiguen mantener a flote buena parte del invento. La primera transmite adecuadamente la mezcla de fascinación, inseguridad y deseo de Kris, mientras que en la piel de Billy, la veterana actriz de Expediente X parece entusiasmada con la idea de emular a Gloria Swanson.

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